Capítulo 6 - El DIOS CREADOR Y SUS CRIATURAS

 

Gén 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra.

Según las escrituras, el primer rol que ejerció Dios fue el de Creador de los cielos y de la tierra. En su primer texto ella comienza con la siguiente frase: “en el principio creó Dios…” (Gén 1:1). En los textos siguientes aparecen varias veces frases como: “y dijo Dios sea…”, “y dijo Dios produzca…”, “y creó Dios…”. Todas estas fueron palabras que Dios usó para llevar a cabo su obra creadora.

También podemos observar que el Creador a cada una de sus criaturas les asignó atributos y funciones que deberían cumplir. Por ejemplo:

·         Los árboles tenían que dar fruto, y cada uno con su semilla dentro de él (Gén 1:11). Uno de las funciones que se les asignó fue el de producir alimento para los animales y los hombres (Gén 1:29-30).

·         Al crear las lumbreras, le asignó al sol la responsabilidad de iluminar el día, y a la luna de noche (Gén 1:16). De igual manera, el sol serviría como señal para dar a conocer los años y la luna los tiempos señalados, que son las fiestas (Gén 1:14, Sal 104:19)

·         A las bestias y a las aves les ordenó que se multiplicaran, pues de esa manera es como ellas darían sus frutos para honrar al Dios Creador y a los hombres (Gén 1:21-22).

·         Al hombre lo creó para ser en la tierra imagen y semejanza de su justicia y santidad. Por su sumisión y obediencia se haría merecedor de ser el mayordomo de la creación (Gén 1:27-28).

LOS ÁRBOLES HONRAN A SU HACEDOR MÁS QUE LOS HOMBRES

Señalamos anteriormente que el Dios Creador asignó a sus criaturas atributos, funciones y responsabilidades, y aquellas que las cumplen a cabalidad son las que honran a su hacedor. Por ejemplo, en el tercer día creó Dios distintas especies de árboles para que dieran semillas, frutos y aportaran otros beneficios a otras de sus criaturas. Después de transcurrir miles de años, estos aún siguen cumpliendo su propósito: los árboles hoy con su follaje dan sombra a los animales, florecen en su tiempo y hermosean el paisaje, oxigenan el ambiente, dan frutos para la alimentación de los hombres y animales, y sus partes también son usadas como medicina para diversas enfermedades (Eze 47:12).

De todas las criaturas creadas por Dios, los árboles son los que más usa para enseñar a su pueblo acerca de lo que deben hacer para agradarle. Por ejemplo, para estar entre los justos, hay que ser como los árboles plantados junto a las aguas, que representan la buena enseñanza (Sal 1:3, Jer 17:7-8). Lamentablemente, hoy mucho pueblo es como aquel árbol de higos que Jesucristo maldijo, porque no tenía frutos para alimentar y honrar al Hijo de Dios en un instante en que sintió hambre (Mat 21:18-19).

Si los árboles tuvieran alma, ellos irían a la cabeza de los que se salvan para recibir vida eterna, porque son criaturas que han sido fieles a los mandamientos que les ordenó su hacedor para que los cumplieran en el tiempo de su existencia. De ahí aquella gran verdad que no solo se aplica a los árboles, sino más bien fue dicha para enseñar a los hombres: « el árbol que no da fruto será cortado y echado en el fuego» (Mat 7:19-20).

EL SOL Y LA LUNA HONRAN A DIOS MÁS QUE LOS HOMBRES

En ese mismo orden de ideas, también podemos citar como ejemplo al sol y la luna. Ninguno de ellos se ha rebelado a la función que desde el principio le fue prescrita: el sol sigue enseñoreándose del día para proveer de luz y calor a la tierra (Gén 1:16), para que sea posible la vida, mientras que la luna sigue siendo la señora de las noches y, a través de sus distintas fases, marca el inicio y el fin de los meses. Cumpliendo, por tanto, su función de señalar los tiempos para cada una de las fiestas santas (Gén 1:14, Sal 104:19). Cabe destacar que la luna nueva señala una importante celebración mensual, y cuando está en su fase plena, señala un día que no se debe dejar de celebrar, porque así lo estableció el Dios de Israel (Sal 81:3). Además, Dios usa esta última fase para recordarle a su pueblo cómo deben resplandecer en la oscuridad, para que pongan en alto su nombre ante la humanidad (Mat 5:14-16).

Para terminar, hablemos un poco más del sol y de su obediencia. Este fue creado como un modelo de la gloria del Dios Padre y de su Hijo (Hch 26:13, Apo 1:16). Por eso el Dios Creador también la usa para referirse a sus santos, quienes deben resplandecer ante el mundo a través de la santidad que es consecuencia de la obediencia a su palabra (Dan 12:3, Mat 13:43), porque es necesario que su luz sea vista por los hombres (Mat 5:16). Pero la realidad es que la luz de la mayoría de nosotros es como la que irradian las luciérnagas, esto es, en mínima cantidad e intermitente.

LOS CERDOS AUNQUE INMUNDOS HONRAN MAS A DIOS QUE MUCHOS DE SU PUEBLO

Dios creó cada animal para dar a los hombres una enseñanza muy particular (Job 12:7-8). Entre ellos, los cerdos honran a Dios cada vez que les muestran a los hombres verdades que necesitan aprender a través de su conducta animal. Dios creó a unos animales limpios o puros y a otros inmundos, y los cerdos entran en esta última clasificación (Gén 7:8, Lev 11:7-8). Ahora bien, la enseñanza que dan los cerdos a los hombres, tiene que ver con cosas que ellos no deben hacer porque son abominables para su hacedor. Estos animales por su naturaleza aman la inmundicia o contaminación. Si usted baña a un cerdo, este no tardará mucho en volverse a ensuciar, porque ese es el ambiente donde ellos anhelan estar. De ahí el proverbio citado por el apóstol Pedro: como la puerca lavada que vuelve a revolcarse en el cieno (2Pe 2:22).

Dios creó al cerdo para enseñarle a su pueblo, que no quiere siervos conforme a la imagen y semejanza de este animal, porque el que a Dios perdona y limpia con la sangre de su Hijo, debe cuidarse para no volverse a revolcar en la misma pocilga de donde lo quiso sacar. El que retrocede después de recibir el mandamiento, es como el cerdo y el necio que repite su necedad (Prov 26:11). Por eso fue que Jesucristo le dijo a la mujer adúltera: vete y no peques más (Jua 8:10-11).

LAS GALLINAS CON SUS FRUTOS HONRAN A DIOS Y A LOS HOMBRES

Lo que el fruto es para el árbol, lo es también el huevo para la gallina. Dicho de otro modo, cada vez que una gallina pone un huevo está dando un fruto con el cual honra a Dios y a aquel que la alimenta. Para su mejor comprensión, les compartiré una experiencia personal: Una vez decidí criar dos gallinas y un gallo en el patio de mi casa, para que pudiéramos comer huevos frescos y criollos. Adquirimos las tres aves pequeñas en una finca cercana a nuestra ciudad, y las alimentamos por seis meses esperando sus frutos con paciencia. No obstante, siguieron transcurriendo los meses y las gallinas aún no nos honraban con los huevos.

Mi familia y yo salíamos temprano de la casa y regresábamos al finalizar la tarde, mas no sabíamos lo que hacían aquellas aves durante el día. Un fin de semana que nos quedamos en casa, me dediqué a observarlas, pues sospechaba que se estaban comiendo los huevos, y en efecto ocurrió así. Por esa razón, las sentencié que me las iba a comer, si no me honraban con sus huevos en las siguientes dos semanas. Pero eso no ocurrió, por ese motivo las matamos y usamos para nuestra alimentación. Como no quisieron honrarnos con sus huevos, nos honraron con su carne.

Esa experiencia me llevó a reflexionar, que así como decidí quitarle la vida a aquellas aves por no darme la honra que yo esperaba de ellas, Dios también podía hacer lo mismo conmigo, tal como lo hizo muchas veces en el pasado. Para citar un ejemplo, tenemos lo que ocurrió con el sacerdote Elí y toda su casa a quienes Dios desechó del sacerdocio por no darle la debida honra (1Sa 2:29-31).

FUIMOS CREADOS PARA HACER BUENAS OBRAS

Efe 2:10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,

Todo lo que Dios creó en el principio, lo hizo bueno (Gén 1:12), porque la frase « vio Dios que era bueno » se resaltó siempre en los atributos y funciones de la creación (Gén 1:18, Gén 1:21). De esa manera, el Dios Creador nos dio su ejemplo, de que fuimos creados a su semejanza para hacer también buenas obras (Deut 12:28, Efe 2:10, 3Jn 1:11). Dicho de otro modo, debemos imitar a Dios en toda ocasión (Efe 5:1). Aquel que hace lo malo se rebela al diseño y propósito de la creación, y se expone a la destrucción, porque así como el alfarero destruye la vasija que no le honra, también el Dios Creador hace uso de su potestad para destruir al hombre que no le sirve haciendo lo que es bueno y agradable a sus ojos (Deut 28:20, Amo 5:14). Para concluir, no está demás decir que solo honra al Creador aquel que procura hacer lo bueno, porque para eso fuimos creados (Efe 2:10, 2Ti 2:21).

LA CONFUSIÓN IMPIDE QUE  EL PUEBLO HONRE AL CREADOR

El pueblo llamado a hacer el bien, a menudo tiene una confusión con respecto a lo que es bueno. A veces los creyentes califican a algunos impíos como « buenas personas » ¿Será que el Creador pensará de la misma manera? Lo más seguro es que no. Dios solo tiene por bueno aquel que obra conforme a su voluntad y a la justicia que es conforme a su verdad (2Ti 3:16-17). Por ejemplo, quien perdona obra bien, mientras que quien guarda rencor, obra mal (Lev 19:18). Quien dice la verdad practica la justicia (Prov 12:17), pero el Creador considera como malvado al que miente (3Jn 1:11, Apo 21:8). La confusión ha llevado al pueblo a calificar como malo, lo que para Dios es bueno, y considerar como bueno lo que Dios reprueba en su palabra (Isa 5:20). Por ejemplo, las Escrituras de manera sistemática e insistente, afirma y confirma el mandamiento de celebrar las fiestas santas; es decir, celebrarlas es bueno. Sin embargo, hoy son pocos los que las celebran, y al que lo hace lo consideran un apóstata de la verdad, es decir, lo consideran malo.

LA REBELION DE LAS CRIATURAS DE DIOS

Lucifer fue la primera criatura en rebelarse contra Dios desde el principio de la creación. Este era un querubín hermoso, dotado por Dios de sabiduría y poder (Eze 28:14-17). Tras su rebelión, arrastró consigo a una multitud de ángeles que creyeron en su plan engañoso. A todos los que participaron en esa rebelión los conocemos hoy como Satanás y sus demonios. No obstante, Dios quiso darle una segunda oportunidad a su creación, por lo que decidió que la tierra fuera habitada por criaturas de otra naturaleza: los hombres, los animales y las plantas, esperando de ellos fidelidad y honra.

Cuando Dios creó a Adán y Eva, les dio un mandamiento para que le demostraran fidelidad. Sin embargo, tras su rebelión, la mayoría de sus descendientes repitieron el mismo error. Esta fue la razón por la que Dios Creador decidió destruir gran parte de su creación mediante el diluvio. Pero Dios preservó a Noé y a sus hijos, por ser una semilla pura y santa, para dar inicio a una nueva generación

De todas las criaturas que Dios hizo en la tierra desde el principio, el hombre es el único que se ha rebelado repetidamente al propósito de su creación, mientras que el resto de sus criaturas le obedecen y cumplen con todo lo que les prescribió. Así como el resto de las criaturas honran a su hacedor, Dios también espera que los hombres hagan lo propio, es decir, que sean imagen y semejanza de su santidad y gloria, mediante la plena obediencia a sus Escrituras,  que revela sus siervos y profetas (1Co 11:7, 1Pe 1:15-16). Lamentablemente, muy pocos han entendido esta verdad. Por eso, el Dios Eterno, aunque es tardo para la ira y grande en misericordia (Éxo 34:6), llega un momento en el cual se enoja con todas sus criaturas que se han rebelado al propósito de su diseño. Esta ira es aún mayor con su pueblo (Núm 11:1), pues a quien más se le da, más se le demanda (Eze 9:6, Luc 12:47-48). Es por eso que su pueblo siempre es el primero en sufrir las consecuencias de su ira (1Pe 4:17).

Dios no quiso crear al hombre como un robot que se programa para realizar tareas sin cansarse. Más bien, lo dotó de voluntad para que eligiera entre servirle de corazón o no hacerlo, entre la bendición y la maldición. Dios espera que el servicio, la obediencia, y la alabanza broten voluntariamente de corazones que aman y guardan fielmente su verdad. Virtud que tanto desprecian quienes no desean agradarle.

EL HOMBRE HA INTERVENIDO EN EL RESTO DE LAS CRIATURAS PARA QUE TAMBIÉN SE REBELEN A SU CREADOR

Hombres perversos y sin temor de Dios han intervenido negativamente en su creación, provocando que sus criaturas pierdan atributos o no cumplan las funciones que el Creador les asignó desde el principio para honrarlo. Algunos ejemplos de esta intervención son:

·         Ha modificado los frutos originales para que estos tengan propiedades distintas a las asignadas en el principio de la creación. Estos nuevos frutos, conocidos como transgénicos (OMG), cuentan con características distintas en cuanto al tamaño, color, sabor o en su estructura molecular (ADN). Algunos incluso carecen de semillas. Es importante tener en cuenta que ningún fruto transgénico forma parte de los alimentos que Dios creó, por lo que no deberían formar parte de la alimentación. Hay evidencias, que estos pueden causar cáncer y otras enfermedades degenerativas.

·         Ha venido incorporando al organismo de los hombres, plantas y animales, elementos tóxicos como: metales pesados, hidrocarburos, Bisfenol A, Ftalatos, Nitratos y nitritos y otros. A estos le llaman con nombres que enmascaran su letalidad: ejemplo de ellos son: aditivos químicos, conservantes, saborizantes, colorantes, edulcorantes, pesticidas, plaguicidas, fertilizantes y otros.

·         A través de procedimientos de hibridación se han modificado frutos que ahora tienen una estructura molecular distinta, la cual nuestro cuerpo reconoce como un alimento extraño. Estos frutos pueden causar reacciones alérgicas y enfermedades autoinmunes. Un ejemplo de fruto híbrido es el trigo, con el cual se elabora la pasta y el pan.

·         A través de las técnicas de ingeniería genética, hombres sin entendimiento están creando especies de animales y plantas de una naturaleza distinta a las que el Creador hizo en el principio (Híbridos). Es necesario señalar que toda especie distinta es considerada una aberración por el Dios Creador.

CONSECUENCIAS POR LA INTERVENCION DEL HOMBRE EN LA CREACIÓN

La intervención del hombre sobre el mismo hombre, sobre los animales, las plantas, y la tierra, está generando especies híbridas, transgénicas y extrañas que no formaron parte de la creación original. Nuestro cuerpo fue diseñado para alimentarse con especies de alimentos puros, creados por Dios para tal fin. Por lo tanto, quien ingiere plantas o animales contaminados o modificados por el hombre corre el riesgo de introducir en su organismo elementos ajenos que tarde o temprano desencadenan enfermedades degenerativas, autoinmunes y cáncer.

Cabe mencionar que el hombre también ha intentado intervenir en la función del sol. Científicos de la ciencia babilónica llamada geoingeniería, y carentes de entendimiento, han diseñado un proyecto para arrojar químicos al cielo y formar una barrera contra los rayos solares. Estos hombres, cuyas mentes están confundidas, asumen que el sol es el culpable del calentamiento global.

CÓMO HONRAR AL DIOS CREADOR

            Dios enseña en su palabra diversas formas cómo sus criaturas deben honrarle; veamos algunas de ellas:

·         No se debe uno quejar por la forma en que el Hacedor lo creó. No está bien que la vasija de barro le reclame al alfarero por qué le dio determinado color o forma. Así también, Dios es Soberano, y todo lo hace conforme a su voluntad, sin consultar a nadie (Isa 45:9, Rom 9:20-21). Los ancianos de hoy se avergüenzan de sus canas, siendo que Dios se las dio como señal de que merecen ser honrados por los más jóvenes (Lev 19:32).

·         Se debe dar gracias al Dios Creador por el resto de su creación, cada vez que se sea beneficiado por una de sus criaturas. Por ejemplo, quien come debe dar gracias por las frutas, hierbas, semillas, animales y otros alimentos que forman parte de su creación. Así también, quien bebe agua debe dar gracias al Creador por ese beneficio.

·         No se debe murmurar ni maldecir la creación de Dios por alguno de sus atributos. Quien habla mal del sabor de una fruta, no maldice la fruta, sino a quien la creó. Quien maldice el ajenjo por su amargura, está maldiciendo a su creador y no a la hierba misma. Es necesario respetar los atributos que el Dios Soberano le dio a cada criatura.

·         No se debe dañar ni contaminar la creación por ningún motivo. Quien contamina la tierra, el agua o el aire, sin darse cuenta, está destruyendo la obra de Dios, por lo tanto, Él no lo dejará sin castigo.

·         No se debe profanar ni contaminar el cuerpo, porque Dios lo creó para ser santo. Todo aquel que se contamina, se irrespeta a sí mismo y se rebela contra el diseño original de la creación. Por esa razón, tarde o temprano la enfermedad lo afectará. Tampoco se debe contaminar el cuerpo de familiares y hermanos. ¿Por qué destruir lo que Dios creó para su honra y gloria?

·         En todo tiempo adora y bendice al Creador; humíllate delante de Él para hacer su voluntad y guardar sus mandamientos todos los días.

·         Se deben examinar las obras de Dios y exaltar al Creador todos los días por su poder y sabiduría. No hay otro dios en los cielos ni en la tierra que pueda hacer las mismas maravillas que hace el Dios de Israel.

·         Debemos recordar siempre la enseñanza que el Creador nos da a través de los árboles. Procuremos hacer el bien, porque cada buena acción será vista por Dios como un hermoso fruto en nuestro árbol personal.


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