Gén 1:1 En el
principio creó Dios los cielos y la tierra.
Según las escrituras, el primer rol que ejerció
Dios fue el de Creador de los cielos y de la tierra. En su primer texto ella
comienza con la siguiente frase: “en el principio creó Dios…” (Gén 1:1). En los
textos siguientes aparecen varias veces frases como: “y dijo Dios sea…”, “y
dijo Dios produzca…”, “y creó Dios…”. Todas estas fueron palabras que Dios usó
para llevar a cabo su obra creadora.
También podemos observar que el
Creador a cada una de sus criaturas les asignó atributos y funciones que deberían
cumplir. Por ejemplo:
·
Los
árboles tenían que dar fruto, y cada uno con su semilla dentro de él (Gén
1:11). Uno de las funciones que se les asignó fue el de producir alimento para
los animales y los hombres (Gén 1:29-30).
·
Al
crear las lumbreras, le asignó al sol la responsabilidad de iluminar el día, y
a la luna de noche (Gén 1:16). De igual manera, el sol serviría como señal para
dar a conocer los años y la luna los tiempos señalados, que son las fiestas
(Gén 1:14, Sal 104:19)
·
A
las bestias y a las aves les ordenó que se multiplicaran, pues de esa manera es
como ellas darían sus frutos para honrar al Dios Creador y a los hombres (Gén
1:21-22).
·
Al
hombre lo creó para ser en la tierra imagen y semejanza de su justicia y santidad.
Por su sumisión y obediencia se haría merecedor de ser el mayordomo de la
creación (Gén 1:27-28).
LOS ÁRBOLES HONRAN
A SU HACEDOR MÁS QUE LOS HOMBRES
Señalamos anteriormente que el Dios
Creador asignó a sus criaturas atributos, funciones y responsabilidades, y
aquellas que las cumplen a cabalidad son las que honran a su hacedor. Por
ejemplo, en el tercer día creó Dios distintas especies de árboles para que
dieran semillas, frutos y aportaran otros beneficios a otras de sus criaturas.
Después de transcurrir miles de años, estos aún siguen cumpliendo su propósito:
los árboles hoy con su follaje dan sombra a los animales, florecen en su tiempo
y hermosean el paisaje, oxigenan el ambiente, dan frutos para la alimentación
de los hombres y animales, y sus partes también son usadas como medicina para
diversas enfermedades (Eze 47:12).
De todas las criaturas creadas por Dios,
los árboles son los que más usa para enseñar a su pueblo acerca de lo que deben
hacer para agradarle. Por ejemplo, para estar entre los justos, hay que ser
como los árboles plantados junto a las aguas, que representan la buena enseñanza
(Sal 1:3, Jer 17:7-8). Lamentablemente, hoy mucho pueblo es como aquel árbol de
higos que Jesucristo maldijo, porque no tenía frutos para alimentar y honrar al
Hijo de Dios en un instante en que sintió hambre (Mat 21:18-19).
Si los árboles tuvieran alma, ellos
irían a la cabeza de los que se salvan para recibir vida eterna, porque son
criaturas que han sido fieles a los mandamientos que les ordenó su hacedor para
que los cumplieran en el tiempo de su existencia. De ahí aquella gran verdad
que no solo se aplica a los árboles, sino más bien fue dicha para enseñar a los
hombres: « el árbol que no da fruto será cortado y echado en el fuego» (Mat
7:19-20).
EL
SOL Y LA LUNA HONRAN A DIOS MÁS QUE LOS HOMBRES
En ese mismo orden de ideas,
también podemos citar como ejemplo al sol y la luna. Ninguno de ellos se ha
rebelado a la función que desde el principio le fue prescrita: el sol sigue
enseñoreándose del día para proveer de luz y calor a la tierra (Gén 1:16), para
que sea posible la vida, mientras que la luna sigue siendo la señora de las
noches y, a través de sus distintas fases, marca el inicio y el fin de los
meses. Cumpliendo, por tanto, su función de señalar los tiempos para cada una
de las fiestas santas (Gén 1:14, Sal 104:19). Cabe destacar que la luna nueva
señala una importante celebración mensual, y cuando está en su fase plena,
señala un día que no se debe dejar de celebrar, porque así lo estableció el
Dios de Israel (Sal 81:3). Además, Dios usa esta última fase para recordarle a
su pueblo cómo deben resplandecer en la oscuridad, para que pongan en alto su
nombre ante la humanidad (Mat 5:14-16).
Para terminar, hablemos un poco más
del sol y de su obediencia. Este fue creado como un modelo de la gloria del
Dios Padre y de su Hijo (Hch 26:13, Apo 1:16). Por eso el Dios Creador también la
usa para referirse a sus santos, quienes deben resplandecer ante el mundo a
través de la santidad que es consecuencia de la obediencia a su palabra (Dan
12:3, Mat 13:43), porque es necesario que su luz sea vista por los hombres (Mat
5:16). Pero la realidad es que la luz de la mayoría de nosotros es como la que
irradian las luciérnagas, esto es, en mínima cantidad e intermitente.
LOS
CERDOS AUNQUE INMUNDOS HONRAN MAS A DIOS QUE MUCHOS DE SU PUEBLO
Dios creó cada animal para dar a los
hombres una enseñanza muy particular (Job 12:7-8). Entre ellos, los cerdos
honran a Dios cada vez que les muestran a los hombres verdades que necesitan
aprender a través de su conducta animal. Dios creó a unos animales limpios o
puros y a otros inmundos, y los cerdos entran en esta última clasificación (Gén
7:8, Lev 11:7-8). Ahora bien, la enseñanza que dan los cerdos a los hombres,
tiene que ver con cosas que ellos no deben hacer porque son abominables para su
hacedor. Estos animales por su naturaleza aman la inmundicia o contaminación.
Si usted baña a un cerdo, este no tardará mucho en volverse a ensuciar, porque
ese es el ambiente donde ellos anhelan estar. De ahí el proverbio citado por el
apóstol Pedro: como la puerca lavada que vuelve a revolcarse en el cieno (2Pe
2:22).
Dios creó al cerdo para enseñarle a
su pueblo, que no quiere siervos conforme a la imagen y semejanza de este
animal, porque el que a Dios perdona y limpia con la sangre de su Hijo, debe
cuidarse para no volverse a revolcar en la misma pocilga de donde lo quiso
sacar. El que retrocede después de recibir el mandamiento, es como el cerdo y
el necio que repite su necedad (Prov 26:11). Por eso fue que Jesucristo le dijo
a la mujer adúltera: vete y no peques más (Jua 8:10-11).
LAS
GALLINAS CON SUS FRUTOS HONRAN A DIOS Y A LOS HOMBRES
Lo que el fruto es para el árbol,
lo es también el huevo para la gallina. Dicho de otro modo, cada vez que una
gallina pone un huevo está dando un fruto con el cual honra a Dios y a aquel
que la alimenta. Para su mejor comprensión, les compartiré una experiencia
personal: Una vez decidí criar dos gallinas y un gallo en el patio de mi casa,
para que pudiéramos comer huevos frescos y criollos. Adquirimos las tres aves
pequeñas en una finca cercana a nuestra ciudad, y las alimentamos por seis
meses esperando sus frutos con paciencia. No obstante, siguieron transcurriendo
los meses y las gallinas aún no nos honraban con los huevos.
Mi familia y yo salíamos temprano
de la casa y regresábamos al finalizar la tarde, mas no sabíamos lo que hacían aquellas
aves durante el día. Un fin de semana que nos quedamos en casa, me dediqué a
observarlas, pues sospechaba que se estaban comiendo los huevos, y en efecto
ocurrió así. Por esa razón, las sentencié que me las iba a comer, si no me honraban
con sus huevos en las siguientes dos semanas. Pero eso no ocurrió, por ese
motivo las matamos y usamos para nuestra alimentación. Como no quisieron
honrarnos con sus huevos, nos honraron con su carne.
Esa experiencia me llevó a reflexionar,
que así como decidí quitarle la vida a aquellas aves por no darme la honra que
yo esperaba de ellas, Dios también podía hacer lo mismo conmigo, tal como lo
hizo muchas veces en el pasado. Para citar un ejemplo, tenemos lo que ocurrió con
el sacerdote Elí y toda su casa a quienes Dios desechó del sacerdocio por no
darle la debida honra (1Sa 2:29-31).
FUIMOS CREADOS
PARA HACER BUENAS OBRAS
Efe 2:10 Porque
somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
Todo lo que Dios creó en el principio,
lo hizo bueno (Gén 1:12), porque la frase « vio Dios que era bueno » se resaltó
siempre en los atributos y funciones de la creación (Gén 1:18, Gén 1:21). De
esa manera, el Dios Creador nos dio su ejemplo, de que fuimos creados a su semejanza
para hacer también buenas obras (Deut 12:28, Efe 2:10, 3Jn 1:11). Dicho de otro
modo, debemos imitar a Dios en toda ocasión (Efe 5:1). Aquel que hace lo malo
se rebela al diseño y propósito de la creación, y se expone a la destrucción,
porque así como el alfarero destruye la vasija que no le honra, también el Dios
Creador hace uso de su potestad para destruir al hombre que no le sirve
haciendo lo que es bueno y agradable a sus ojos (Deut 28:20, Amo 5:14). Para
concluir, no está demás decir que solo honra al Creador aquel que procura hacer
lo bueno, porque para eso fuimos creados (Efe 2:10, 2Ti 2:21).
LA
CONFUSIÓN IMPIDE QUE EL PUEBLO HONRE AL
CREADOR
El pueblo llamado a hacer el bien, a
menudo tiene una confusión con respecto a lo que es bueno. A veces los creyentes
califican a algunos impíos como « buenas personas » ¿Será que el Creador pensará
de la misma manera? Lo más seguro es que no. Dios solo tiene por bueno aquel
que obra conforme a su voluntad y a la justicia que es conforme a su verdad
(2Ti 3:16-17). Por ejemplo, quien perdona obra bien, mientras que quien guarda
rencor, obra mal (Lev 19:18). Quien dice la verdad practica la justicia (Prov
12:17), pero el Creador considera como malvado al que miente (3Jn 1:11, Apo
21:8). La confusión ha llevado al pueblo a calificar como malo, lo que para
Dios es bueno, y considerar como bueno lo que Dios reprueba en su palabra (Isa
5:20). Por ejemplo, las Escrituras de manera sistemática e insistente, afirma y
confirma el mandamiento de celebrar las fiestas santas; es decir, celebrarlas
es bueno. Sin embargo, hoy son pocos los que las celebran, y al que lo hace lo consideran
un apóstata de la verdad, es decir, lo consideran malo.
LA REBELION DE LAS
CRIATURAS DE DIOS
Lucifer fue la primera criatura en
rebelarse contra Dios desde el principio de la creación. Este era un querubín
hermoso, dotado por Dios de sabiduría y poder (Eze 28:14-17). Tras su rebelión,
arrastró consigo a una multitud de ángeles que creyeron en su plan engañoso. A
todos los que participaron en esa rebelión los conocemos hoy como Satanás y sus
demonios. No obstante, Dios quiso darle una segunda oportunidad a su creación,
por lo que decidió que la tierra fuera habitada por criaturas de otra
naturaleza: los hombres, los animales y las plantas, esperando de ellos
fidelidad y honra.
Cuando Dios creó a Adán y Eva, les
dio un mandamiento para que le demostraran fidelidad. Sin embargo, tras su
rebelión, la mayoría de sus descendientes repitieron el mismo error. Esta fue
la razón por la que Dios Creador
decidió destruir gran parte de su creación mediante el diluvio. Pero Dios
preservó a Noé y a sus hijos, por ser una semilla pura y santa, para dar inicio
a una nueva generación
De todas las criaturas que Dios hizo
en la tierra desde el principio, el hombre es el único que se ha rebelado
repetidamente al propósito de su creación, mientras que el resto de sus
criaturas le obedecen y cumplen con todo lo que les prescribió. Así como el
resto de las criaturas honran a su hacedor, Dios también espera que los hombres
hagan lo propio, es decir, que sean imagen y semejanza de su santidad y gloria,
mediante la plena obediencia a sus Escrituras, que revela sus siervos y profetas (1Co 11:7,
1Pe 1:15-16). Lamentablemente, muy pocos han entendido esta verdad. Por eso, el
Dios Eterno, aunque es tardo para la ira y grande en misericordia (Éxo 34:6),
llega un momento en el cual se enoja con todas sus criaturas que se han
rebelado al propósito de su diseño. Esta ira es aún mayor con su pueblo (Núm
11:1), pues a quien más se le da, más se le demanda (Eze 9:6, Luc 12:47-48). Es
por eso que su pueblo siempre es el primero en sufrir las consecuencias de su
ira (1Pe 4:17).
Dios no quiso crear al hombre como
un robot que se programa para realizar tareas sin cansarse. Más bien, lo dotó
de voluntad para que eligiera entre servirle de corazón o no hacerlo, entre la
bendición y la maldición. Dios espera que el servicio, la obediencia, y la
alabanza broten voluntariamente de corazones que aman y guardan fielmente su verdad.
Virtud que tanto desprecian quienes no desean agradarle.
EL HOMBRE HA
INTERVENIDO EN EL RESTO DE LAS CRIATURAS PARA QUE TAMBIÉN SE REBELEN A SU
CREADOR
Hombres perversos y sin temor de
Dios han intervenido negativamente en su creación, provocando que sus criaturas
pierdan atributos o no cumplan las funciones que el Creador les asignó desde el
principio para honrarlo. Algunos ejemplos de esta intervención son:
·
Ha
modificado los frutos originales para que estos tengan propiedades distintas a
las asignadas en el principio de la creación. Estos nuevos frutos, conocidos como
transgénicos (OMG), cuentan con características distintas en cuanto al tamaño,
color, sabor o en su estructura molecular (ADN). Algunos incluso carecen de semillas.
Es importante tener en cuenta que ningún fruto transgénico forma parte de los
alimentos que Dios creó, por lo que no deberían formar parte de la alimentación.
Hay evidencias, que estos pueden causar cáncer y otras enfermedades
degenerativas.
·
Ha
venido incorporando al organismo de los hombres, plantas y animales, elementos
tóxicos como: metales pesados, hidrocarburos, Bisfenol A, Ftalatos, Nitratos y
nitritos y otros. A estos le llaman con nombres que enmascaran su letalidad:
ejemplo de ellos son: aditivos químicos, conservantes, saborizantes,
colorantes, edulcorantes, pesticidas, plaguicidas, fertilizantes y otros.
·
A
través de procedimientos de hibridación se han modificado frutos que ahora
tienen una estructura molecular distinta, la cual nuestro cuerpo reconoce como
un alimento extraño. Estos frutos pueden causar reacciones alérgicas y
enfermedades autoinmunes. Un ejemplo de fruto híbrido es el trigo, con el cual
se elabora la pasta y el pan.
·
A
través de las técnicas de ingeniería genética, hombres sin entendimiento están
creando especies de animales y plantas de una naturaleza distinta a las que el
Creador hizo en el principio (Híbridos). Es necesario señalar que toda especie
distinta es considerada una aberración por el Dios Creador.
CONSECUENCIAS POR
LA INTERVENCION DEL HOMBRE EN LA CREACIÓN
La intervención del hombre sobre el
mismo hombre, sobre los animales, las plantas, y la tierra, está generando
especies híbridas, transgénicas y extrañas que no formaron parte de la creación
original. Nuestro cuerpo fue diseñado para alimentarse con especies de alimentos
puros, creados por Dios para tal fin. Por lo tanto, quien ingiere plantas o
animales contaminados o modificados por el hombre corre el riesgo de introducir
en su organismo elementos ajenos que tarde o temprano desencadenan enfermedades
degenerativas, autoinmunes y cáncer.
Cabe mencionar que el hombre también
ha intentado intervenir en la función del sol. Científicos de la ciencia
babilónica llamada geoingeniería, y carentes de entendimiento, han diseñado un
proyecto para arrojar químicos al cielo y formar una barrera contra los rayos
solares. Estos hombres, cuyas mentes están confundidas, asumen que el sol es el
culpable del calentamiento global.
CÓMO HONRAR AL DIOS CREADOR
Dios
enseña en su palabra diversas formas cómo sus criaturas deben honrarle; veamos
algunas de ellas:
·
No
se debe uno quejar por la forma en que el Hacedor lo creó. No está bien que la
vasija de barro le reclame al alfarero por qué le dio determinado color o
forma. Así también, Dios es Soberano, y todo lo hace conforme a su voluntad,
sin consultar a nadie (Isa 45:9, Rom 9:20-21). Los ancianos de hoy se
avergüenzan de sus canas, siendo que Dios se las dio como señal de que merecen
ser honrados por los más jóvenes (Lev 19:32).
·
Se
debe dar gracias al Dios Creador por el resto de su creación, cada vez que se
sea beneficiado por una de sus criaturas. Por ejemplo, quien come debe dar
gracias por las frutas, hierbas, semillas, animales y otros alimentos que
forman parte de su creación. Así también, quien bebe agua debe dar gracias al
Creador por ese beneficio.
·
No
se debe murmurar ni maldecir la creación de Dios por alguno de sus atributos.
Quien habla mal del sabor de una fruta, no maldice la fruta, sino a quien la
creó. Quien maldice el ajenjo por su amargura, está maldiciendo a su creador y
no a la hierba misma. Es necesario respetar los atributos que el Dios Soberano
le dio a cada criatura.
·
No
se debe dañar ni contaminar la creación por ningún motivo. Quien contamina la
tierra, el agua o el aire, sin darse cuenta, está destruyendo la obra de Dios,
por lo tanto, Él no lo dejará sin castigo.
·
No
se debe profanar ni contaminar el cuerpo, porque Dios lo creó para ser santo.
Todo aquel que se contamina, se irrespeta a sí mismo y se rebela contra el
diseño original de la creación. Por esa razón, tarde o temprano la enfermedad
lo afectará. Tampoco se debe contaminar el cuerpo de familiares y hermanos.
¿Por qué destruir lo que Dios creó para su honra y gloria?
·
En
todo tiempo adora y bendice al Creador; humíllate delante de Él para hacer su
voluntad y guardar sus mandamientos todos los días.
·
Se
deben examinar las obras de Dios y exaltar al Creador todos los días por su
poder y sabiduría. No hay otro dios en los cielos ni en la tierra que pueda
hacer las mismas maravillas que hace el Dios de Israel.
·
Debemos
recordar siempre la enseñanza que el Creador nos da a través de los árboles.
Procuremos hacer el bien, porque cada buena acción será vista por Dios como un
hermoso fruto en nuestro árbol personal.

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