Capítulo 1 - LOS ROLES Y SU RELACIÓN CON LA JUSTICIA Y LA HONRA


LOS ROLES Y SU RELACIÓN CON LA JUSTICIA Y LA HONRA

 

L

os tiempos que le ha tocado vivir a esta generación serán de gran angustia para las naciones, porque marcan el inicio del cumplimiento de lo que fue revelado al profeta Daniel en el capítulo 12 del libro del mismo nombre (12:1). Esta angustia, que irá en aumento, hará que el pueblo gima y clame por salvación, como lo hizo Israel durante su cautiverio en Egipto. Solo que, en esta ocasión, el pueblo sirve a Babilonia, la gran ramera. Pues así fue también lo que Juan recibió para los últimos tiempos (Apo 18:4-5).

Apo 18:4 Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.

En consecuencia, el Dios de Israel recordará, una vez más, el pacto que hizo con su siervo Abraham, a quien le prometió bendecir a toda su descendencia y mediante el cual levantaría naciones y reyes de pueblos. Por lo tanto, en medio de muchas plagas, Dios liberará a su pueblo de la contaminación de la gran ramera, para llevarlo una vez más al desierto con el propósito de probarlo y enseñarle sus mandamientos (Deut 8:2-3, Apo 12:14). Así cumplirá su palabra nuevamente en ellos.

Apo 12:14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto.

La exigencia de justicia y honra

Ahora bien, en medio de estos acontecimientos, Dios exigirá mayor justicia y honra a su pueblo (Apo 14:7, Eze 14:12-14). Por este motivo, el estudio de sus roles es relevante en nuestro tiempo, dado su vínculo con la justicia y la honra, como veremos más adelante. En este sentido, si aplica correctamente las enseñanzas de esta obra, le producirá frutos de justicia que Dios aceptará como una ofrenda agradable, lo que aumentará su gracia, virtud que lo hará digno de formar parte del remanente que será salvo, ya que la gracia es un atributo imprescindible para estar entre los salvos en el día en que Dios derrama su enojo sobre su pueblo y las naciones (Gén 6:8-9).

Apo 14:7 diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado.

Por otra parte, el estudio de los roles también le permitirá conocer más a Dios y su carácter. Esto le ayudará a entender cómo honrarle. Es un error pensar que se le puede agradar sin antes conocerle, pues aunque hagamos muchas cosas para Él, lo más seguro es que no le sean agradables, ya que pueden no ajustarse a su carácter puro y santo (Isaías 29:13, 22-24). Hoy ocurre como en los días del profeta Isaías: Israel no le conocía. Su ignorancia los convirtió en pecadores que se parecían a los moradores de Sodoma y Gomorra (Isa 1:3-4), por eso Dios les dijo que sus asambleas y lo que le ofrecían en ellas, como las oraciones, las fiestas, los sacrificios y las ofrendas, no le agradaban, pues solo eran rituales realizados por gente pecadora (Isa 10-15). Si Israel, que tenía profetas como Elías, Isaías, Jeremías y otros, no conocía a Dios, ¿qué se puede esperar del pueblo que busca al mismo Dios en este tiempo? (Ose 4:1).

Isa 1:3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.

La falta de conocimiento y sus consecuencias

Ahora bien, la mejor prueba de que el pueblo hoy no conoce a Dios, es que no quiere apartarse del pecado (Isa 1:3-5), porque se les ha hecho creer que los rebeldes siempre serán perdonados o que la salvación nunca se pierde (Heb 2:1-3, 1Co 10:5-12). Sin procurar la santidad quieren servir a un Dios Santo (Rom 6:17-19, 1Pe 1:16). Por eso el apóstol Juan inspirado en el Espíritu de la Verdad escribió lo siguiente: «Todo aquel que peca, es porque no ha visto, ni conocido a Dios» (1Jn 3:6). Por tanto, si a alguien le resulta fácil pecar por falta de temor (Prov 14:27, 16:6), significa que aún no conoce al Dios verdadero. Este libro será un canal a través del cual Él se revelará a su vida, porque quiere que sea salvo y forme parte de su remanente santo para que sea digno de librarle de la angustia que viene (Luc 21:36, 1Ti 2:4).

Luc 21:36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán.

Concepto de rol

Aunque la palabra «rol» no aparece en la Escritura, buena parte de sus escritos trata este tema, ya que está muy ligado a la justicia que Dios le ordena practicar a su pueblo. Recordemos que Noé fue hallado justo debido a que practicaba la justicia (Gén 6:8-9), por lo que uno de nuestros propósitos es preparar su corazón para que sea como el suyo en medio de una generación perversa (Gén 6:5). Según el Diccionario de la Lengua Española (DLE), la palabra «rol» se define como «el papel o función que desempeña una persona». Ahora bien, esa persona puede ejercer distintos papeles, cada uno de ellos dependiendo del contexto. Algunos ejemplos de ellos son: trabajador, padre, hijo, amigo, consejero, paciente, etc. Sin embargo, la función de padre solo se debe asumir cuando se está con los hijos, porque no está bien que alguien actúe como padre mientras está con sus amigos o vecinos. Asimismo, todo hijo debe ejercer su papel respectivo cuando está con sus padres, para honrarlos conforme al mandamiento que Dios les ha dado en su palabra (Éxo 20:12).

Prov 6:20 Guarda, hijo mío, el mandamiento de tu padre, y no dejes la enseñanza de tu madre.

A este respecto, quien acude a su lugar de trabajo debe dejar de lado todos los roles familiares (de padre, hijo, hermano o esposo) para desempeñar de manera exclusiva la función que le exige el cargo, ya sea de jefe o de subordinado, y así ser más eficiente. Sin embargo, el hijo que es jefe en su trabajo no puede llegar a su casa y dar órdenes a sus padres. Tampoco es adecuado que una esposa que trabaja como supervisora trate a su esposo como un subordinado en casa. En otras palabras, cada rol debe limitarse al contexto en el que se aplica. Quien comprende esto es una persona emocionalmente más inteligente.

Situaciones especiales requieren que se asuman determinadas funciones

En ocasiones, es necesario desempeñar roles específicos para dar solución a ciertas adversidades. Por ejemplo, mientras preparaba las enseñanzas sobre este tema, se incendió una parte de mi casa y me vi obligado a actuar como bombero para apagar el fuego. Del mismo modo, un padre sabio debe ejercer de consejero cuando se da cuenta de que su hijo está viviendo una situación que requiere su orientación sobre un tema concreto. Comprender estos principios es importante, porque en nuestra relación con Dios, Él también asume determinadas funciones para adaptarse a las circunstancias y a las necesidades de su pueblo conforme a su plan eterno.

No asumir los roles correspondientes puede acarrear consecuencias

En el ejemplo anterior, si yo no hubiese asumido el papel de bombero, el fuego se habría extendido a otras habitaciones y las consecuencias habrían sido peores. No está bien que seamos indiferentes ante una situación que requiera nuestra intervención, pues nuestra negligencia puede costarnos la vida y la de nuestros seres queridos. Por eso, asumir las funciones de los roles es obrar con justicia, mientras que quien no lo hace, Dios lo tendrá por injusto y sufrirá las consecuencias de su rebeldía (Isa 3:10-11).

Isa 3:10 Decid al justo que le irá bien, porque comerá de los frutos de sus manos.

Veamos otros ejemplos para mayor claridad: para que un padre asuma su rol y le sea contado por justicia, debe criar y educar a sus hijos conforme a la verdad que Dios enseña. Si no lo hace de esa manera, cometerá un pecado de omisión. Al no instruir a sus hijos en el camino (Prov 22:6), estos le traerán tristeza, dolor y vergüenza en el futuro (Prov 10:1, 19:13). Asimismo, el padre debe desempeñar la función de juez, para corregir, disciplinar y castigar la mala conducta de los hijos (Prov 1:8, 3:12). De esta manera, ellos se formarán con temor a Dios y evitarán, en la medida de lo posible, la desobediencia y el pecado. Por otro lado, la madre debe asumir con cierta frecuencia la función de maestra para enseñar a sus hijos las Sagradas Escrituras (Prov 6:20).

Cabe señalar que el hijo consentido se forma como consecuencia de padres que no han asumido correctamente funciones que buscan forjar en él un carácter aprobado (Prov 29:15). Es bueno aclarar que Dios no comete el mismo error al educar a quienes ha tomado por hijos. A ellos los prueba, les enseña, les exhorta, les disciplina, les castiga e incluso les quita la vida si es necesario, porque lo más importante es salvarles el alma y darle vida eterna (Apo 14:13).

Concepto de justicia

Como señalamos anteriormente, el concepto de rol está vinculado al de justicia, por lo que conviene estudiar este último. El DLE la define como la «idea moral que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece». En otras palabras, para obrar con justicia hay que corresponder a quienes nos han hecho un favor y honrar a quien lo merece por sus virtudes o por su posición de autoridad. Por tanto, obra con justicia el joven que honra al anciano (Lev 19:32, 1Ti 5:1), el hijo que honra a los padres (Efe 6:1-2), el siervo que honra a su señor (Efe 6:5-8), y el servidor que honra al rey (1Pe 2:17). Del mismo modo, obra con justicia aquel pueblo que honra al Dios Creador (Rom 13:7). En conclusión, quien no honra a Dios en sus distintos roles es injusto y su deshonra se le tomará como injusticia y pecado (Stg 4:17, 1Jn 5:17). Este es el argumento central que ha dado el título a esta obra.

Prov 21:21 El que sigue la justicia y la misericordia, hallará la vida, la justicia y la honra.

Concepto de Honra

Esta obra se centra en tres conceptos fundamentales: los roles, la justicia y la honra. Por eso, conviene aclarar este último concepto. Según el DLE, se trata de «demostración de aprecio que se hace de alguien por su virtud y mérito». De este concepto se desprende que debemos demostrar nuestra honra a Dios por sus virtudes y méritos. Sin embargo, este concepto, establecido para dar a conocer cómo honrar a los hombres, no es suficiente para comprender cómo honrar a Dios, pues sugiere que se honra solo demostrando aprecio. ¿Acaso Dios se sentirá honrado de nosotros si solo demostramos nuestro reconocimiento o aprecio por Él? Claro que no.

En este sentido, Dios enseñó a su siervo David a honrarlo para que tanto él como el pueblo de Israel lo hicieran correctamente. Muchas de esas enseñanzas se revelaron a través de los salmos. Por ejemplo, en el Salmo 96 se describen algunas formas de honrarle: en primer lugar, mediante cánticos nuevos de alabanzas y adoración, y bendiciendo su nombre. En segundo lugar, a través de las ofrendas y buscando la enseñanza en los lugares santos (el atrio). En tercer lugar, adorándole con santidad y temor, porque Dios es temible. En cuarto lugar, proclamando su gloria, sus maravillas y su grandeza ante quienes no le conocen (Sal 96:1-10; 1Cr 16:7-36). Otras formas de honrar a Dios que se describen en las Sagradas Escrituras son agradar a Dios antes que a los hombres (1Sa 2:30), mediante las primicias (Prov 3:9), entre otras.

Ahora bien, hay quienes hacen todas estas cosas y no honran a Dios, porque no quieren abandonar costumbres y prácticas que Él considera abominables, a pesar de que les ha enseñado. Recuerden la palabra que Dios le dio a Israel por medio de su profeta Isaías: «Estaba hastiado de sus fiestas, de sus ofrendas, de sus canciones, de sus oraciones y de las demás cosas que hacían en sus reuniones para honrarle, porque eran ofrecidas por pecadores que no querían abandonar sus iniquidades» (Isa 1:11-16). Por eso, para honrar a Dios es necesario guardar sus mandamientos, porque el propósito fundamental del mandamiento es mostrar el pecado que se debe abandonar (1Sa 15:24, Ro 7:12-13). Pero si alguien obedece un mandamiento que no señala alguna iniquidad, seguramente está guardando un mandamiento de hombre y Dios no se sentirá honrado con quien lo obedezca (Isa 29:13, Mat 15:8-9).

Rom 2:23 Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios?

Utilizaré un símil para que comprendan cuál es la mejor forma de honrarle. Recuerde que Dios ve a sus siervos como árboles de justicia que producen frutos de justicia y, con ellos, le honran (Isa 61:3). Por otra parte, cada fruto de justicia se produce en nosotros mediante la obediencia a los mandamientos. Por tanto, el siervo que guarde los mandamientos con fidelidad incluso en la adversidad, tendrá más frutos preciosos en su árbol (Fil 1:11, Jua 15:8-10, Jer 17:8), pero escasearán en el desobediente, como en los árboles otoñales que no dan frutos para honrar a Dios y a los hombres (Jue 9:9, Jud 1:12). Para finalizar, el propósito de este escrito es enseñarle mandamientos importantes que conllevan honrar los roles de Dios por parte de aquellos que lo obedecen.

Jua 15:8-10 En esto es honrado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Si guardareis mis mandamientos.

Algunos roles tienen otro reciproco

Algunos roles tienen otros que los complementan. Por ejemplo, el de hijo es recíproco al de padre, y el de discípulo, al de maestro. Ahora bien, los hijos y los discípulos deben desempeñar sus roles con la misma eficiencia que los padres y los maestros. Si una madre es una buena maestra, pero su hijo, por rebeldía, no quiere ser su discípulo y no asume esta función, tendrá menos posibilidades de tener éxito en sus estudios. Por otro lado, el hijo que trata a su madre como si fuera una hermana menor no se comporta como tal, sino como su jefe. Esta iniquidad ocurre con mucha frecuencia en esta generación perversa. A estos hijos Dios les acortará sus días, porque su deshonra es abominable a sus ojos (Éxo 20:12, Deut 4:40). En la siguiente tabla se muestran varios ejemplos de roles y sus complementarios.

Ejemplos de Roles y sus Complementarios

Rol

Recíproco

Jefe

Subordinado

Esposo

Esposa

Consejero

Aconsejado

Juez

Acusado

Médico

Paciente

 

Todos los principios vistos anteriormente también se aplican a nuestra relación con Dios, quien constituyó sus propios roles para que su pueblo le conociera y le honrara a través de ellos. Cuando Dios asume un rol determinado, al pueblo le corresponde desempeñar el complementario, para que Él se sienta correspondido y honrado. Sin embargo, muchos no comprenden la importancia de esto y actúan como aquel hijo que no quería prestarle atención a las enseñanzas de su madre, perdiendo así las bendiciones y beneficios que promete en sus pactos (Deut 7:9, Heb 9:15). En la siguiente tabla mostramos algunos roles que Dios ejerce ante su pueblo.

Algunos Roles de Dios y sus Complementarios

Rol de Dios

Recíproco que debe asumir el pueblo

Dios

Pueblo

Creador

Criatura

Señor

Siervo

Padre

Hijo

Es justo que los roles complementarios generen beneficios mutuos

Prov 23:24 Mucho se alegrará el padre del justo, y el que engendra sabio se gozará con él.

Cuando un padre desempeña correctamente su papel ante sus hijos, estos se benefician o son bendecidos, y todas sus acciones se cuentan como obras de justicia. Esto es así, porque es justo que el padre provea a sus hijos de protección, alimentación, vestido, educación, salud, apoyo económico, vivienda, seguridad, corrección, disciplina y consejo mientras están bajo su cuidado y obediencia, pues hay quienes quieren estar como el hijo pródigo, fuera de casa, sin el consejo, la enseñanza, la disciplina y la bendición paterna (Luc 15:11-14).

Del mismo modo, cuando el hijo actúa ante sus padres con respeto, sujeción, colaboración, obediencia y honra, está desempeñando correctamente su rol, por lo que sus padres también se sentirán honrados y bendecidos, y su corazón se alegrará (Prov. 23:15-16). Por otra parte, las buenas acciones llevadas a cabo por el hijo se le contarán como justicia; es decir, Dios lo tendrá por justo (Efe 6:1-3). Como pudieron observar, para que se generen beneficios y bendiciones para ambos, los roles recíprocos deben desempeñarse con integridad (Sal 37:37-38).

Ahora aplicaremos este mismo principio a nuestra relación con el Dios y Padre Eterno, porque ese es el objetivo de este escrito. Bendecir a Dios es un santo mandamiento que Él dio a su pueblo (Sal 66:8-9), y esto solo se logra si asumimos cada uno de nuestros roles complementarios con el mejor desempeño. En pocas palabras, si honramos a Dios, Él también nos honrará (1Sa 2:30, Jua 12:26). Si bendecimos a Dios, Él también nos bendecirá (Sal 134:1-3).

Jua 12:26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

Es lamentable, pero la mayor parte de las enseñanzas que se imparten actualmente al pueblo no son para su edificación, ya que se centran fundamentalmente en maximizar las promesas o bendiciones que Dios ha prometido a través de su palabra solo a quienes lo honran con su obediencia (Deut 28:1-2, Sal 119:56). Sin embargo, se enseña poco sobre las bendiciones y beneficios que Dios espera de nosotros como hijos y siervos (Rom 6:18-19). ¿Cómo puede esperar alguien que le bendiga si no le honra? (Deut 28:1-13). Hay mucho que enseñar sobre cómo obedecer y honrar a Dios, pero el propósito de este escrito es que aprenda a reconocer y honrar todos sus roles conforme lo manda en su palabra, porque hoy muchos lo hacen según mandamientos de hombres (Isa 29:13).

Sal 119:56 Estas bendiciones tuve porque guardé tus mandamientos.

Quien desempeña bien sus roles merece honra

Como se mencionó anteriormente, los roles recíprocos se caracterizan por generar beneficios para ambos actores cuando se desempeñan correctamente. El maestro bendice al discípulo cuando le enseña, por lo que es justo que este lo recompense. Por otro lado, el que provee bendice al que recibe, por lo que es justo que este último se muestre agradecido y, al menos, le dé las gracias. Por lo tanto, cuando una persona desempeña su papel como es debido, merece ser honrada por quienes se benefician de sus buenas obras (Rom 13:7).

Por esa razón, el hijo sabio que entiende y aplica bien esta enseñanza honrará más a sus padres que el resto de sus hermanos, y estos, a su vez, lo bendecirán y lo honrarán más (Prov 10:1). Del mismo modo, el buen siervo que teme y sirve a su señor con esmero merece que este lo ponga como jefe de sus consiervos (Luc 12:42-44). Por tanto, el que honra a Dios desempeñando adecuadamente cada uno de los roles recíprocos será tenido por justo y Dios también le honrará, porque Él honra a quienes le honran (1Sa 2:30). No podemos pasar por alto este principio, ya que nuestra salvación puede peligrar si no lo ponemos en práctica cada día, porque quien fue salvo por gracia está obligado a honrar con su obediencia al Dios que le salvó para que sea tenido por justo (Efe 6:24, Heb 12:14-17).

Los roles mal desempeñados generan consecuencias

No podemos juzgar a Dios por la forma en que desempeña sus roles, ya que, al ser justo, santo y perfecto, todo lo que hace es conforme a su carácter. Además, su palabra enseña que Él quiere la salvación de todos los hombres, y que esta se logra a través del conocimiento y la obediencia a su verdad (1Ti 2:4). También sabemos que Dios (no como Padre sino como Creador) hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos (Mat 5:45). Más bien es el hombre quien no ha querido asumir la responsabilidad de honrar a su Hacedor, lo cual le ha llevado a consecuencias fatales como la confusión, la enfermedad, la muerte y la condenación (Rom 1:21-32).

En las Sagradas Escrituras hay suficiente argumentación sobre las consecuencias que sufren los que no honran a quienes merecen honra (Rom 13:7). Por ejemplo, el sabio Salomón inspirado en la sabiduría y carácter de Dios enseñó en Proverbios 17:2 lo siguiente (parafraseando): el siervo que por ser entendido sabe honrar a su señor, merece que este le honre y, por tanto, recibir el trato de un hijo, por lo que su amo debería darle herencia junto a sus hermanos. Por otra parte, en la misma cita también argumenta que el hijo desobediente, por no honrar a su padre, merece la ignominia hasta llegar a convertirse en un siervo de esos siervos entendidos y diligentes.

Prov 17:2 El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra, y con los hermanos compartirá la herencia.

Otra palabra que confirma esta enseñanza es la de Lucas 12:47-48. En ella se argumenta que si un siervo entendido no honra a su señor, merece ser azotado mucho más que aquel que tampoco le honró por no comprender cómo hacerlo. Esto ocurre de la misma manera en la vida diaria: la esposa que no honra a su esposo puede ser abandonada, y el trabajador que no honra a la empresa realizando su trabajo con eficiencia puede ser despedido. Asimismo, el mal estudiante no merece que la institución le honre con un título.

Luc 12:47 Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.

Una vez vistos los conceptos fundamentales tratados en esta obra, veremos ahora su aplicación en el contexto espiritual para empezar a conocer a Dios, su carácter, su justicia y cómo honrarle. Pero antes, le recomendamos que realice la siguiente oración para que la palabra recibida ministre con mayor fuerza en su vida.

Oración para quien desea honrar los roles de los hombres y de Dios para ser más justo

Padre celestial, te doy gracias por darme el privilegio de recibir esta enseñanza, mediante la cual me exhortas a honrar a quienes merecen honra, para que me tengas por justo. Reconozco que he fallado al no honrar como es debido a mis superiores, a mis gobernantes, a mis padres, a mis pastores, a los ancianos y a otras personas a las que, por medio de tus mandamientos, lo ordenas. También reconozco que aún no te honro lo suficiente y he comprendido que la ignorancia y la desobediencia a tus preceptos son dos de las causas de mi desobediencia. Por eso te ruego que me permitas conocerte más y me enseñes tus mandamientos para saber cómo lograrlo.

Te ruego que me des un corazón dispuesto a aceptar todas las exhortaciones y enseñanzas que transmites a través de este escrito y de otros siervos que uses para contribuir a mi perfección. Ayúdame a derribar los argumentos que se formaron en mi mente en el pasado y que se oponen a tu verdad y santidad; argumentos que son mentiras y medias verdades que, por mi ignorancia, acepté como verdades sublimes. Líbrame y sella en mi corazón todos tus argumentos santos, las verdades eternas de tu palabra. Amén.


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