LOS ROLES DEL ESPIRITU SANTO DE DIOS
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l Espíritu Santo de Dios es actualmente muy
deshonrado por el pueblo, y es posible que usted forme parte de ese grupo por
su falta de conocimiento, por eso le insto a que preste atención a la enseñanza
de este capítulo. Según las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo, al igual
que Dios Padre y su Hijo, también asume funciones particulares en beneficio del
pueblo. Por ese motivo, conviene estudiarlas para determinar aquellas que el
pueblo debe corresponder y honrar. Del mismo modo que el Hijo, el Espíritu de
Dios asumió diversas funciones en los tiempos relacionados con los escritos del
Antiguo Testamento y otras similares desde la entrada en vigor del Nuevo Pacto.
A continuación, examinaremos algunas.
Las asumidas según los escritos del
Antiguo Testamento
Si revisamos los escritos del Antiguo Testamento,
encontraremos varias intervenciones del Espíritu de Santo: en primer lugar,
proporcionaba a los siervos de Dios las habilidades
necesarias cuando estos necesitaban de su sabiduría
para cumplir comisiones importantes, como ocurrió con Bezaleel, José, Moisés,
Josué y otros (Gén 41:38-39, Éxo 31:2-3, Deut 34:9-12). En segundo lugar,
concedía dones de revelación y de
profecía a los siervos de Dios que los necesitaban, ya que habían sido escogidos
como profetas para dar a conocer la voluntad de Dios a los hombres. Algunos
ejemplos de ellos fueron Moisés, David y el profeta Azarías (Núm 11:25, 2Sa
23:2, 2Cr 15:1-8).
2Cr 15:1-2 Vino el espíritu de Dios
sobre Azarías hijo de Obed; y salió al encuentro de Asa, y le dijo: oidme, Asa,
y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con
él: y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también
os dejará.
En tercer lugar, el Espíritu Santo dotaba
de dones y capacidades especiales a
los siervos que Dios iba a usar como jueces de Israel para dirigir las batallas
contra sus enemigos y juzgar al pueblo conforme a la ley que Moisés recibió de
Dios. Entre ellos tenemos a Gedeón y Sansón (Jue 3:9-10, Jue 6:33-35, Jue
14:19). En cuarto lugar, dotaba de dones como el de sabiduría y profecía y de otras habilidades a los reyes elegidos
por Dios para gobernar a su pueblo a través de ellos (1Sa 10:6, 1Sa 16:13).
Para finalizar, actuaba para avergonzar
a los siervos que no querían hacer la voluntad de Dios, para que los entendidos
los identificaran y se cuidaran de ellos, como ocurrió con Saúl y sus
mensajeros (1Sa 19:20-24).
1Sa 16:13 Y Samuel tomó el cuerno
del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante
el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a
Ramá.
Desde el advenimiento del Hijo de Dios
Jesucristo le dijo a sus discípulos que su estancia
en la Tierra era breve y que los dejaría pero les prometió enviar al Espíritu
Santo para cumplir diversas funciones. En primer lugar, como maestro y guía de la verdad, por lo que
revela a los siervos de Dios todo lo que el Hijo y el Padre necesitan
enseñarles (Jua 14:26, Jua 16:13). En segundo lugar, convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jua 16:7-8).
En tercer lugar, dotar de habilidades y
capacidades y ungir con el poder de Dios a los siervos santos,
proporcionándoles dones espirituales para edificar al pueblo y dar a conocer la
voluntad de Dios a los hombres (Hch 1:8).
Hch 1:8 pero recibiréis poder, cuando
haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en
Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Por otra parte, el apóstol Pablo
dio a conocer los nueve dones espirituales:
palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía,
discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas (1Co 12:7-10).
Además, reveló otras funciones del Espíritu Santo, como interceder por los santos (Rom 8:27), actuar como un sello o señal de que somos de Dios (Efe 1:13, 4:30),
y santificar al creyente por medio
de su enseñanza y al habitar en sus
cuerpos, ya que buena parte de esta consiste en instruirle para convertir el
cuerpo en un lugar santo como el Tabernáculo que levantó Moisés en el desierto.
Pero conviene preguntarse: ¿puede el Espíritu Santo habitar en el cuerpo de
alguien que no sabe santificarse por desconocer los fundamentos de los
apóstoles y profetas? (Rom 15:16, 1Co 6:19-20, Efe 2:20-22).
1Co 6:19-20 ¿O ignoráis que vuestro
cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis
de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad,
pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Pablo también destacó la
importancia de que el Espíritu de Dios guíe nuestras acciones para cumplir con
la ley de Dios y no pecar, cuando en su carta a los Gálatas les enseñó que la
mejor señal de que se está cumpliendo la ley de Dios no es el hecho de haberse
circuncidado en la carne (Gál 5:2), sino el que se manifiesten las virtudes del
Espíritu Santo en la persona y, en especial, la del el amor (Gál 5:13-14),
porque toda la ley de Dios se resume en el siguiente mandamiento: «Amar al
prójimo como a sí mismo» (Gál 5:14), y este mandamiento también se resume en el
amor de Dios (Rom 13:9-10). Por tanto, nadie puede amar como ama Dios si no es
guiado y enseñado por el Espíritu Santo (Gál 5:16, 1Jn 5:2-3). Así que, si el
Espíritu Santo no habita en alguien, seguirá siendo un esclavo del pecado y
producirá obras de la carne, relacionados con pasiones y deseos como los celos,
la ira, los pleitos, la fornicación y el adulterio (Stg 4:3-4).
Gál 5:16 Digo, pues: Andad en el
Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
Los roles del Espíritu Santo deben ser honrados
En 2010 tuve un sueño en el que Dios me mostró que
me concedería un ministerio de liberación. En ese mismo sueño, también me
reveló que practicaba una iniquidad que era necesario abandonar para cumplir su
promesa. Esa iniquidad consistía en una costumbre común en nuestro pueblo: no
pagaba directamente el servicio de televisión por cable a la empresa
prestadora, sino que me conectaba a través de un vecino a cambio de un módico
pago mensual que le hacía a él. Para
merecer aquella unción de liberación, primero debía obedecer la palabra de
justicia que me había revelado a través de aquel sueño (Job 33:14-17). El
Espíritu Santo, a través de aquella revelación, me estaba limpiando de
iniquidades e injusticias, porque Él solo usa vasos limpios. Además, yo no
quería ser otro fariseo más (Mat 23:25-28). En resumen, el Espíritu Santo
estaba transformando mi cuerpo y mi mente en un tabernáculo santo para que
pudiera habitar en él permanentemente, ya que experiencias como esta se
siguieron repitiendo con cierta frecuencia en los años siguientes.
Job 33:14-17 Sin embargo, en una o
en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión
nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el
lecho, entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para
quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia.
El Espíritu de Dios nos honra de distintas maneras: nos dota de poder y habilidades mediante los
nueve dones espirituales; desarrolla nuestras capacidades mentales y físicas
para resolver problemas; habita en nuestro cuerpo para santificarlo con su
presencia (2Ti 1:14; 2Ts 2:13); y establece una comunicación efectiva para
corregirnos y enseñarnos (Jua 14:26). Por tanto, seríamos egoístas si no nos
interesáramos también en darle la honra que merece. No podemos olvidar que corresponder a quien nos honra es un acto
de justicia.
Cómo honrar los nueve dones espirituales
Cuando tenía unos ocho años, Dios utilizó a una
anciana que era vecina de mi familia para hablarme en varias ocasiones. El
Espíritu Santo había dotado a esa anciana santa de los dones de lenguas e
interpretación de lenguas y en varias ocasiones me profetizó acerca del llamado
que Dios tenía para mí en el futuro (Jer 1:15). Esa palabra siempre estuvo en
mi corazón, pero ignoraba cómo se cumpliría. Sin embargo, cuando llegó el
tiempo de su cumplimiento, mi corazón estaba muy dispuesto porque sabía que
había sido apartado para un propósito especial desde que era niño. El Espíritu
Santo me honró con la palabra que me dio por medio de su sierva, pero siendo un
niño no sabía cómo devolver esa honra; sin embargo, ahora que estoy en la
madurez, honro esa palabra con esta enseñanza, para que otros también aprendan
a honrar al Espíritu Santo de Dios.
En este sentido, es justo que
honremos cada uno de los nueve dones del Espíritu Santo. Como es bien sabido,
hay doctrinas evangélicas que no los aceptan, por lo que nunca podrán
honrarlos. Por ejemplo, aquellas doctrinas que no aceptan que Dios habla hoy a
través de sueños, visiones o por los profetas, además de menospreciar el
ministerio profético, también menosprecian los dones de revelación y otros que
operan en ellos (1Co 14:1, 6). Si yo no hubiese prestado atención a todos los
sueños que el Espíritu de Dios me ha dado para quitar mis iniquidades, hoy
seguiría siendo un vaso sucio e indigno de recibir su sabiduría, dones y ministerios.
Ahora bien, ese tipo de doctrinas leudadas con errores y omisiones de verdades
eternas, contristan el Espíritu de Dios (Efe 4:30), porque es como poner una mordaza en la boca de una persona para que no hable.
Por eso es necesario darle libertad para que hable y actúe conforme a las
necesidades que se presentan en la asamblea.
Efe 4:30 Y no contristéis al
Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la
redención.
Es mejor asumir riesgos con
valentía que acobardarse
Aunque, al aceptar la manifestación
de los dones del Espíritu Santo, se corre el riesgo de que el enemigo
introduzca también los suyos para producir confusión y división. No obstante,
no conviene cerrar toda puerta a su manifestación de los dones espirituales.
Además, esto solo ocurrirá si los líderes y el pueblo carecen de conocimiento,
discernimiento y consagración (Isa 5:13, Ose 4:6, 1Co 2:14). Los siervos que no
se consagran a Dios manifestarán el espíritu inmundo de la adivinación en vez
de ejercer el don de profecía. De hecho, hay profetas famosos que son en
realidad adivinos y a quienes mucho pueblo incauto los admira.
Isa 5:13 Por tanto, mi pueblo fue
llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento.
Así como hay lenguas angelicales,
también hay quienes hablan en la carne o por posesión demoníaca. A pesar de los
riesgos, es un error amordazar al
Espíritu Santo por temor a que esto ocurra, por eso los pastores y
ministros responsables de la asamblea, necesitan de la orientación de hombres
santos y sabios que les puedan ayudar, porque cuando Dios les llame a cuentas,
ninguna excusa le valdrá para justificar su error, ya que es difícil que se
produzca el verdadero arrepentimiento y la salvación si no interviene el
Espíritu de Dios a través de sus dones (2Ts 2:13).
2Ts 2:13 Pero nosotros debemos dar
siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de
que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la
santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.
Para finalizar, cada uno de los cinco ministerios está dotado de varios dones
espirituales, ya que son imprescindibles para desempeñar su función de
manera plena. La falta de dones en un ministro es una evidencia de que no lo
está ejerciendo de manera legítima o de que aún no es el tiempo de comenzar a
ejercerlo, ya que sería como enviar a un soldado a la guerra sin las armas. Por
ejemplo, es necesario que el profeta posea los dones de profecía y de
revelación (no de adivinación); que el evangelista posea los de revelación y
sanidades; y que tanto el maestro como el pastor posean los de sabiduría (no de
hombre), y revelación, entre otros. Por tanto, todo el que honra a los cinco
ministerios cuando operan de manera legítima con sus dones espirituales,
también honrará al Espíritu Santo de Dios en todas sus manifestaciones.
Testimonios de cómo edifican los dones al pueblo
Cada vez que Dios nos da la oportunidad de visitar
a algunos hermanos que tienen alguna necesidad espiritual, Él usa los dones
espirituales para su edificación, pero también nosotros mismos somos
edificados, porque con frecuencia le muestra al profeta la paja que tiene en el
ojo algún hermano, pero puede ocurrir que en el ojo del profeta haya una viga.
Por eso, cada vez que el profeta recibe una palabra, primero debe examinarse a
sí mismo, y luego, aplicarla a su vida, para tener después la moral y el
testimonio necesarios para hablarle al hermano con ella (Mat 7:3-5). Veamos
algunos ejemplos:
Testimonio 1: el don de ciencia en acción
Durante
nuestro viaje a una ciudad, visitamos a una familia que nos había pedido
consejo y oración. La hermana que nos atendió recibió la siguiente palabra de
uno de los profetas de nuestro equipo: «Sof 1:8. Y en el día del sacrificio de
Jehová castigaré a los príncipes, y a los hijos del rey, y a todos los que
visten vestido extranjero». Cuando leí el texto, entendí que Dios estaba
exhortando a la hermana por su forma de vestir, pues siempre solía llevar ropas
muy escotadas. Seguramente esa hermana cometía muchas iniquidades, pero Dios
aprovechó nuestra visita para enseñarle un mandamiento y quitarle una iniquidad
relacionada con su forma de vestir. Es posible que la hermana ya haya olvidado
el mandamiento y siga en su iniquidad, pero yo nunca olvidaré esa palabra y
formará parte de mis enseñanzas cada vez que Dios así lo disponga.
Testimonio 2: los dones de sabiduría y
discernimiento
En 2011, estuve predicando en otra
congregación de Maracaibo (Venezuela). La predicación versaba sobre unas
profecías que Dios me había revelado para Venezuela (muchas de las cuales ya se
han cumplido). Al finalizar el servicio, una hermana se me acercó para decirme
que Dios le había revelado cosas similares y que, al principio, las comentaba
con los hermanos de su congregación, pero que últimamente no lo hacía porque la
tachaban de loca o la menospreciaban. Cuando me contó esto, le dije que no
callara más, porque Dios estaba levantando profetas en Venezuela para advertir
sobre los eventos venideros y que el espíritu de Jezabel estaba buscando la
manera de callarlos para que no profetizaran, como ocurrió en el pasado en los
días del profeta Elías (1Re 18:4).
1Re 18:4 Porque cuando Jezabel
destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió
de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.
En el momento en que yo conversaba
con esta hermana, un evangelista que andaba conmigo nos miraba a los dos como
si hubiera visto algo extraño. Por eso, al finalizar la conversación, me dirigí
a donde estaba él para preguntarle cuál era el motivo de su comportamiento. ¿Qué
hacía usted hablando con Jezabel? me contestó con firmeza. Yo sabía, por el don
de sabiduría, que el espíritu de Jezabel estaba obrando en esa hermana, pues la
hacía callar cuando Dios le revelaba algo. Pero este evangelista había recibido
la misma revelación a través del don de discernimiento de espíritus, pues, a
pesar de no conocerla ni haberla escuchado, pudo ver a través de una visión la
manifestación del espíritu en ella.
Testimonios de cómo dan dirección los dones a los ministros
En 2011, viajamos desde el Táchira a Maturín, una
ciudad de Venezuela, para predicar en varias congregaciones a las que habíamos
sido invitados. Antes del servicio, revisé una enseñanza que había dado antes
sobre la adoración y la alabanza, y su impacto en la liberación. Pero había un
texto bíblico que no recordaba dónde estaba y, como faltaban pocas horas para
dar la enseñanza, mientras repasaba la enseñanza oré al Padre para que me
ayudara a recordarlo. No pasaron diez minutos cuando recibí un mensaje de texto
de uno de los profetas que se quedaron en el Táchira. En el mensaje decía: «Así
dice el Señor: 1 Samuel 16:16». Ese era el texto que no recordaba. Como puede
ver, Dios usa los dones espirituales para asistir a los ministerios y que sus
enseñanzas estén bien fundamentadas en su palabra. Además, esta es una
evidencia que el Espíritu Santo es quien enseña a los siervos que ejercen los
ministerios asignados por Jesucristo (1Jn 2:27).
1Jn 2:27 Pero la unción que
vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que
nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es
verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.
Cómo honrar la enseñanza del Espíritu Santo
Una de las funciones que desempeña el Espíritu
Santo para la edificación, perfección y santificación del creyente es la de
maestro (Jua 14:26). Ya hablamos antes sobre cómo honrar el ministerio del
maestro, así como de las virtudes necesarias para ello. Sin embargo, conviene
preguntarnos lo siguiente ¿de qué manera el Espíritu Santo nos enseña? Por una
parte, nos instruye a través de la manifestación de los dones de revelación que
operan en el siervo que usa para comunicarnos una verdad (profecía, lenguas,
interpretación de lenguas, etc.). Por otra parte, el Espíritu nos enseña a
través de una comunicación directa, que se produce normalmente en momentos en
los que hay mayor disposición para escuchar su voz, como cuando oramos,
meditamos la palabra de Dios o mientras dormimos por medio de un sueño (Rom
8:14, 1Co 2:10).
Cómo honrar su morada o habitación
1Co 3:16 ¿No sabéis que sois templo
de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
Como
hijos de Dios, tenemos la promesa de que el Espíritu Santo habitará en nuestros
cuerpos como una señal de que hemos cumplido los requisitos mínimos para ello
(2Co 6:16-18). Tengamos en cuenta que el Espíritu Santo solo puede habitar en
el cuerpo de un creyente que se está formando en la santidad, porque Dios
constituyó el Tabernáculo en el pasado como una metáfora del cuerpo de todos
los santos. Así como una persona que contamina su cuerpo, sin saberlo, lo
prepara para que habiten los demonios (Mat 12:43-45); el que lo purifica
dejando de contaminarlo lo está preparando para que sea un templo o morada del
Espíritu Santo (Isa 66:1-2).
Isa 66:1-2 Jehová dijo así: El
cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me
habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas
cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre
y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.
Preste atención a la siguiente ilustración
para mayor claridad: Suponga que va a recibir en su casa a una persona muy
especial y, además, quiere causar buena impresión porque tiene pensado hacerle
una petición durante su estancia. Seguro que no dejará su casa sucia y
desordenada para no causar una mala impresión. Además, le preguntará qué comida
le gusta para prepararle una a su gusto. Tenga en cuenta que el Espíritu Santo
es más especial que cualquier otra persona en su vida y se caracteriza por ser puro
y santo. Por tanto, Él solo morará de manera permanente en el cuerpo (templo)
de aquellos siervos que ordenen sus vidas, procuren agradarle y se mantengan
alejados del pecado y la contaminación (2Co 6:16-17).
No es correcto creer que el
Espíritu Santo habita en cualquier creyente, independientemente de su
reputación. Es cierto que Él se entristece cada vez que la persona en quien
mora comete cualquier tipo de pecado o contaminación (Efe 4:28-30). Sin
embargo, no está obligado a permanecer entristecido continuamente en el cuerpo
de alguien que no le quiere honrar al apartarse de los pecados que Él mismo le
ha enseñado de manera insistente por medio de los mandamientos. Un ejemplo de
ello es el rey Saúl, sobre el cual vino el Espíritu de Dios para que pudiera
servir a Dios siendo rey de Israel (1Sa 10:9-10). Sin embargo, Saúl no obedeció
los mandamientos que Dios le dio por medio de Samuel y por eso su Santo Espíritu se apartó de él,
quedando su cuerpo como una casa vacía y preparada para que luego habitaran
demonios (1Sa 16:14).
1Sa 16:14 El Espíritu de Jehová se
apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.
Otro ejemplo conocido es el de
Sansón, a quien el Espíritu Santo dotó de una fuerza sobrenatural, pero no
quiso honrar su presencia y se entregó a todo tipo de contaminación, entre
ellas la fornicación, por lo que le abandonó y llegó a ser como cualquier
hombre terrenal (Jue 16:20-21). Todo esto se escribió como testimonio y ejemplo
de lo que le sucede a quienes no quieren honrar al Espíritu de Dios que habita
en ellos (1Co 10:11).
Jue 16:20 Y le dijo: ¡Sansón, los
filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez
saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había
apartado de él.
Finalmente, Jesucristo prometió a
sus discípulos que el Espíritu de Dios habitaría en ellos en representación del
Padre y del Hijo, pero para que esto ocurriera se tenían que cumplir una serie
de requisitos, entre los que se encontraba el amarle como le amaba Pedro (Jua
21:15-17), quien amaba su enseñanza y procuraba obedecerla en todo momento,
porque el que hace esto se mantiene en un proceso continuo de santificación
(Jua 14:23).
Jua 14:23 Respondió Jesús y le
dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a
él, y haremos morada con él.
Consecuencias por no
honrar los roles del espíritu santo
Además de las consecuencias
señaladas en los párrafos anteriores, cabe añadir que nuestro cuerpo fue
diseñado por Dios para ser templo y morada del Espíritu Santo, por lo que
debemos apartarnos de toda contaminación y pecado. Quien no honre al Espíritu
de Dios pagando el precio de la obediencia y la santificación, verá cómo su
cuerpo se convierte en morada de demonios (Mat 12:43-45). Ahora bien, quien
contamine su cuerpo por rebeldía o ignorancia lo estará destruyendo poco a
poco, pues Dios creó a nuestro cuerpo para la santidad, y es un hecho que la
contaminación le causa inflamación y enfermedad (1Co 11:30). Daniel es el mejor
ejemplo de lo que debe hacer alguien que desea agradar a Dios y cuidar su
morada, pues prefirió abstenerse de los abominables manjares de Babilonia y
comer los alimentos limpios que procedían directamente del huerto para no
contaminar su cuerpo (Dan 1:8-12).
Dan
1:8 Y Daniel propuso en su corazón no
contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió,
por tanto, al jefe de los eunucos
que no se le obligase a contaminarse.
Por
otra parte, la asamblea que no permite que los nueve dones espirituales actúen
conforme a la necesidad limita la acción del Espíritu de Dios, por lo que no
podrá contar con su ayuda para aportar revelación, discernimiento, reprensión y
corrección cuando sea necesario. Por tanto, se multiplicarán los pecados
ocultos. Además, los cinco ministerios necesitan los dones espirituales para
alcanzar sus objetivos, por lo que un ministro sin dones no será un instrumento
útil para sanar y restaurar a un pueblo, sino que correrá el riesgo de
convertirse en un instrumento del enemigo.
Oración para quien
desea honrar al Espíritu Santo
Padre amado, gracias por esta enseñanza a través de
la cual me has permitido comprender la importante labor que desempeña el
Espíritu Santo para transformar mi vida y hacerla cada día más agradable, para
que forme parte de tu remanente. Te ruego que me des a conocer tu voluntad y
entendimiento de tu palabra para saber cómo honrar tu Santo Espíritu conforme a
tu verdad. Enséñame a santificarme para que tu Espíritu pueda morar en mí. Por
eso te ruego que me des a conocer mis iniquidades y pongas temor en mi corazón
para que las abandone, y no contriste más tu Santo Espíritu. No quiero
menospreciar más la manifestación de los dones de tu Espíritu Santo, porque sé
que son para mi edificación y salvación. Por eso te ruego que me des
discernimiento para poder distinguir entre lo verdadero y los engaños del
enemigo. Líbrame de la confusión como ha ocurrido con muchos en el pasado. Si
te place activa en mí los dones espirituales y, enséñame a administrarlos
conforme a tu verdad para mi edificación y la de los demás. Amén.

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