Capítulo 4 - LOS ROLES DEL ESPIRITU SANTO DE DIOS


LOS ROLES DEL ESPIRITU SANTO DE DIOS

 

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l Espíritu Santo de Dios es actualmente muy deshonrado por el pueblo, y es posible que usted forme parte de ese grupo por su falta de conocimiento, por eso le insto a que preste atención a la enseñanza de este capítulo. Según las Sagradas Escrituras, el Espíritu Santo, al igual que Dios Padre y su Hijo, también asume funciones particulares en beneficio del pueblo. Por ese motivo, conviene estudiarlas para determinar aquellas que el pueblo debe corresponder y honrar. Del mismo modo que el Hijo, el Espíritu de Dios asumió diversas funciones en los tiempos relacionados con los escritos del Antiguo Testamento y otras similares desde la entrada en vigor del Nuevo Pacto. A continuación, examinaremos algunas.

Las asumidas según los escritos del Antiguo Testamento

Si revisamos los escritos del Antiguo Testamento, encontraremos varias intervenciones del Espíritu de Santo: en primer lugar, proporcionaba a los siervos de Dios las habilidades necesarias cuando estos necesitaban de su sabiduría para cumplir comisiones importantes, como ocurrió con Bezaleel, José, Moisés, Josué y otros (Gén 41:38-39, Éxo 31:2-3, Deut 34:9-12). En segundo lugar, concedía dones de revelación y de profecía a los siervos de Dios que los necesitaban, ya que habían sido escogidos como profetas para dar a conocer la voluntad de Dios a los hombres. Algunos ejemplos de ellos fueron Moisés, David y el profeta Azarías (Núm 11:25, 2Sa 23:2, 2Cr 15:1-8).

2Cr 15:1-2 Vino el espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed; y salió al encuentro de Asa, y le dijo: oidme, Asa, y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él: y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará.

En tercer lugar, el Espíritu Santo dotaba de dones y capacidades especiales a los siervos que Dios iba a usar como jueces de Israel para dirigir las batallas contra sus enemigos y juzgar al pueblo conforme a la ley que Moisés recibió de Dios. Entre ellos tenemos a Gedeón y Sansón (Jue 3:9-10, Jue 6:33-35, Jue 14:19). En cuarto lugar, dotaba de dones como el de sabiduría y profecía y de otras habilidades a los reyes elegidos por Dios para gobernar a su pueblo a través de ellos (1Sa 10:6, 1Sa 16:13). Para finalizar, actuaba para avergonzar a los siervos que no querían hacer la voluntad de Dios, para que los entendidos los identificaran y se cuidaran de ellos, como ocurrió con Saúl y sus mensajeros (1Sa 19:20-24).

1Sa 16:13 Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.

Desde el advenimiento del Hijo de Dios

Jesucristo le dijo a sus discípulos que su estancia en la Tierra era breve y que los dejaría pero les prometió enviar al Espíritu Santo para cumplir diversas funciones. En primer lugar, como maestro y guía de la verdad, por lo que revela a los siervos de Dios todo lo que el Hijo y el Padre necesitan enseñarles (Jua 14:26, Jua 16:13). En segundo lugar, convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Jua 16:7-8). En tercer lugar, dotar de habilidades y capacidades y ungir con el poder de Dios a los siervos santos, proporcionándoles dones espirituales para edificar al pueblo y dar a conocer la voluntad de Dios a los hombres (Hch 1:8).

Hch 1:8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Por otra parte, el apóstol Pablo dio a conocer los nueve dones espirituales: palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, lenguas e interpretación de lenguas (1Co 12:7-10). Además, reveló otras funciones del Espíritu Santo, como interceder por los santos (Rom 8:27), actuar como un sello o señal de que somos de Dios (Efe 1:13, 4:30), y santificar al creyente por medio de su enseñanza y al habitar en sus cuerpos, ya que buena parte de esta consiste en instruirle para convertir el cuerpo en un lugar santo como el Tabernáculo que levantó Moisés en el desierto. Pero conviene preguntarse: ¿puede el Espíritu Santo habitar en el cuerpo de alguien que no sabe santificarse por desconocer los fundamentos de los apóstoles y profetas? (Rom 15:16, 1Co 6:19-20, Efe 2:20-22).

1Co 6:19-20 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Pablo también destacó la importancia de que el Espíritu de Dios guíe nuestras acciones para cumplir con la ley de Dios y no pecar, cuando en su carta a los Gálatas les enseñó que la mejor señal de que se está cumpliendo la ley de Dios no es el hecho de haberse circuncidado en la carne (Gál 5:2), sino el que se manifiesten las virtudes del Espíritu Santo en la persona y, en especial, la del el amor (Gál 5:13-14), porque toda la ley de Dios se resume en el siguiente mandamiento: «Amar al prójimo como a sí mismo» (Gál 5:14), y este mandamiento también se resume en el amor de Dios (Rom 13:9-10). Por tanto, nadie puede amar como ama Dios si no es guiado y enseñado por el Espíritu Santo (Gál 5:16, 1Jn 5:2-3). Así que, si el Espíritu Santo no habita en alguien, seguirá siendo un esclavo del pecado y producirá obras de la carne, relacionados con pasiones y deseos como los celos, la ira, los pleitos, la fornicación y el adulterio (Stg 4:3-4).

Gál 5:16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.

Los roles del Espíritu Santo deben ser honrados

En 2010 tuve un sueño en el que Dios me mostró que me concedería un ministerio de liberación. En ese mismo sueño, también me reveló que practicaba una iniquidad que era necesario abandonar para cumplir su promesa. Esa iniquidad consistía en una costumbre común en nuestro pueblo: no pagaba directamente el servicio de televisión por cable a la empresa prestadora, sino que me conectaba a través de un vecino a cambio de un módico pago mensual que le hacía a él. Para merecer aquella unción de liberación, primero debía obedecer la palabra de justicia que me había revelado a través de aquel sueño (Job 33:14-17). El Espíritu Santo, a través de aquella revelación, me estaba limpiando de iniquidades e injusticias, porque Él solo usa vasos limpios. Además, yo no quería ser otro fariseo más (Mat 23:25-28). En resumen, el Espíritu Santo estaba transformando mi cuerpo y mi mente en un tabernáculo santo para que pudiera habitar en él permanentemente, ya que experiencias como esta se siguieron repitiendo con cierta frecuencia en los años siguientes.

Job 33:14-17 Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho, entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia.

El Espíritu de Dios nos honra de distintas maneras: nos dota de poder y habilidades mediante los nueve dones espirituales; desarrolla nuestras capacidades mentales y físicas para resolver problemas; habita en nuestro cuerpo para santificarlo con su presencia (2Ti 1:14; 2Ts 2:13); y establece una comunicación efectiva para corregirnos y enseñarnos (Jua 14:26). Por tanto, seríamos egoístas si no nos interesáramos también en darle la honra que merece. No podemos olvidar que corresponder a quien nos honra es un acto de justicia.

Cómo honrar los nueve dones espirituales

Cuando tenía unos ocho años, Dios utilizó a una anciana que era vecina de mi familia para hablarme en varias ocasiones. El Espíritu Santo había dotado a esa anciana santa de los dones de lenguas e interpretación de lenguas y en varias ocasiones me profetizó acerca del llamado que Dios tenía para mí en el futuro (Jer 1:15). Esa palabra siempre estuvo en mi corazón, pero ignoraba cómo se cumpliría. Sin embargo, cuando llegó el tiempo de su cumplimiento, mi corazón estaba muy dispuesto porque sabía que había sido apartado para un propósito especial desde que era niño. El Espíritu Santo me honró con la palabra que me dio por medio de su sierva, pero siendo un niño no sabía cómo devolver esa honra; sin embargo, ahora que estoy en la madurez, honro esa palabra con esta enseñanza, para que otros también aprendan a honrar al Espíritu Santo de Dios.

En este sentido, es justo que honremos cada uno de los nueve dones del Espíritu Santo. Como es bien sabido, hay doctrinas evangélicas que no los aceptan, por lo que nunca podrán honrarlos. Por ejemplo, aquellas doctrinas que no aceptan que Dios habla hoy a través de sueños, visiones o por los profetas, además de menospreciar el ministerio profético, también menosprecian los dones de revelación y otros que operan en ellos (1Co 14:1, 6). Si yo no hubiese prestado atención a todos los sueños que el Espíritu de Dios me ha dado para quitar mis iniquidades, hoy seguiría siendo un vaso sucio e indigno de recibir su sabiduría, dones y ministerios. Ahora bien, ese tipo de doctrinas leudadas con errores y omisiones de verdades eternas, contristan el Espíritu de Dios (Efe 4:30), porque es como poner una mordaza en la boca de una persona para que no hable. Por eso es necesario darle libertad para que hable y actúe conforme a las necesidades que se presentan en la asamblea.

Efe 4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

Es mejor asumir riesgos con valentía que acobardarse

Aunque, al aceptar la manifestación de los dones del Espíritu Santo, se corre el riesgo de que el enemigo introduzca también los suyos para producir confusión y división. No obstante, no conviene cerrar toda puerta a su manifestación de los dones espirituales. Además, esto solo ocurrirá si los líderes y el pueblo carecen de conocimiento, discernimiento y consagración (Isa 5:13, Ose 4:6, 1Co 2:14). Los siervos que no se consagran a Dios manifestarán el espíritu inmundo de la adivinación en vez de ejercer el don de profecía. De hecho, hay profetas famosos que son en realidad adivinos y a quienes mucho pueblo incauto los admira.

Isa 5:13 Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento.

Así como hay lenguas angelicales, también hay quienes hablan en la carne o por posesión demoníaca. A pesar de los riesgos, es un error amordazar al Espíritu Santo por temor a que esto ocurra, por eso los pastores y ministros responsables de la asamblea, necesitan de la orientación de hombres santos y sabios que les puedan ayudar, porque cuando Dios les llame a cuentas, ninguna excusa le valdrá para justificar su error, ya que es difícil que se produzca el verdadero arrepentimiento y la salvación si no interviene el Espíritu de Dios a través de sus dones (2Ts 2:13).

2Ts 2:13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.

Para finalizar, cada uno de los cinco ministerios está dotado de varios dones espirituales, ya que son imprescindibles para desempeñar su función de manera plena. La falta de dones en un ministro es una evidencia de que no lo está ejerciendo de manera legítima o de que aún no es el tiempo de comenzar a ejercerlo, ya que sería como enviar a un soldado a la guerra sin las armas. Por ejemplo, es necesario que el profeta posea los dones de profecía y de revelación (no de adivinación); que el evangelista posea los de revelación y sanidades; y que tanto el maestro como el pastor posean los de sabiduría (no de hombre), y revelación, entre otros. Por tanto, todo el que honra a los cinco ministerios cuando operan de manera legítima con sus dones espirituales, también honrará al Espíritu Santo de Dios en todas sus manifestaciones.

Testimonios de cómo edifican los dones al pueblo

Cada vez que Dios nos da la oportunidad de visitar a algunos hermanos que tienen alguna necesidad espiritual, Él usa los dones espirituales para su edificación, pero también nosotros mismos somos edificados, porque con frecuencia le muestra al profeta la paja que tiene en el ojo algún hermano, pero puede ocurrir que en el ojo del profeta haya una viga. Por eso, cada vez que el profeta recibe una palabra, primero debe examinarse a sí mismo, y luego, aplicarla a su vida, para tener después la moral y el testimonio necesarios para hablarle al hermano con ella (Mat 7:3-5). Veamos algunos ejemplos:

Testimonio 1: el don de ciencia en acción

         Durante nuestro viaje a una ciudad, visitamos a una familia que nos había pedido consejo y oración. La hermana que nos atendió recibió la siguiente palabra de uno de los profetas de nuestro equipo: «Sof 1:8. Y en el día del sacrificio de Jehová castigaré a los príncipes, y a los hijos del rey, y a todos los que visten vestido extranjero». Cuando leí el texto, entendí que Dios estaba exhortando a la hermana por su forma de vestir, pues siempre solía llevar ropas muy escotadas. Seguramente esa hermana cometía muchas iniquidades, pero Dios aprovechó nuestra visita para enseñarle un mandamiento y quitarle una iniquidad relacionada con su forma de vestir. Es posible que la hermana ya haya olvidado el mandamiento y siga en su iniquidad, pero yo nunca olvidaré esa palabra y formará parte de mis enseñanzas cada vez que Dios así lo disponga.

Testimonio 2: los dones de sabiduría y discernimiento

En 2011, estuve predicando en otra congregación de Maracaibo (Venezuela). La predicación versaba sobre unas profecías que Dios me había revelado para Venezuela (muchas de las cuales ya se han cumplido). Al finalizar el servicio, una hermana se me acercó para decirme que Dios le había revelado cosas similares y que, al principio, las comentaba con los hermanos de su congregación, pero que últimamente no lo hacía porque la tachaban de loca o la menospreciaban. Cuando me contó esto, le dije que no callara más, porque Dios estaba levantando profetas en Venezuela para advertir sobre los eventos venideros y que el espíritu de Jezabel estaba buscando la manera de callarlos para que no profetizaran, como ocurrió en el pasado en los días del profeta Elías (1Re 18:4).

1Re 18:4 Porque cuando Jezabel destruía a los profetas de Jehová, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en cuevas, y los sustentó con pan y agua.

En el momento en que yo conversaba con esta hermana, un evangelista que andaba conmigo nos miraba a los dos como si hubiera visto algo extraño. Por eso, al finalizar la conversación, me dirigí a donde estaba él para preguntarle cuál era el motivo de su comportamiento. ¿Qué hacía usted hablando con Jezabel? me contestó con firmeza. Yo sabía, por el don de sabiduría, que el espíritu de Jezabel estaba obrando en esa hermana, pues la hacía callar cuando Dios le revelaba algo. Pero este evangelista había recibido la misma revelación a través del don de discernimiento de espíritus, pues, a pesar de no conocerla ni haberla escuchado, pudo ver a través de una visión la manifestación del espíritu en ella.

Testimonios de cómo dan dirección los dones a los ministros

En 2011, viajamos desde el Táchira a Maturín, una ciudad de Venezuela, para predicar en varias congregaciones a las que habíamos sido invitados. Antes del servicio, revisé una enseñanza que había dado antes sobre la adoración y la alabanza, y su impacto en la liberación. Pero había un texto bíblico que no recordaba dónde estaba y, como faltaban pocas horas para dar la enseñanza, mientras repasaba la enseñanza oré al Padre para que me ayudara a recordarlo. No pasaron diez minutos cuando recibí un mensaje de texto de uno de los profetas que se quedaron en el Táchira. En el mensaje decía: «Así dice el Señor: 1 Samuel 16:16». Ese era el texto que no recordaba. Como puede ver, Dios usa los dones espirituales para asistir a los ministerios y que sus enseñanzas estén bien fundamentadas en su palabra. Además, esta es una evidencia que el Espíritu Santo es quien enseña a los siervos que ejercen los ministerios asignados por Jesucristo (1Jn 2:27).

1Jn 2:27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

Cómo honrar la enseñanza del Espíritu Santo

Una de las funciones que desempeña el Espíritu Santo para la edificación, perfección y santificación del creyente es la de maestro (Jua 14:26). Ya hablamos antes sobre cómo honrar el ministerio del maestro, así como de las virtudes necesarias para ello. Sin embargo, conviene preguntarnos lo siguiente ¿de qué manera el Espíritu Santo nos enseña? Por una parte, nos instruye a través de la manifestación de los dones de revelación que operan en el siervo que usa para comunicarnos una verdad (profecía, lenguas, interpretación de lenguas, etc.). Por otra parte, el Espíritu nos enseña a través de una comunicación directa, que se produce normalmente en momentos en los que hay mayor disposición para escuchar su voz, como cuando oramos, meditamos la palabra de Dios o mientras dormimos por medio de un sueño (Rom 8:14, 1Co 2:10).

Cómo honrar su morada o habitación

1Co 3:16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

         Como hijos de Dios, tenemos la promesa de que el Espíritu Santo habitará en nuestros cuerpos como una señal de que hemos cumplido los requisitos mínimos para ello (2Co 6:16-18). Tengamos en cuenta que el Espíritu Santo solo puede habitar en el cuerpo de un creyente que se está formando en la santidad, porque Dios constituyó el Tabernáculo en el pasado como una metáfora del cuerpo de todos los santos. Así como una persona que contamina su cuerpo, sin saberlo, lo prepara para que habiten los demonios (Mat 12:43-45); el que lo purifica dejando de contaminarlo lo está preparando para que sea un templo o morada del Espíritu Santo (Isa 66:1-2).

Isa 66:1-2 Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

Preste atención a la siguiente ilustración para mayor claridad: Suponga que va a recibir en su casa a una persona muy especial y, además, quiere causar buena impresión porque tiene pensado hacerle una petición durante su estancia. Seguro que no dejará su casa sucia y desordenada para no causar una mala impresión. Además, le preguntará qué comida le gusta para prepararle una a su gusto. Tenga en cuenta que el Espíritu Santo es más especial que cualquier otra persona en su vida y se caracteriza por ser puro y santo. Por tanto, Él solo morará de manera permanente en el cuerpo (templo) de aquellos siervos que ordenen sus vidas, procuren agradarle y se mantengan alejados del pecado y la contaminación (2Co 6:16-17).

No es correcto creer que el Espíritu Santo habita en cualquier creyente, independientemente de su reputación. Es cierto que Él se entristece cada vez que la persona en quien mora comete cualquier tipo de pecado o contaminación (Efe 4:28-30). Sin embargo, no está obligado a permanecer entristecido continuamente en el cuerpo de alguien que no le quiere honrar al apartarse de los pecados que Él mismo le ha enseñado de manera insistente por medio de los mandamientos. Un ejemplo de ello es el rey Saúl, sobre el cual vino el Espíritu de Dios para que pudiera servir a Dios siendo rey de Israel (1Sa 10:9-10). Sin embargo, Saúl no obedeció los mandamientos que Dios le dio por medio de Samuel y por eso su Santo Espíritu se apartó de él, quedando su cuerpo como una casa vacía y preparada para que luego habitaran demonios (1Sa 16:14).

1Sa 16:14 El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

Otro ejemplo conocido es el de Sansón, a quien el Espíritu Santo dotó de una fuerza sobrenatural, pero no quiso honrar su presencia y se entregó a todo tipo de contaminación, entre ellas la fornicación, por lo que le abandonó y llegó a ser como cualquier hombre terrenal (Jue 16:20-21). Todo esto se escribió como testimonio y ejemplo de lo que le sucede a quienes no quieren honrar al Espíritu de Dios que habita en ellos (1Co 10:11).

Jue 16:20 Y le dijo: ¡Sansón, los filisteos sobre ti! Y luego que despertó él de su sueño, se dijo: Esta vez saldré como las otras y me escaparé. Pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él.

Finalmente, Jesucristo prometió a sus discípulos que el Espíritu de Dios habitaría en ellos en representación del Padre y del Hijo, pero para que esto ocurriera se tenían que cumplir una serie de requisitos, entre los que se encontraba el amarle como le amaba Pedro (Jua 21:15-17), quien amaba su enseñanza y procuraba obedecerla en todo momento, porque el que hace esto se mantiene en un proceso continuo de santificación (Jua 14:23).

Jua 14:23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

Consecuencias por no honrar los roles del espíritu santo

Además de las consecuencias señaladas en los párrafos anteriores, cabe añadir que nuestro cuerpo fue diseñado por Dios para ser templo y morada del Espíritu Santo, por lo que debemos apartarnos de toda contaminación y pecado. Quien no honre al Espíritu de Dios pagando el precio de la obediencia y la santificación, verá cómo su cuerpo se convierte en morada de demonios (Mat 12:43-45). Ahora bien, quien contamine su cuerpo por rebeldía o ignorancia lo estará destruyendo poco a poco, pues Dios creó a nuestro cuerpo para la santidad, y es un hecho que la contaminación le causa inflamación y enfermedad (1Co 11:30). Daniel es el mejor ejemplo de lo que debe hacer alguien que desea agradar a Dios y cuidar su morada, pues prefirió abstenerse de los abominables manjares de Babilonia y comer los alimentos limpios que procedían directamente del huerto para no contaminar su cuerpo (Dan 1:8-12).

Dan 1:8  Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey,  ni con el vino que él bebía;  pidió,  por tanto,  al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.

Por otra parte, la asamblea que no permite que los nueve dones espirituales actúen conforme a la necesidad limita la acción del Espíritu de Dios, por lo que no podrá contar con su ayuda para aportar revelación, discernimiento, reprensión y corrección cuando sea necesario. Por tanto, se multiplicarán los pecados ocultos. Además, los cinco ministerios necesitan los dones espirituales para alcanzar sus objetivos, por lo que un ministro sin dones no será un instrumento útil para sanar y restaurar a un pueblo, sino que correrá el riesgo de convertirse en un instrumento del enemigo.

Oración para quien desea honrar al Espíritu Santo

Padre amado, gracias por esta enseñanza a través de la cual me has permitido comprender la importante labor que desempeña el Espíritu Santo para transformar mi vida y hacerla cada día más agradable, para que forme parte de tu remanente. Te ruego que me des a conocer tu voluntad y entendimiento de tu palabra para saber cómo honrar tu Santo Espíritu conforme a tu verdad. Enséñame a santificarme para que tu Espíritu pueda morar en mí. Por eso te ruego que me des a conocer mis iniquidades y pongas temor en mi corazón para que las abandone, y no contriste más tu Santo Espíritu. No quiero menospreciar más la manifestación de los dones de tu Espíritu Santo, porque sé que son para mi edificación y salvación. Por eso te ruego que me des discernimiento para poder distinguir entre lo verdadero y los engaños del enemigo. Líbrame de la confusión como ha ocurrido con muchos en el pasado. Si te place activa en mí los dones espirituales y, enséñame a administrarlos conforme a tu verdad para mi edificación y la de los demás. Amén. 

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