Capítulo 3 - LOS ROLES DEL HIJO DE DIOS

 

LOS ROLES DEL HIJO DE DIOS

 

E

n 2010, un siervo que Dios utilizó para revelarme algunas cosas importantes, me contó una revelación que me conmovió porque no comprendía la profundidad de lo que Dios quería decirme. La revelación fue la siguiente: «Vi a un predicador en una tarima hablando a una gran multitud que parecía estar en un estadio deportivo. Pude notar que solo hablaba de Jesucristo, de su gracia y misericordia y de la fe que se le debe tener, y de cada uno de los beneficios que ofrece al pueblo, como sanador, salvador, perdonador, protector, proveedor, etc. Pero me llamó la atención que ese pueblo lo escuchaba como si estuviera hechizado».

Como le dije, esa revelación me dejó pensativo y, desde entonces, quise comprender el significado o el mensaje que Dios quería transmitirme al respecto. Después de todos estos años, he comprendido que el enemigo está cautivando al pueblo usando la ignorancia como principal arma. Aquel predicador, aunque hablaba de Jesucristo, solo mostraba una visión muy limitada de su papel con su pueblo. Ese tipo de mensajes crea un pueblo interesado solo por los beneficios que ofrece tras su sacrificio. ¿Quién no va a seguir a un Dios que ofrece tantas bendiciones a cambio de tan poco? Lo cierto es que escasean las enseñanzas que hablan del Señor y Rey al que se debe servir con fidelidad y conforme a los mandamientos enseñados en las Escrituras; requisito necesario para que Dios Padre nos reconozca como hijos y formemos parte de su pueblo (Jua 14:21, 23, Heb 8:10).

Jua 14:23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

En efecto, el Padre Eterno envió a su Hijo para cumplir varios propósitos, entre ellos dar ejemplo a su pueblo sobre cómo asumir los roles complementarios para su gloria (Jua 13:15). Sin duda alguna, Jesucristo fue el mejor siervo de todos (Flp 2:7-8), ya que incluso los siervos que Dios tenía como modelos tuvieron desaciertos, como Moisés y David. Además, era necesario que Jesucristo se mostrara como el mejor modelo de hijo, ya que sería el primogénito de muchos hermanos, y el Padre esperaba adoptar como a hijos a todos sus siervos que anhelaran ser como su primogénito (Rom 8:29). En otras palabras, Jesucristo nos dejó esta gran enseñanza: para ser hijos, primero hay que ser siervos (Mar 10:45, Mat 7:21, 12:50).

Flp 2:7-8 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.

Ahora bien, Jesucristo no solo vino a ejercer funciones de hijo y siervo, pues al ser el Hijo de Dios, también tenía que hacer uso de la autoridad que le había dado el Padre. Por ejemplo, todos sabemos que vino a sanar, salvar, y liberar a los cautivos. Sin embargo, es conveniente que el pueblo identifique aquellos roles que debe honrar, porque él primero le honró al morir por la salvación de todos (Jua 5:23). Por eso, en este capítulo trataremos de explicarlos de una manera concisa. Para facilitar su comprensión, primero mencionaremos los roles que ejerció antes de manifestarse como hombre en la Tierra; segundo, los que asumió cuando vino en carne, y tercero, los que desempeña después de su resurrección.

Roles que asumió el hijo de Dios antes de manifestarse en carne

Antes de manifestarse en la Tierra como un hombre nacido de mujer, adoptaba una forma similar a la de los ángeles, aunque era superior a ellos (Heb 1:4-6). En los escritos conocidos como Antiguo Testamento se le menciona muchas veces como «el Ángel de Jehová» (Gén 16:7, Gén 22:11). Si analizamos sus diversas manifestaciones, veremos que en varias ocasiones desempeñó las siguientes funciones:

1.      Mensajero de Dios para dar a conocer su voluntad a aquellos siervos con los que Él tenía un propósito especial (Gén 16:11, Éxo 3:2-10, Jue 2:1-4),

2.    Guardián protector y proveedor de los siervos de Dios y de sus hijos (Gén 16:11, 1Re 19:7-8).

3.    Guerrero que se oponía a las obras de las tinieblas (Núm 22:22-27) y ejecutaba los juicios de Dios contra los enemigos de su pueblo (2Re 19:35).

4.    El príncipe de los ejércitos de Dios quien admitió la adoración de Josué (Jos 5:13-15). Es pertinente resaltar que Dios no permite que los ángeles acepten adoración de su pueblo, porque ellos son consiervos de los ministros de Dios, tales como los guerreros, maestros y profetas (Apo 22:8-9).

5.     Intercedió ante el Padre y Juez de la Tierra para que perdonara los pecados de Israel y de sus siervos amados (Zac 1:12, Zac 3:1-5).

Todos estos roles mencionados anteriormente y otros más, los desempeñó el Hijo de Dios en la Tierra antes de manifestarse en carne. No lo hacía por voluntad propia, sino por mandato de su Dios y Padre.

Zac 3:1, 4 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala.

Los roles que asumió el Hijo de Dios cuando se manifestó en carne

Cuando el Hijo de Dios se manifestó como un hombre, tuvo que desempeñar primero las funciones de su familia terrenal. Al haber nacido de una virgen conocida como María, esta se convirtió en su madre, a la que tuvo que honrar. Del mismo modo, a José su esposo, por haberlo adoptado como su padre. Por otra parte, como era el mayor de varios hermanos (Mar 6:3, Luc 3:23), tuvo que dar testimonio de madurez y santidad, porque así mandaba la ley de Dios a los primogénitos de Israel (Éxo 22:29, Luc 2:23). No obstante, como era de esperarse, sus hermanos no creían en él (Jua 7:3).

Cuando Jesucristo inició su ministerio a los treinta años, los roles familiares pasaron a un segundo plano (Luc 3:23). Ahora era más importante actuar como siervo, sacerdote e hijo del Dios Altísimo, porque era necesario que cumpliera su propósito en la Tierra (Mat 12:46-50). En este sentido, desempeñó distintas funciones en la modalidad de ministerios, tales como: maestro (Mar 1:21-22), pastor (Jua 10:11-14), evangelista o guerrero (Mat 4:23), profeta (Mat 24:2-25) y apóstol (Heb 3:1). Sin embargo, en el tiempo de su muerte asumió el rol que los profetas Isaías y Juan habían profetizado acerca de él: el del Cordero de Dios que sería llevado al matadero para quitar el pecado del mundo (Isa 53:6-7, Jua 1:29).

Jua 1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.

Los roles que asumió Jesucristo después de resucitar

Al igual que el Padre, el Hijo desempeña hoy una diversidad de roles ante su pueblo que deben corresponderse debidamente. Por ejemplo, Jesucristo habló de sí mismo diciendo: «Yo soy la luz del mundo» (Jua 8:12), «Yo soy siervo de mi Padre» (Jua 8:28), «Yo soy la puerta» (Jua 10:9), «Yo soy el buen pastor» (Jua 10:11), «Yo soy la resurrección y la vida» (Jua 11:25), «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Jua 14:6), y «Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin» (Apo 1:8). Sin embargo, como veremos más adelante, el Padre le prometió a su Hijo que ejercería nuevos roles de autoridad y gobierno en su pueblo y en todas las naciones como son: Señor de señores y Rey de reyes (Apo 11:15, 17:14). Por ahora, solamente se ha enseñoreado de un remanente que le sirve, le ama y guarda sus mandamientos (Luc 6:46), porque no basta con solo creer en él y confesar su nombre, también es necesario obedecer hasta llegar a ser irreprensibles y sin mancha para mostrar su luz a los hombres que no le concen (Flp 2:10-15).

Flp 2:15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.

El mensaje evangelístico no motiva a la honra

Por otra parte, sabemos que el mensaje tradicional del evangelio que se está enseñando exalta el poder de Jesucristo para sanar, salvar, liberar, perdonar, realizar milagros, proveer, etc. Sin embargo, es importante recordar que este escrito se centra principalmente en los roles de autoridad y gobierno, ya que nuestro objetivo es enseñar al pueblo cómo asumir correctamente los roles complementarios para que estos sean debidamente honrados. Una de las razones por las que el pueblo no honra hoy al Hijo de Dios es porque la mayoría de las enseñanzas que se imparten en las congregaciones tienen una connotación evangelística y, por lo tanto, se centran en los roles de salvador, perdonador, sanador, libertador y otros mencionados anteriormente. Estos roles muestran el poder, la misericordia, la bondad y la gracia del Padre y del Hijo en favor de su pueblo, pero no demandan honra por sí mismos. En otras palabras, las enseñanzas evangelísticas actuales no instruyen al pueblo sobre cómo honrar, sino sobre cómo pedir y esperar recibir del Todopoderoso todos sus beneficios y promesas.

Luc 7:21-22 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.

Conviene aclarar que la enseñanza evangelística debe dirigirse fundamentalmente a los impíos o inconversos, y a los niños espirituales o recién convertidos porque es como la leche que ellos necesitan primeramente (1Co 3:1-2). Sin embargo, los creyentes que llevan meses o años formándose para ser santos necesitan que se les enseñe la sana doctrina, cuyo propósito fundamental es dar a conocer los mandamientos, la justicia del reino, la voluntad de Dios, y cómo desarrollar virtudes para servir al Rey de reyes y Señor de señores (Rom 6:17-18, Heb 5:11-14).

Heb 5:12-13 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño.

Cómo ejerce Jesucristo la autoridad y el gobierno

Está bien que se le dé a conocer a Jesucristo como salvador, perdonador, sanador y proveedor a un impío; esa es la función de un evangelista. No obstante, un creyente que lleva meses o años en el camino de la verdad necesita de pastores y maestros que le enseñen a honrar al Señor de señores. Por tanto, la formación integral del creyente debe llevarla a cabo los otros cuatro ministerios, pues Jesucristo ejerce su autoridad y gobierno a través de ellos.

Efe 4:11-12 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.

El apóstol Pablo enseñó que el Hijo constituyó los cinco ministerios para alcanzar los siguientes objetivos: «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes» (Efe 4:11-14). Estos objetivos solo se lograrán si los cinco ministerios están operando en una asamblea o congregación. Veamos cada uno de ellos por separado:

Perfeccionar a los santos:

La perfección siempre ha sido un mandamiento que Dios exigió desde el principio a sus siervos, y como testimonio se mencionan a Noé, a Abraham, a Josué y a Caleb (Gén 6:9, 17:1, Núm 32:11-12). Esta exigencia continuó en el Nuevo Pacto, pues Jesucristo la mencionó como un requisito para ser uno de los hijos de Dios (Mat 5:48). Sin embargo, el enemigo la eliminó de la mente de aquellos a quienes se destinó a cumplirla (Deut 18:13, Mat 5:48). Cabe destacar que esta solo se logra a través de la enseñanza de la verdad y de temas de santidad (Jua 16:16), así como imitando el ejemplo de los más perfectos.

Mat 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Se supone que el pastor, el profeta o el maestro están mucho más avanzados que el resto de la asamblea en la perfección, por lo que son responsables de guiar al pueblo para que alcance este y otros objetivos (Flp 3:17-19). Por tanto, el ministro que no vive lo que enseña o promueve el pecado con el mal ejemplo que da a la asamblea, sin comprenderlo, está haciendo tropezar a los más pequeños y, si no se aparta de su error, tarde o temprano le vendrá el ¡ay! (Mat 18:6-7).

Para la obra del ministerio:

La enseñanza y santificación del pueblo tiene como propósito prepararlo para que realice un trabajo útil en la obra de Dios. Esto significa que, además de santificarse, cada uno debe prepararse en el área en la que va a servir, para ser un siervo útil y no un ocioso en la obra (1Ts 5:14, 2Pe 1:5-8). A modo de ejemplo, podemos señalar las siguientes áreas de servicio: adorar a través del canto, la música o la danza, servir en la puerta o como diácono, evangelizar, enseñar, aconsejar, interceder, hospedar, etc.

Para la edificación del cuerpo de Cristo:

El cuerpo de Jesucristo (la esposa del Cordero) es como un edificio que se va construyendo poco a poco hasta quedar listo y hermoso. Los arquitectos, ingenieros y maestros de obra de ese edificio son los cinco ministerios (1Co 3:10-11, 1Pe 2:5). Ese edificio no se puede construir con diseños humanos ni con materiales de mala calidad, sino conforme a las directrices que Jesucristo revela a través de las Escrituras y de sus siervos, que ejercen los ministerios porque operan en los dones espirituales. Un pastor o maestro que enseña la verdad instruye al pueblo para que cada uno edifique su vida y la de su familia. Por eso, cada congregación se puede comparar con una casa bien construida si está cimentada en la verdad de los apóstoles y profetas (Efe 2:20-21), pero será como un rancho de bahareque y barro que no resistirá el día malo, si está cimentada en doctrinas de hombres o en palabras de falsos profetas (Eze 13:9-15, Lam 2:14).

Lam 2:14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; Y no descubrieron tu pecado para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.

Para que todos lleguen a la unidad de la fe y del conocimiento:

Este objetivo está relacionado con la enseñanza y el gobierno. La unidad de la fe implica una sola enseñanza o doctrina. Esta unidad solo se alcanza si Jesucristo es quien enseña su doctrina y verdad a través de sus siervos maestros, pastores, profetas y apóstoles. Hoy no hay unidad porque muchos de los que enseñan no operan en los cinco ministerios ni bajo los dones del Espíritu Santo, por lo que transmiten al pueblo discursos impregnados de opiniones, interpretaciones, mandamientos de hombres, es decir, enseñanzas que producen confusión (Babel), en vez de dar a conocer la voluntad de Dios y el entendimiento de la verdad, por lo que los llevan a vivir conforme a los estatutos de Babilonia, que buscan producir contaminación y no santificación (Mat 15:9, Apo 18:4).

Apo 18:4 Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas.

Sin embargo, esta generación verá grandes cambios en el trato de Dios con su pueblo, pues los hará entrar nuevamente en el vínculo de su pacto en medio de tiempos de tribulación y angustia (Eze 20:35-37). Por eso, es necesario estar atentos al mensaje que Dios está comunicando a través de sus siervos más entendidos para que formar parte del remanente.

Para que todos lleguen a ser como un varón perfecto:

Se reafirma nuevamente la necesidad de la perfección. Un ministro que no enseña temas cuyo contenido contribuya a alcanzar la perfección de la asamblea no es un ministro de Jesucristo, porque para eso constituyó los ministerios (Efe 4:11-12). Recuerde que Jesucristo en el sermón del monte presentó a Dios como un Padre que quiere hijos perfectos como Él (Mat 5:48). Con frecuencia se escucha en los altares decir frases como: «nadie es perfecto» o «nadie puede ser perfecto». Dios no podía exigirle a su pueblo algo imposible de lograr. Sin embargo, el enemigo los ha convencido de que no deben perder el tiempo buscando la perfección, porque esta no se puede alcanzar, o que no es necesario buscarla porque no es un requisito para la salvación. Estos argumentos y otros, se parecen mucho a los que le dijo la serpiente a Eva en el huerto cuando la hizo entrar en confusión: «mentiras disfrazadas de verdad».

Mat 5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

La verdad es que la perfección es el resultado de una búsqueda continua, por lo que quien más la busca, más la encuentra, y cada día se acercará más a ella, como quien camina hacia una ciudad muy lejana, pero sin abandonar su objetivo. Voy a poner un ejemplo que uso para enseñarle al pueblo: imagínese que inventamos un dispositivo que nos permite medir la perfección y que llamaremos «perfectómetro». Así como el termómetro me permite medir la temperatura, el perfectómetro me permitirá medir el nivel de perfección que ha alcanzado una persona en una escala del 0 al 100 %.

La perfección de Jesucristo es y siempre ha sido del 100 %, ¿por qué? Porque siempre hace la voluntad del Padre y guarda todos sus mandamientos (Jua 12:49), y todos debemos esforzarnos por imitarlo (1Co 11:1). Pablo enseñó que formaba parte de un grupo selecto que estaba en el camino de la perfección y que, por tanto, los demás debían imitarlo (Flp 3:15-17). Sin embargo, también dijo que aún no era perfecto (Flp 3:12-14). Para comprenderlo, usaremos el perfectómetro. Pablo quiso decir que él no había alcanzado el nivel de perfección del 100 %, pero que gracias a la sabiduría, el temor, la obediencia y la perseverancia (requisitos para la perfección) ya había alcanzado ya niveles excelentes, como por ejemplo un 90 % o tal vez un 95 %. Cuando se refirió al grupo selecto, seguramente quiso decir que estaban por encima del 70 %, y que aquellos que estuvieran por debajo de ese nivel debían imitarlos.

Flp 3:15-17 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos… Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros.

Para mayor claridad, seguiré con los ejemplos: si le aplicamos el perfectómetro a un impío, este medirá 0 %. Si lo aplicamos a un creyente que lleva pocas semanas formándose en la verdad y obedeciéndola, el resultado oscilará entre el 1 % y el 3 % (dependiendo de la enseñanza que recibe y de su obediencia). Sin embargo, si lo aplicamos a un creyente que lleva años recibiendo buena enseñanza y que ha procurado obedecerla, el perfectómetro medirá más; tal vez un 30 % o un 40 %. Insisto una vez más en que ese valor dependerá de la calidad de la enseñanza, de su obediencia y perseverancia.

De igual forma, para que una asamblea alcance unos niveles de perfección aceptables, el pastor principal debería tener más del 70 % y el resto de los líderes deberían tener más del 50 %. Sin embargo, Dios viene revelando a los profetas más entendidos que los niveles de perfección no superan el 30 % en los pastores y líderes de las asambleas que dicen seguir una sana doctrina. Esto viene ocurriendo debido a la ignorancia, la confusión, el menosprecio de muchas verdades eternas y la aceptación de las mentiras promovidas por espíritus de error. Le ruego que reflexione sobre todas estas cosas para que Dios le permita estar entre los más perfectos de esta generación, pues para ellos hay grandes promesas (Prov 2:21-22).

Prov 2:21 Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en ella.

Para que todos alcancen la estatura de la plenitud de Cristo:

La santidad, la perfección, el conocimiento y la sabiduría de Jesucristo son plenos, pero el pueblo debe esforzarse por alcanzarlos en la medida de lo posible. Jesucristo, como Hijo primogénito, no es egoísta; quiere que todos sus hermanos menores aprendan de él y lo imiten. Cada uno tiene una estatura distinta delante de Dios, y se supone que la estatura del maestro, pastor, profeta o apóstol es mayor que la del resto de la asamblea. Por tanto, ellos deben ser un modelo a seguir para el pueblo en santidad, conocimiento, sabiduría, perfección e integridad.

Cabe destacar que los maestros y pastores que enseñaban al pueblo en los días de Jesucristo, es decir, los escribas y fariseos, aunque tenían mucha letra, ignoraban muchas verdades eternas y se creían sabios. En realidad, eran como enanos espirituales que se creían gigantes (Mat 5:19). Tenían el perfectómetro averiado, por lo que su concepto de la justicia y de la perfección era erróneo, como ocurre ahora con algunos ministros. Por eso Jesucristo advirtió al pueblo en su sermón del monte que no debían imitarlos, ya que no merecían el reino de los cielos por sus obras (Mat 5:20).

Mat 5:20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Como se puede apreciar, es imprescindible que los cinco ministerios funcionen de manera legítima en toda asamblea. Estos deben ser ejercidos por hombres llamados, consagrados y capacitados por el Hijo, para que puedan desempeñar su labor conforme a la verdad. En consecuencia, estos ministerios deben ser valorados, correspondidos y honrados por el pueblo, a fin de alcanzar los objetivos para los que cuales el Hijo los constituyó (Heb 13:7, 1Ti 5:17).

Lo que da legitimidad a los cinco ministerios

En una congregación había un siervo que ministraba al pueblo en tres ministerios: el de maestro, pastor y apóstol. Sin embargo, mientras orábamos, Dios habló por medio de un profeta al que admiro por ser un vaso limpio que Él utiliza para hablar la verdad. Las palabras que pronunció estaban relacionadas con el siervo del que les hablo, y fueron estas: «Él es mi maestro». Lo repitió varias veces y entendí en el espíritu que era el único ministerio legítimo que había recibido de Dios y que los otros dos le habían sido asignados por voluntad humana. Esto ocurre con mucha frecuencia con todos los que ejercen varios ministerios, por eso es conveniente conocer los asignados por Dios para no descuidarlos por ejercer los asignados por los hombres (Col 4:17, 1Ti 4:14).

Col 4:17 Decid a Arquipo: mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

Un ministro aprobado debe cumplir una serie de requisitos rigurosos comparables a los de un profesional titulado que asume un cargo de alta responsabilidad. Tomemos como ejemplo un médico: para ejercer su profesión, debe someterse a una formación exhaustiva. Por otro lado, un terapeuta sin preparación, carente de las competencias necesarias, puede poner en peligro la vida de sus pacientes. Del mismo modo, un ministro que no ha sido preparado por el Espíritu de Dios puede llevar a su congregación a errores doctrinales y a la confusión. En otras palabras, un pastor o maestro que ejerce su ministerio sin el llamado, la santificación y la capacitación del Espíritu Santo adecuados representa un peligro mayor que un terapeuta sin la preparación adecuada. Si este último comete un error, puede causar la muerte de un paciente y su familia buscará justicia. Sin embargo, si un pastor o maestro se desvía de la verdad, puede llevar a muchas personas a la condenación eterna sin que nadie se percate del daño causado (1Ti 4:16).

1Ti 4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

En la actualidad, son muchos los que se atribuyen el derecho de ministrar en uno de los cinco ministerios. Sin embargo, es evidente que no todos poseen las cualidades que deben distinguir a un verdadero ministro. Por eso era necesario que el apóstol Pablo aclarara mediante una lista de requisitos, las cualidades que deben poseer los siervos para ejercer legítimamente uno o varios de los cinco ministerios. Entre estas se encuentran las siguientes:

·        Deben ser siervos de Jesucristo, de tal manera que no deben actuar basándose en una visión o doctrina en particular, sino apegados a la palabra de verdad (Rom 1:1).

·        El ministerio no lo ejercen porque les ha sido otorgado por un hombre, sino porque el Hijo de Dios lo ha revelado y confirmado de diversas maneras (1Ti 4:14, Hch 13:2-3).

·        Todo lo que hace el ministro es para agradar al Padre y al Hijo. No para agradar a quienes le designaron ni a los que asisten a su congregación (Gál 1:10).

·        Debe consagrarse o santificarse, ya que el Hijo de Dios solo utiliza vasos limpios para llevar a cabo su obra (2Ti 2:21-26).

·        Ser capacitado previamente por el Espíritu Santo. Por mi experiencia personal, la capacitación de un ministro de Dios debe ser tan completa y exigente como la de una universidad de prestigio. Con esto no quiero decir que el ministro deba formarse en un instituto bíblico, pues la enseñanza que se imparte en muchos de esos lugares está inspirada en doctrinas con mandamientos de hombres e interpretaciones privadas (2Pe 1:20-21).

·        Otros requisitos que Pablo escribió en una de sus cartas a Timoteo son los siguientes: ser irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, sabio o apto para enseñar; no dado al vino, no dado a los pleitos, no codicioso de ganancias deshonestas, no avaro; debe gobernar bien su casa, ser amable, pacífico, tener a sus hijos en sujeción, tener buen testimonio de los de afuera, etc. (1Ti 3:2-7).

Una señal contundente que evidencia que alguien ha sido llamado y capacitado para ejercer un ministerio es la manifestación de los dones del Espíritu Santo necesarios para ello. Por ejemplo, en el caso de un pastor o maestro, es necesario que se manifiesten dones como el de palabra de sabiduría y los de revelación, porque son fundamentales para enseñar y perfeccionar. En el caso de un evangelista, son imprescindibles los dones de discernimiento de espíritus, de ciencia y de sanidades, ya que son necesarios para que Dios obre una liberación.

1Co 14:12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.

Quien honra los cinco ministerios honra al Hijo

Jesucristo constituyó los cinco ministerios para que su obra continuara tal y como la inició desde su advenimiento: él fue maestro y constituyó este ministerio para que todo aquel a quien llame y capacite lo haga en su lugar. Él también fue pastor y aún lo sigue siendo de aquellos rebaños que son pastoreados por siervos que él ha llamado, santificado y capacitado para guiar a un pueblo conforme a la verdad. Si algún pastor o maestro no enseña conforme a la verdad, no es un ministro legítimo, por lo que el pueblo al que enseña puede correr el riesgo de perder su salvación (1 Ti 4:16), ya que la verdad, es decir, sus mandamientos, es lo que libera y santifica al pueblo (Sal 119:86, Jua 8:32, Jua 17:17).

Jua 17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

Ahora bien, es conveniente que los cinco ministerios sean debidamente honrados, para que se alcancen en el pueblo los objetivos para los que el Hijo los constituyó (Efe 4:11-13). Recuerde que la justicia y la honra son hermanas; por tanto, el que honra el ministerio del maestro prestando atención a su enseñanza, honra al Hijo, y sus acciones le serán contadas por justicia, es decir, será tenido por justo delante de Dios (Jua 5:23). Del mismo modo, el que escucha el mensaje dado por un siervo y profeta, no está honrando al siervo, sino al Hijo. Esto se debe a que el verdadero siervo no habla con sus propias palabras, sino con las palabras que el Hijo le dio para advertir, exhortar, corregir o enseñar acerca de alguna iniquidad que se debe abandonar o una situación que es necesario remediar. Estos son meros ejemplos de la necesidad de honrar los ministerios; ahora profundizaremos un poco más en cada uno de ellos.

Jua 5:23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.

Cómo honrar el ministerio del maestro

Teniendo en cuenta los argumentos anteriormente mencionados, un verdadero maestro que ha sido llamado, consagrado y capacitado para enseñar la verdad debe ser escuchado, porque las verdades que el Espíritu Santo le ha enseñado y revelado en el secreto deben ser escuchadas en público, para que se produzcan frutos de justicia y santidad en el pueblo (Isa 55:10-11).

         La mejor manera de honrar el rol de maestro que Jesucristo ejerce a través de sus siervos es convertirse en un excelente discípulo (Jua 15:8). El mejor discípulo es el que mayor honra da al Hijo, y este se caracteriza por poseer virtudes como amar la enseñanza de un buen maestro, tomar apuntes de la palabra dada y meditarla para aclarar o ampliar más sobre el tema. Si recibe una verdad nueva para él, no la menosprecia, sino que investiga sus fundamentos en la palabra (Prov 8:10-11).

Jua 15:8 En esto es honrado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Además, el buen discípulo de Cristo sabe que la enseñanza no es mera teoría, sino una palabra que se debe honrar y obedecer, es decir, poner en práctica, porque si no, sería como un oidor olvidadizo que no agrada a Dios (Stg 1:25). Por eso, está dispuesto a realizar todos los cambios que se requieren en su vida, aunque algunos impliquen pagar un alto precio, como ser menospreciado por aquellos que no comprenden aún la verdad revelada. Algunos de los cambios que deben hacer los discípulos son: el estilo de vida, los hábitos, las costumbres, las conductas aprendidas de su familia y entorno, y el desechar errores y argumentos erróneos, entre otros. El discípulo entendido sabe que si no hay cambios tampoco habrá paz, ni santidad, ni podrá honrar al Hijo, ni dar gloria al Padre (1Pe 1:14-16, Heb 12:14).

1Pe 1:14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: sed santos, porque yo soy santo.

En resumen, quien honra la función del maestro asiste a todas las enseñanzas pautadas, presta atención, toma nota, medita y trata de ponerla en práctica. En consecuencia, se producirán cambios en sus hábitos, costumbres y conductas, porque la finalidad de la enseñanza es ir matando poco a poco al viejo hombre e ir dando vida a uno nuevo que se parece al Hijo de Dios (Efe 4:21-24). Cabe destacar que un verdadero maestro de la palabra es el mejor discípulo de Cristo, ya que él es el mejor ejemplo de alguien que posee todas las virtudes necesarias para honrar su propio ministerio.

Efe 4:21-24 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Cómo honrar el ministerio del profeta

El profeta es uno de los ministerios más menospreciados, y por tanto menos honrado. Jesucristo también fue víctima de ese menosprecio, por eso dijo: «No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa» (Mar 6:4). Hay varias razones por las que ocurre esto. En primer lugar, porque abundan los charlatanes que dicen ser profetas y hablan de sus visiones y sueños, pero están vacíos de la palabra de verdad (Jer 23:25-28). Estos profetas son como serpientes que encantan a quienes escuchan sus palabras vanas. Hablan más por cuenta propia que por revelación genuina, por lo que no forman parte de esos mensajeros legítimos que Dios envía para restaurar y sanar a su pueblo con sus verdades eternas. En segundo lugar, porque el ministerio profético, como los demás, requiere una capacitación rigurosa. A menudo, los profetas novatos confunden al pueblo porque interpretan sus visiones y sueños dando significados erróneos que no contribuyen a la edificación. Estos necesitan ser vigilados y orientados por siervos y profetas maduros y sabios.

En tercer lugar, porque hay espíritus inmundos que cautivan a los profetas que no se santifican, y los utilizan para difundir enseñanzas y doctrinas de confusión que perjudican a sus seguidores y a menudo llevan al divorcio, a la contaminación y a la división. Ejemplos de ello son los espíritus conocidos como Jezabel y Balaam (Apo 2:14, 20). Del primero se enseña mucho pero hay poca revelación sobre su operación. Para finalizar, ciertamente la mayoría de las palabras de verdad que Dios envía a través de sus siervos y profetas son difíciles de aceptar para el pueblo, porque son como fuego que quema, y como el martillo que quebranta la piedra (Jer 23:29). La experiencia y la propia palabra nos enseñan que el pueblo y el sacerdocio tienden a rechazar a estos siervos cuando les muestran sus iniquidades y sacan a la luz pecados ocultos que no les conviene que se sepan (Jer 1:17-19, Eze 2:4-5).

Jer 23:28-29 El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová. ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?

El ministerio profético se constituyó desde el principio, porque Dios siempre necesita mensajeros que den a conocer sus mandatos, mandamientos, advertencias, enseñanzas, consejos y juicios a los hombres. Quien menosprecia las palabras del profeta que Dios le envía (1Ts 5:20), sin darse cuenta, menosprecia al Dios que le envió, y su rebelión no quedará impune (2Re 17:13-18, Jer 7:25-29). Dios estableció mandamientos para que su palabra fuera honrada cada vez que enviara a uno de sus mensajeros. Uno de estos mandamientos fue dado al pueblo a través de Moisés, y dice así: «Profeta les levantaré de entre sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Pero a cualquiera que no obedezca mis palabras, a quien él hable en mi nombre, yo le pediré cuenta» (Deut 18:18-19).

1Ts 5:20 No menospreciéis las profecías.

Cómo honrar el ministerio del pastor

Jesucristo es el buen pastor de su pueblo; sin embargo, después de resucitar, delegó esta función en el ministerio que estableció para este propósito (Efe 4:11). Por eso, cuando Él escoge, consagra y capacita a uno de sus siervos para que le sirva como pastor, no es el hombre quien realmente pastorea, sino Jesucristo a través de él. El pastor es también un maestro, pero además tiene la responsabilidad de guiar al pueblo, tal como lo hace cualquier pastor con su rebaño, que necesita el mejor pasto para estar robusto y sano, para luego ser presentado como una ofrenda acepta (Lev 3:7).

Heb 13:17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.

Lamentablemente, algunos pastores se han desviado del propósito original de su vocación. Han convertido las congregaciones en clubes donde la gente se reúne para complacerse mutuamente: el pastor complace al pueblo y este al pastor, y también el pastor y el pueblo a los nuevos visitantes, pero nunca se ponen de acuerdo para agradar a Dios conforme a su verdad. Por ejemplo, se preparan cánticos para agradar a los jóvenes y a los invitados, pero no para agradar a Dios; también se imparten enseñanzas motivacionales dirigidas al alma y no a la restauración espiritual del pecador para que se convierta en una nueva criatura. En definitiva, el Hijo de Dios no pastorea en esos lugares porque allí no hay uno de sus pastores y, en consecuencia, la mayor parte del pueblo que se reúne no forma parte de su rebaño, porque sus ovejas oyen su voz y lo siguen (Jua 10:27).

Jua 10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.

Jesucristo dejó una gran enseñanza a los pastores, pero no han entendido su verdadero significado. Antes de nombrar a Pedro como el pastor de todos los judíos, le hizo tres preguntas similares: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?» (Jua 21:15-17). Pedro, quien había sido instruido por el Pastor de pastores, sabía que en realidad le estaba preguntando si guardaba sus mandamientos con más fidelidad que el resto de los discípulos (Jua 14:21). La enseñanza de esta conversación, a menudo mal interpretada, es la siguiente: El Hijo de Dios solo elige como pastores a quienes más aman y guardan sus mandamientos para que enseñen y den ejemplo de justicia y santidad al rebaño.

Jua 14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Mi consejo para usted pastor es que no prepare enseñanzas para agradar al rebaño, sino para procurar que ese rebaño aprenda a agradar cada vez más a Dios y sea perfeccionado. Por eso cada enseñanza debe centrarse en cómo eliminar el pecado, la levadura que lo contamina (Gál 5:9) y esto solo se logra enseñando los mandamientos, porque cada pecado que se comete es consecuencia de la transgresión de un mandamiento distinto; de modo que si alguien peca en cien iniquidades es porque ignora también esa cantidad de mandamientos (1Jn 3:4). Recuerde que todos servimos a un Dios santo que espera santidad y perfección de su pueblo (Mat 5:48, 1Pe 1:14-16, Heb 12:14).

1Jn 3:4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley.

Cuando el pastor ejerce su ministerio conforme al diseño establecido por Dios, le da al rebaño la oportunidad de honrar al Pastor de pastores, porque aquellos que aún son como cabras entenderán, por medio de la enseñanza y de su ejemplo, cómo llegar a ser buenas ovejas. Por otro lado, el rebaño que honre a su pastor, que sirve a Jesucristo alimentándolo con el mejor pasto, también honrará al Hijo de Dios y le dará razones para que le reconozca como uno de sus siervos y no lo niegue cuando sea llamado a juicio (Mat 7:22-23, 25:32-33). Ahora bien, ¿qué puede honrar más a ese pastor? Preste atención a sus enseñanzas, póngalas en práctica y siga su ejemplo (Heb 13:7).

Heb 13:7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.

El ministro que no honra al Hijo arriesga su salvación y la de muchos

El pastor que no enseñe a sus cabras a ser preciosas ovejas recibirá el mismo destino que ellas, porque es como un ciego que guía a otros ciegos y, por tanto, todos caerán en el mismo hoyo (Mat 7:22-23).

Mat 7:22-23 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Por misericordia de Dios, Jesucristo me entregó varios ministerios y, debido a mi llamado, me ha enseñado mucho para evitar que me extravíe o caiga en la confusión. Para lograr su propósito, me ha permitido ver lo que ocurre con aquellos que han dejado de velar. Por ejemplo, Dios me ha usado de una manera similar al profeta Samuel quien recibió la misión de exhortar al sacerdote Elí por cometer el error de honrar más a los hombres que a Dios (1Sa 2:29-30, 3:11-18). Voy a contarles algunas revelaciones que Dios me dio, con la esperanza de que les sirvan de edificación, así como me sirvieron a mí en el pasado (1Co 14:3).

Ejemplos de cómo Dios revela la condición espiritual de los ministros

         La ceguera espiritual de un apóstol

Una vez me reveló la condición espiritual de un apóstol de mi ciudad de la siguiente manera: vi a un joven enfermo, desnutrido y desorientado, y pensé: «El pobre necesita ayuda y orientación». Entonces, oí la voz de Dios en mi interior que me dijo: «Ahí está su padre». Al instante, vi al apóstol. Pude ver que llevaba puestos unos lentes, pero estaban exageradamente rayados. Le pedí que me los prestara y, al ponérmelos, me di cuenta de que era muy difícil ver con ellos. Entonces pensé: «Con razón su hijo está así, pues él no puede ver su necesidad ni su condición». Así terminó la revelación. Comprendí que Dios me estaba mostrando que ese pastor era como el sacerdote Elí, pues tenía una visión física y espiritual pésima. Recuerden que Elí confundió a Ana con una mujer ebria cuando ella oraba a Dios con amargura por ser estéril. Su falta de discernimiento espiritual tuvo consecuencias negativas para sus hijos y para todo el pueblo que dirigía (1Sa 1:12-15). En esta revelación, el joven representaba a los hijos espirituales del pastor, que estaban en una condición espiritual similar (desnutridos y desorientados) por la mala calidad de la enseñanza que les estaba dando (1Ti 4:16).

1Ti 4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

         La impureza de los hijos espirituales de un pastor

En otra revelación, vi a una multitud caminando como en una peregrinación. Mientras caminaba, me encontré con un anciano pastor conocido, que se quejaba y decía: «Ufff, qué feo huele, alguien está hediondo». Al oír sus palabras, vi que llevaba de la mano a un niño de unos dos años (que también caminaba), pero estaba totalmente desnudo y también vi que había defecado y que estaba untado de excrementos; el olor del que se quejaba provenía del niño. Seguí adelante con la peregrinación, pero, transcurrido un tiempo, me volví a encontrar al pastor y se repitió la misma escena: volvió a quejarse por el mal olor y volví a ver al niño desnudo, sucio y lleno de excrementos. Después de meditarlo, comprendí que ese niño no era su nieto, sino un símbolo de los niños espirituales a los que el anciano pastor había guiado y enseñado en los últimos años (1Co 3:1-3). A esos niños espirituales todavía les daba solo leche (rudimentos) y eran inexpertos en la palabra de justicia (Heb 5:12-14). .Por lo tanto, seguían contaminándose a sí mismos y aún no habían aprendido a lavar sus vestiduras como el que ya ha madurado (Apo 7:14).

1Co 3:1-2 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía.

Para que entiendan cómo esta revelación edifica, les pondré un ejemplo: toda madre que tiene un niño menor de tres años, debe cuidar que no se ensucie ni coma algo indebido. Además, debe bañarlo, cambiarlo y lavar su ropa, es decir, el niño no puede purificarse solo, por lo que es responsabilidad de la madre. A medida que el niño crece, será más inteligente y entendido, por eso su madre le enseñará a mantenerse limpio, a lavarse las manos, a bañarse y a cambiarse cuando sea necesario. Este proceso de bañarse, cambiarse e incluso lavar su ropa está relacionado con la santificación, un mandamiento que Dios ordena a todos sus hijos, porque quiere hijos santos (Apo 22:11, 1Pe 1:14-16).

Apo 22:11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.

El niño espiritual no sabe santificarse, por lo que delante de Dios, será como aquel niño que guiaba el pastor y que hedía por su contaminación. En cambio, el siervo que ha madurado sabe y debe santificarse a sí mismo, por lo que su olor será agradable como una ofrenda perfumada (Ecl 10:1). Todo pastor es responsable de enseñar a su rebaño a santificarse, pero la ignorancia les impide hacerlo, porque lamentablemente, algunos son como los hijos de Elí, sacerdotes que no conocían la verdad ni la santidad (1Sa 2:12).

1Sa 2:12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

Un pastor al que Dios veía como un perro y un borracho

Mientras Dios me revelaba misterios relacionados con el ministerio del pastor, donde usaba distintas especies de animales para desarrollar mi discernimiento espiritual (estos misterios los publicaré en otro libro). En esa revelación, Dios comparaba a los pastores que no ministraban bajo la unción del Hijo con los perros. En esos días, Dios me dio un sueño en el que vi a un hermano de otra congregación y doctrina. Este estaba junto a su pastor, que estaba borracho y se comportaba como tal. Al despertar, comencé a meditar sobre el significado del sueño y Dios me dio la siguiente palabra para que comprendiera la revelación:

Isa 56:11-12 Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como este, o mucho más excelente.

Dios dotó a ciertas razas de perros de las habilidades necesarias para ayudar a los pastores de rebaños, de ahí que a esas razas se les llame «pastores», como ocurre con el pastor alemán. Sin embargo, no debemos olvidar que Dios creó los animales para edificar y enseñar a su pueblo santo (Job 12:7). Una de las enseñanzas que Dios nos da a través de los pastores alemanes es que en su pueblo hay pastores que no ministran bajo el gobierno de su Hijo y con la pericia de un pastor y maestro santo (Sal 78:70-72), sino que son como perros guiando a un rebaño, y en vez de enseñar lo que hacen es ladrar (Isa 56:11).

Sal 78:70-72 Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; de tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos.

Después de comprender el significado del sueño, llamé al hermano con quien había soñado para comentarle el sueño y la revelación, y así poder advertirle para que orara por su pastor. Sin embargo, uso esta enseñanza cada vez que Dios me permite ministrar a pastores, porque es para su edificación.

Un pastor quemando fuego extraño

En otro sueño que tuve vi a un pastor que estaba ebrio y fumando un cigarrillo. Por su forma de hablar me di cuenta que no estaba cuerdo pues la ebriedad lo hacía hablar incoherencias. Para comprender su revelación, Dios me habló a través de Levíticos capítulo 10.

Lev 10:1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó.

Lev 10:8 -10 Y Jehová habló a Aarón, diciendo: tú, y tus hijos contigo, no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio.

Al meditar en esta palabra, entendí que los dos hijos de Aarón que murieron por quemar fuego extraño estaban ebrios (Lev 10:9). La falta de cordura y discernimiento provocada por la ebriedad los había llevado a cometer errores al ofrecer el incienso. Ahora bien, con esto no quiero decir que esta exhortación se dirige a los pastores que se emborrachan y luego ministran al pueblo en ese estado. Más bien, esta revelación de esta palabra enseña que la falta de conocimiento y de entendimiento de la verdad lleva a los pastores a predicar argumentos falsos e incoherencias sobre las verdades del reino de Dios. Aunque el pueblo incauto y carnal acepte esas prédicas como sublimes, para Dios son incoherencias que no edifican ni santifican y, por tanto, son como palabras dichas por alguien que carece de discernimiento, es decir, un borracho. De ahí la advertencia del apóstol Santiago cuando dijo que quien se hace maestro de la palabra debe tener cuidado, porque corre el riesgo de recibir mayor condenación (Stg 3:1).

Stg 3:1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.

Una profetisa que operaba bajo el espíritu de adivinación

Ahora les contaré una experiencia que tuve con una hermana profetisa que visitó nuestra congregación. Dios me dirigió la siguiente palabra para exhortarla. Dice el Señor: «No te veo como una profetisa (Débora), sino como Balaam, el hechicero, porque vives como una impía y practicas iniquidades que no practican mis siervas santas. Por eso te exhorto para que te santifiques porque mis profetas deben ser santos». Aunque esa hermana recibía revelación de Dios en ocasiones, como le ocurrió a Balaam (Núm 23:5), en muchos casos actuaba bajo el espíritu de adivinación (Eze 13:6-7), y con sus profecías incitaba a pecar a quienes les escuchaban (Núm 31:16). Dios nos enseñó que una línea delgada separa el don de profecía que da el Espíritu Santo del espíritu de adivinación que opera con los hechiceros, y esa línea es la santidad y la obediencia a la verdad. Un profeta que comete iniquidades abre puertas al espíritu de adivinación y a otros como el de Balaam y de Jezabel (Apo 2:14, 20).

Apo 2:14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.

Una profetisa que se desvió del camino

Hacia el año 2005, una hermana profetisa visitó el templo donde yo me congregaba. Dios la utilizó para enseñarme y darme una palabra que me conmovió y me motivó a buscarle, lo que produjo una restauración en mi vida espiritual. Pasados más de diez años, volví a recordar aquella profetisa y anhelé que volviera a visitarnos. A raíz de esto, Dios me dio la siguiente palabra: «La profetisa que conoció en el pasado ya no es la misma, porque se desvió de mi camino, por lo tanto, no anheles su visita». Esta palabra me llevó a reflexionar y a reconocer que yo también podía desviarme de su camino si no velaba por mantenerme en obediencia a todo lo que me había enseñado (1Pe 5:8).

1Pe 5:8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;

El mal ejemplo de una pastora

Para finalizar, recuerdo que, cuando viajé a otra ciudad para visitar una congregación, algo llamó mi atención nada más entrar al primer servicio: muchas de las mujeres que se reunían allí llevaban el pelo corto, como un hombre. Por si no lo sabía, la longitud del cabello está muy relacionada con la honra. Recuerden que Pablo enseñó lo vergonzoso que es para un hombre dejarse crecer el cabello, pero lo honroso que es para una mujer (1 Co 11:14-15). Por tanto, un pueblo santo debería tener como parte de sus costumbres que los hombres se corten el pelo y las mujeres lo lleven largo. Al ver aquella iniquidad, comencé a pensar cuál sería la causa, y, para mi sorpresa, cuando pasó a predicar la pastora, esta tenía el pelo corto. Lo que quiero resaltar con esta experiencia es que los ministros deben dar ejemplo de cumplimiento de los mandamientos y promover costumbres santas. Quien no hace esto deshonra al Hijo y al Padre, pues comete la misma iniquidad que Jeroboam, quien pecó e incitó al pueblo a hacer lo mismo (1Re 14:16, 1Re 15:34). Puede que esto le parezca irrelevante, pero lo cierto es que algunos ministros están incitando al pueblo a practicar abominaciones como el adulterio.

1Co 11:14-15 La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

Estas son solo algunas de las revelaciones y experiencias que Dios nos ha dado para que velemos en todo tiempo y lugar, porque Satanás es muy astuto y está causando mucho daño al pueblo al convertir a los ministros que no velan en sus siervos, lo que pone en riesgo la salvación de muchos. En consecuencia, Dios se ve en la necesidad de intervenir por medio de la enseñanza, la exhortación y la disciplina para que vuelvan al buen camino. Pero ¡ay de los ministros y de sus seguidores que no escuchan las advertencias y exhortaciones que Dios, en su misericordia, les hace llegar para salvarles! (2Cr 36:14-16).

Testimonios del menosprecio en la asignación del ministerio

En nuestros días, Dios quitará el manto ministerial a maestros, pastores y demás ministros que no quieran abandonar las iniquidades del sacerdocio de Elí y de sus hijos (1Sa 2:28-32), y levantará un nuevo sacerdocio fiel y dispuesto (1Sa 2:35-36). Estos no serán capacitados en los institutos bíblicos o según mandamientos de hombres, sino que el mismo Dios, a través de los dones del Espíritu Santo y de sus siervos más entendidos, los capacitará para que ministren en sus lugares santos (1Jn 2:27-29). Por eso, no está bien que nos aferremos a los ministerios con los que hemos servido a Dios durante muchos años. Conviene pedirle que nos revele cuál será nuestra nueva asignación, conforme a su plan para estos tiempos finales. Recordemos que algunos están sirviendo en ministerios que han sido designados por el hombre y no por el mismo Dios (Hch 13:2, 1Ti 4:14, Col 4:17).

Col 4:17 Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.

En mis últimos años de ministerio, Dios me ha permitido conocer su voluntad en la reasignación de los ministerios de varios siervos. Por ejemplo, algunos pastores están llamados a ministrar como profetas y, por eso, deben orar para pedir los dones que les caracterizan. Sin embargo, lastimosamente, algunos no creen. Por eso, después de cierto tiempo, como le ocurrió a Saúl, Dios retira su promesa o llamado y le da la oportunidad a otro que sí le cree, cumpliéndose en ellos la enseñanza de la parábola de los talentos (Mat 25:24-29).

Mat 25:28-29 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Virtudes requeridas para honrar al Hijo

En el capítulo dos argumentamos que es necesario poseer virtudes especiales para honrar cada uno de los roles de Dios. Uno de los objetivos de las enseñanzas de los cinco ministerios es desarrollar esas virtudes en el pueblo, para que cada uno aprenda a honrar al Hijo de Dios conforme a la verdad. Algunas de estas virtudes son las siguientes:

·        Sabiduría: él es la fuente de sabiduría, pero es necesario amar la buena enseñanza, creer en ella y ponerla en práctica cada día.

·        Disposición para escuchar las enseñanzas de la verdad que Dios da a través de los cinco ministerios (Jua 8:31-32, 14:6, 21). Entenderá que le están enseñando la verdad porque su nivel de santidad aumentará (Jua 17:16-17).

·        Cumplir los mandamientos que Dios le enseña a través de los cinco ministerios (Jua 14:21)

·        No importa que su fe sea sin obras en el momento de la conversión, pero después de comenzar a recibir enseñanzas, debe manifestarse en obras, porque estas son para enseñarle cómo obrar (Stg 2:17-26).

·        Conocer y practicar la justicia de Dios (Mat 6:33)

·        Buscar la perfección como aquel que anhela alcanzarla (Mat 5:48)

·        Mansedumbre (Mat 11:29) y humildad (Mat 11:29) para aceptar la corrección y las nuevas enseñanzas.

·        Disposición para escuchar consejos, corrección y exhortación conforme a la Escritura

·        Disposición para la disciplina o sufrir las consecuencias de los errores

·        Disposición para escuchar y obedecer mandatos dados por medio de los ministerios, o directamente mediante sueños, o por revelación del Espíritu Santo.

·        Disposición para cambiar hábitos y costumbres conforme a los mandatos y enseñanzas de los ministerios.

·        Disposición para someterse a cualquier autoridad, incluida la de quien ejerce algún ministerio cuyo nivel de fe sea superior al suyo (Rom 12:3).

Consecuencias para quien no honra al Hijo

Son muchas las consecuencias que acarrea para un pueblo el menospreciar los cinco ministerios que el Hijo ejerce a través de siervos santos y dispuestos a hacer su obra. Lamentablemente, hay organizaciones de iglesias y congregaciones cuyas enseñanzas doctrinales no aceptan los cinco ministerios, por lo que no permiten que el Hijo los gobierne y enseñe de manera plena. La mayoría solo aceptan al maestro, pastor y evangelista, pero no disciernen si estos tienen un llamamiento genuino. El ministerio que más menosprecian es el del profeta, a pesar de que es uno de los que más usa Dios para traer revelación sobre su voluntad y el plan para la salvación del remanente (Eze 37:1-10). Por eso, las asambleas que no escuchen a los profetas santos no participarán en la restauración, ni se prepararán para resistir los días malos y difícilmente formarán parte del remanente (Eze 37:4-10).

Eze 37:10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.

Por otro lado, los ministerios fueron constituidos por el Hijo para la continua edificación y perfección del pueblo santo, por lo que aquellas asambleas que no permiten su plena operación junto a los nueve dones espirituales, siempre serán como niños débiles en la fe que no crecerán en el conocimiento y la sabiduría que vienen de Dios y, por lo tanto, nunca alcanzarán niveles aceptables de perfección (Efe 4:12-13). Finalmente, el Hijo nos honró primero al morir en la cruz para perdonar nuestros pecados, darnos salvación y vida eterna. Por eso, quien no lo honra como se merece sufrirá las consecuencias de su deshonra (Sal 2:12).

Oración para quien desea honrar al Hijo de Dios

Bendito eres Dios y Padre celestial y bendito tu Hijo, a quien enviaste para darnos salvación. Gracias por enseñarme a honrar a tu Hijo, nuestro Señor, a través de los ministerios que constituyó para nuestra edificación y perfección. Perdóname por menospreciarlos tantas veces por no comprender esta verdad. Intercedo por los ministros que usas actualmente para guiarme por el camino de la perfección. Exhórtalos y vela por ellos para que los saques de confusión y no caigan en el error. Te ruego que me enseñes a discernir entre tus ministros y los que no lo son para no confundirme. Forja en mí todas las virtudes necesarias para poder honrar a tu Hijo, nuestro Señor. Si te place, te ruego que me prepares para poder servirte en un ministerio conforme a tu plan y tu voluntad para mi vida. Amén.


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