LOS ROLES DEL HIJO DE DIOS
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E |
n 2010, un siervo que Dios utilizó
para revelarme algunas cosas importantes, me contó una revelación que me
conmovió porque no comprendía la profundidad de lo que Dios quería decirme. La
revelación fue la siguiente: «Vi a un predicador en una tarima hablando a una
gran multitud que parecía estar en un estadio deportivo. Pude notar que solo
hablaba de Jesucristo, de su gracia y misericordia y de la fe que se le debe
tener, y de cada uno de los beneficios que ofrece al pueblo, como sanador,
salvador, perdonador, protector, proveedor, etc. Pero me llamó la atención que
ese pueblo lo escuchaba como si estuviera hechizado».
Como
le dije, esa revelación me dejó pensativo y, desde entonces, quise comprender
el significado o el mensaje que Dios quería transmitirme al respecto. Después
de todos estos años, he comprendido que el enemigo está cautivando al pueblo
usando la ignorancia como principal arma. Aquel predicador, aunque hablaba de
Jesucristo, solo mostraba una visión muy limitada de su papel con su pueblo.
Ese tipo de mensajes crea un pueblo interesado solo por los beneficios que
ofrece tras su sacrificio. ¿Quién no va a seguir a un Dios que ofrece tantas
bendiciones a cambio de tan poco? Lo cierto es que escasean las enseñanzas que hablan del Señor y Rey al que se debe
servir con fidelidad y conforme a los mandamientos enseñados en las
Escrituras; requisito necesario para que Dios Padre nos reconozca como hijos y
formemos parte de su pueblo (Jua 14:21, 23, Heb 8:10).
Jua
14:23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre
le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
En
efecto, el Padre Eterno envió a su Hijo para cumplir varios propósitos, entre
ellos dar ejemplo a su pueblo sobre cómo asumir los roles complementarios para
su gloria (Jua 13:15). Sin duda alguna, Jesucristo fue el mejor siervo de todos
(Flp 2:7-8), ya que incluso los siervos que Dios tenía como modelos tuvieron
desaciertos, como Moisés y David. Además, era necesario que Jesucristo se
mostrara como el mejor modelo de hijo, ya que sería el primogénito de muchos
hermanos, y el Padre esperaba adoptar como a hijos a todos sus siervos que
anhelaran ser como su primogénito (Rom 8:29). En otras palabras, Jesucristo nos
dejó esta gran enseñanza: para ser
hijos, primero hay que ser siervos (Mar 10:45, Mat 7:21, 12:50).
Flp
2:7-8 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante
a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose
obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Ahora
bien, Jesucristo no solo vino a ejercer funciones de hijo y siervo, pues al ser
el Hijo de Dios, también tenía que hacer uso de la autoridad que le había dado
el Padre. Por ejemplo, todos sabemos que vino a sanar, salvar, y liberar a los
cautivos. Sin embargo, es conveniente que el pueblo identifique aquellos roles
que debe honrar, porque él primero le honró al morir por la salvación de todos
(Jua 5:23). Por eso, en este capítulo trataremos de explicarlos de una manera concisa.
Para facilitar su comprensión, primero mencionaremos los roles que ejerció
antes de manifestarse como hombre en la Tierra; segundo, los que asumió cuando
vino en carne, y tercero, los que desempeña después de su resurrección.
Roles que asumió el
hijo de Dios antes de manifestarse en carne
Antes de manifestarse en la Tierra
como un hombre nacido de mujer, adoptaba una forma similar a la de los ángeles,
aunque era superior a ellos (Heb 1:4-6). En los escritos conocidos como Antiguo
Testamento se le menciona muchas veces como «el Ángel de Jehová» (Gén 16:7, Gén
22:11). Si analizamos sus diversas manifestaciones, veremos que en varias
ocasiones desempeñó las siguientes funciones:
1.
Mensajero
de Dios para dar a conocer su voluntad a aquellos siervos con los que Él tenía
un propósito especial (Gén 16:11, Éxo 3:2-10, Jue 2:1-4),
2.
Guardián
protector y proveedor de los siervos de Dios y de sus hijos (Gén 16:11, 1Re
19:7-8).
3.
Guerrero
que se oponía a las obras de las tinieblas (Núm 22:22-27) y ejecutaba los
juicios de Dios contra los enemigos de su pueblo (2Re 19:35).
4.
El
príncipe de los ejércitos de Dios quien admitió la adoración de Josué (Jos
5:13-15). Es pertinente resaltar que Dios no permite que los ángeles acepten
adoración de su pueblo, porque ellos son consiervos de los ministros de Dios, tales
como los guerreros, maestros y profetas (Apo 22:8-9).
5. Intercedió ante el Padre y Juez de
la Tierra para que perdonara los pecados de Israel y de sus siervos amados (Zac
1:12, Zac 3:1-5).
Todos
estos roles mencionados anteriormente y otros más, los desempeñó el Hijo de
Dios en la Tierra antes de manifestarse en carne. No lo hacía por voluntad
propia, sino por mandato de su Dios y Padre.
Zac
3:1, 4 Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de
Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y habló el ángel, y
mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras
viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho
vestir de ropas de gala.
Los roles que asumió
el Hijo de Dios cuando se manifestó en carne
Cuando el Hijo de Dios se manifestó
como un hombre, tuvo que desempeñar primero las funciones de su familia
terrenal. Al haber nacido de una virgen conocida como María, esta se convirtió
en su madre, a la que tuvo que honrar. Del mismo modo, a José su esposo, por
haberlo adoptado como su padre. Por otra parte, como era el mayor de varios
hermanos (Mar 6:3, Luc 3:23), tuvo que dar testimonio de madurez y santidad, porque
así mandaba la ley de Dios a los primogénitos de Israel (Éxo 22:29, Luc 2:23). No
obstante, como era de esperarse, sus hermanos no creían en él (Jua 7:3).
Cuando
Jesucristo inició su ministerio a los treinta años, los roles familiares pasaron
a un segundo plano (Luc 3:23). Ahora era más importante actuar como siervo, sacerdote
e hijo del Dios Altísimo, porque era necesario que cumpliera su propósito en la
Tierra (Mat 12:46-50). En este sentido, desempeñó distintas funciones en la
modalidad de ministerios, tales como: maestro (Mar 1:21-22), pastor (Jua
10:11-14), evangelista o guerrero (Mat 4:23), profeta (Mat 24:2-25) y apóstol
(Heb 3:1). Sin embargo, en el tiempo de su muerte asumió el rol que los
profetas Isaías y Juan habían profetizado acerca de él: el del Cordero de Dios
que sería llevado al matadero para quitar el pecado del mundo (Isa 53:6-7, Jua
1:29).
Jua
1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el
Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Los roles que asumió
Jesucristo después de resucitar
Al igual que el Padre, el Hijo
desempeña hoy una diversidad de roles ante su pueblo que deben corresponderse
debidamente. Por ejemplo, Jesucristo habló de sí mismo diciendo: «Yo soy la luz
del mundo» (Jua 8:12), «Yo soy siervo de mi Padre» (Jua 8:28), «Yo soy la
puerta» (Jua 10:9), «Yo soy el buen pastor» (Jua 10:11), «Yo soy la resurrección
y la vida» (Jua 11:25), «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida» (Jua 14:6),
y «Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin» (Apo 1:8). Sin embargo,
como veremos más adelante, el Padre le prometió a su Hijo que ejercería nuevos
roles de autoridad y gobierno en su pueblo y en todas las naciones como son:
Señor de señores y Rey de reyes (Apo 11:15, 17:14). Por ahora, solamente se ha
enseñoreado de un remanente que le sirve, le ama y guarda sus mandamientos (Luc
6:46), porque no basta con solo creer en él y confesar su nombre, también es
necesario obedecer hasta llegar a ser irreprensibles y sin mancha para mostrar
su luz a los hombres que no le concen (Flp 2:10-15).
Flp
2:15 para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en
medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis
como luminares en el mundo.
El mensaje
evangelístico no motiva a la honra
Por otra parte, sabemos que el
mensaje tradicional del evangelio que se está enseñando exalta el poder de
Jesucristo para sanar, salvar, liberar, perdonar, realizar milagros, proveer,
etc. Sin embargo, es importante recordar que este escrito se centra
principalmente en los roles de autoridad y gobierno, ya que nuestro objetivo es
enseñar al pueblo cómo asumir correctamente los roles complementarios para que
estos sean debidamente honrados. Una de las razones por las que el pueblo no
honra hoy al Hijo de Dios es porque la mayoría de las enseñanzas que se
imparten en las congregaciones tienen una connotación evangelística y, por lo
tanto, se centran en los roles de salvador, perdonador, sanador, libertador y
otros mencionados anteriormente. Estos roles muestran el poder, la
misericordia, la bondad y la gracia del Padre y del Hijo en favor de su pueblo,
pero no demandan honra por sí mismos. En otras palabras, las enseñanzas
evangelísticas actuales no instruyen al pueblo sobre cómo honrar, sino sobre
cómo pedir y esperar recibir del Todopoderoso todos sus beneficios y promesas.
Luc
7:21-22 En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de
espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista. Y respondiendo Jesús, les
dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos
andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son
resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.
Conviene
aclarar que la enseñanza evangelística debe dirigirse fundamentalmente a los
impíos o inconversos, y a los niños espirituales o recién convertidos porque es
como la leche que ellos necesitan primeramente (1Co 3:1-2). Sin embargo, los
creyentes que llevan meses o años formándose para ser santos necesitan que se
les enseñe la sana doctrina, cuyo propósito fundamental es dar a conocer los
mandamientos, la justicia del reino, la voluntad de Dios, y cómo desarrollar virtudes
para servir al Rey de reyes y Señor de señores (Rom 6:17-18, Heb 5:11-14).
Heb
5:12-13 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis
necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de
las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de
leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es
inexperto en la palabra de justicia, porque es niño.
Cómo ejerce Jesucristo
la autoridad y el gobierno
Está bien que se le dé a conocer a
Jesucristo como salvador, perdonador, sanador y proveedor a un impío; esa es la
función de un evangelista. No obstante, un creyente que lleva meses o años en el
camino de la verdad necesita de pastores y maestros que le enseñen a honrar al
Señor de señores. Por tanto, la
formación integral del creyente debe llevarla a cabo los otros cuatro
ministerios, pues Jesucristo ejerce su autoridad y gobierno a través de
ellos.
Efe
4:11-12 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra
del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.
El
apóstol Pablo enseñó que el Hijo constituyó los cinco ministerios para alcanzar
los siguientes objetivos: «perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos
a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto,
a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos
niños fluctuantes» (Efe 4:11-14). Estos
objetivos solo se lograrán si los cinco ministerios están operando en una
asamblea o congregación. Veamos cada uno de ellos por separado:
Perfeccionar a los santos:
La
perfección siempre ha sido un mandamiento que Dios exigió desde el principio a
sus siervos, y como testimonio se mencionan a Noé, a Abraham, a Josué y a Caleb
(Gén 6:9, 17:1, Núm 32:11-12). Esta exigencia continuó en el Nuevo Pacto, pues
Jesucristo la mencionó como un requisito para ser uno de los hijos de Dios (Mat
5:48). Sin embargo, el enemigo la eliminó de la mente de aquellos a quienes se
destinó a cumplirla (Deut 18:13, Mat 5:48). Cabe destacar que esta solo se
logra a través de la enseñanza de la verdad y de temas de santidad (Jua 16:16),
así como imitando el ejemplo de los más perfectos.
Mat
5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos
es perfecto.
Se
supone que el pastor, el profeta o el maestro están mucho más avanzados que el
resto de la asamblea en la perfección, por lo que son responsables de guiar al
pueblo para que alcance este y otros objetivos (Flp 3:17-19). Por tanto, el
ministro que no vive lo que enseña o promueve el pecado con el mal ejemplo que
da a la asamblea, sin comprenderlo, está haciendo tropezar a los más pequeños
y, si no se aparta de su error, tarde o temprano le vendrá el ¡ay! (Mat
18:6-7).
Para la obra del ministerio:
La
enseñanza y santificación del pueblo tiene como propósito prepararlo para que
realice un trabajo útil en la obra de Dios. Esto significa que, además de
santificarse, cada uno debe prepararse en el área en la que va a servir, para
ser un siervo útil y no un ocioso en la obra (1Ts 5:14, 2Pe 1:5-8). A modo de
ejemplo, podemos señalar las siguientes áreas de servicio: adorar a través del
canto, la música o la danza, servir en la puerta o como diácono, evangelizar,
enseñar, aconsejar, interceder, hospedar, etc.
Para la edificación del cuerpo de
Cristo:
El
cuerpo de Jesucristo (la esposa del Cordero) es como un edificio que se va
construyendo poco a poco hasta quedar listo y hermoso. Los arquitectos,
ingenieros y maestros de obra de ese edificio son los cinco ministerios (1Co
3:10-11, 1Pe 2:5). Ese edificio no se puede construir con diseños humanos ni con
materiales de mala calidad, sino conforme a las directrices que Jesucristo
revela a través de las Escrituras y de sus siervos, que ejercen los ministerios
porque operan en los dones espirituales. Un pastor o maestro que enseña la
verdad instruye al pueblo para que cada uno edifique su vida y la de su
familia. Por eso, cada congregación se puede comparar con una casa bien
construida si está cimentada en la verdad de los apóstoles y profetas (Efe
2:20-21), pero será como un rancho de bahareque y barro que no resistirá el día
malo, si está cimentada en doctrinas de hombres o en palabras de falsos
profetas (Eze 13:9-15, Lam 2:14).
Lam
2:14 Tus profetas vieron para ti vanidad y locura; Y no descubrieron tu pecado
para impedir tu cautiverio, sino que te predicaron vanas profecías y extravíos.
Para que todos lleguen a la unidad
de la fe y del conocimiento:
Este
objetivo está relacionado con la enseñanza y el gobierno. La unidad de la fe
implica una sola enseñanza o doctrina. Esta unidad solo se alcanza si Jesucristo
es quien enseña su doctrina y verdad a través de sus siervos maestros,
pastores, profetas y apóstoles. Hoy no hay unidad porque muchos de los que
enseñan no operan en los cinco ministerios ni bajo los dones del Espíritu
Santo, por lo que transmiten al pueblo discursos impregnados de opiniones,
interpretaciones, mandamientos de hombres, es decir, enseñanzas que producen
confusión (Babel), en vez de dar a conocer la voluntad de Dios y el
entendimiento de la verdad, por lo que los llevan a vivir conforme a los
estatutos de Babilonia, que buscan producir contaminación y no santificación (Mat
15:9, Apo 18:4).
Apo 18:4 Y oí otra voz del cielo,
que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus
pecados, ni recibáis parte de sus plagas.
Sin
embargo, esta generación verá grandes cambios en el trato de Dios con su
pueblo, pues los hará entrar nuevamente en el vínculo de su pacto en medio de
tiempos de tribulación y angustia (Eze 20:35-37). Por eso, es necesario estar
atentos al mensaje que Dios está comunicando a través de sus siervos más
entendidos para que formar parte del remanente.
Para que todos lleguen a ser como
un varón perfecto:
Se reafirma
nuevamente la necesidad de la perfección. Un ministro que no enseña temas cuyo
contenido contribuya a alcanzar la perfección de la asamblea no es un ministro
de Jesucristo, porque para eso constituyó los ministerios (Efe 4:11-12).
Recuerde que Jesucristo en el sermón del monte presentó a Dios como un Padre
que quiere hijos perfectos como Él (Mat 5:48). Con frecuencia se escucha en los
altares decir frases como: «nadie es perfecto» o «nadie puede ser perfecto».
Dios no podía exigirle a su pueblo algo imposible de lograr. Sin embargo, el
enemigo los ha convencido de que no deben perder el tiempo buscando la
perfección, porque esta no se puede alcanzar, o que no es necesario buscarla
porque no es un requisito para la salvación. Estos argumentos y otros, se
parecen mucho a los que le dijo la serpiente a Eva en el huerto cuando la hizo
entrar en confusión: «mentiras disfrazadas de verdad».
Mat
5:48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos
es perfecto.
La
verdad es que la perfección es el resultado de una búsqueda continua, por lo
que quien más la busca, más la encuentra, y cada día se acercará más a ella, como
quien camina hacia una ciudad muy lejana, pero sin abandonar su objetivo. Voy a
poner un ejemplo que uso para enseñarle al pueblo: imagínese que inventamos un
dispositivo que nos permite medir la perfección y que llamaremos
«perfectómetro». Así como el termómetro me permite medir la temperatura, el
perfectómetro me permitirá medir el nivel de perfección que ha alcanzado una
persona en una escala del 0 al 100 %.
La
perfección de Jesucristo es y siempre ha sido del 100 %, ¿por qué? Porque
siempre hace la voluntad del Padre y guarda todos sus mandamientos (Jua 12:49),
y todos debemos esforzarnos por imitarlo (1Co 11:1). Pablo enseñó que formaba
parte de un grupo selecto que estaba en el camino de la perfección y que, por
tanto, los demás debían imitarlo (Flp 3:15-17). Sin embargo, también dijo que aún
no era perfecto (Flp 3:12-14). Para comprenderlo, usaremos el perfectómetro.
Pablo quiso decir que él no había alcanzado el nivel de perfección del 100 %,
pero que gracias a la sabiduría, el temor, la obediencia y la perseverancia
(requisitos para la perfección) ya había alcanzado ya niveles excelentes, como
por ejemplo un 90 % o tal vez un 95 %. Cuando se refirió al grupo selecto,
seguramente quiso decir que estaban por encima del 70 %, y que aquellos que
estuvieran por debajo de ese nivel debían imitarlos.
Flp
3:15-17 Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos… Hermanos, sed
imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis
en nosotros.
Para
mayor claridad, seguiré con los ejemplos: si le aplicamos el perfectómetro a un
impío, este medirá 0 %. Si lo aplicamos a un creyente que lleva pocas semanas
formándose en la verdad y obedeciéndola, el resultado oscilará entre el 1 % y
el 3 % (dependiendo de la enseñanza que recibe y de su obediencia). Sin
embargo, si lo aplicamos a un creyente que lleva años recibiendo buena
enseñanza y que ha procurado obedecerla, el perfectómetro medirá más; tal vez
un 30 % o un 40 %. Insisto una vez más en que ese valor dependerá de la calidad
de la enseñanza, de su obediencia y perseverancia.
De
igual forma, para que una asamblea alcance unos niveles de perfección
aceptables, el pastor principal debería tener más del 70 % y el resto de los
líderes deberían tener más del 50 %. Sin embargo, Dios viene revelando a los
profetas más entendidos que los niveles de perfección no superan el 30 % en los
pastores y líderes de las asambleas que dicen seguir una sana doctrina. Esto
viene ocurriendo debido a la ignorancia, la confusión, el menosprecio de muchas
verdades eternas y la aceptación de las mentiras promovidas por espíritus de
error. Le ruego que reflexione sobre todas estas cosas para que Dios le permita
estar entre los más perfectos de esta generación, pues para ellos hay grandes
promesas (Prov 2:21-22).
Prov
2:21 Porque los rectos habitarán la tierra, y los perfectos permanecerán en
ella.
Para que todos alcancen la estatura
de la plenitud de Cristo:
La
santidad, la perfección, el conocimiento y la sabiduría de Jesucristo son
plenos, pero el pueblo debe esforzarse por alcanzarlos en la medida de lo posible.
Jesucristo, como Hijo primogénito, no es egoísta; quiere que todos sus hermanos
menores aprendan de él y lo imiten. Cada uno tiene una estatura distinta
delante de Dios, y se supone que la estatura del maestro, pastor, profeta o
apóstol es mayor que la del resto de la asamblea. Por tanto, ellos deben ser un
modelo a seguir para el pueblo en santidad, conocimiento, sabiduría, perfección
e integridad.
Cabe
destacar que los maestros y pastores que enseñaban al pueblo en los días de
Jesucristo, es decir, los escribas y fariseos, aunque tenían mucha letra,
ignoraban muchas verdades eternas y se creían sabios. En realidad, eran como
enanos espirituales que se creían gigantes (Mat 5:19). Tenían el perfectómetro
averiado, por lo que su concepto de la justicia y de la perfección era erróneo,
como ocurre ahora con algunos ministros. Por eso Jesucristo advirtió al pueblo
en su sermón del monte que no debían imitarlos, ya que no merecían el reino de
los cielos por sus obras (Mat 5:20).
Mat
5:20 Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los
escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Como
se puede apreciar, es imprescindible que los cinco ministerios funcionen de
manera legítima en toda asamblea. Estos deben ser ejercidos por hombres
llamados, consagrados y capacitados por el Hijo, para que puedan desempeñar su
labor conforme a la verdad. En consecuencia, estos ministerios deben ser
valorados, correspondidos y honrados por el pueblo, a fin de alcanzar los
objetivos para los que cuales el Hijo los constituyó (Heb 13:7, 1Ti 5:17).
Lo que da legitimidad
a los cinco ministerios
En una congregación había un siervo
que ministraba al pueblo en tres ministerios: el de maestro, pastor y apóstol.
Sin embargo, mientras orábamos, Dios habló por medio de un profeta al que
admiro por ser un vaso limpio que Él utiliza para hablar la verdad. Las
palabras que pronunció estaban relacionadas con el siervo del que les hablo, y
fueron estas: «Él es mi maestro». Lo repitió varias veces y entendí en el
espíritu que era el único ministerio legítimo que había recibido de Dios y que
los otros dos le habían sido asignados por voluntad humana. Esto ocurre con
mucha frecuencia con todos los que ejercen varios ministerios, por eso es
conveniente conocer los asignados por Dios para no descuidarlos por ejercer los
asignados por los hombres (Col 4:17, 1Ti 4:14).
Col
4:17 Decid a Arquipo: mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.
Un
ministro aprobado debe cumplir una serie de requisitos rigurosos comparables a
los de un profesional titulado que asume un cargo de alta responsabilidad.
Tomemos como ejemplo un médico: para ejercer su profesión, debe someterse a una
formación exhaustiva. Por otro lado, un terapeuta sin preparación, carente de
las competencias necesarias, puede poner en peligro la vida de sus pacientes.
Del mismo modo, un ministro que no ha sido preparado por el Espíritu de Dios
puede llevar a su congregación a errores doctrinales y a la confusión. En otras
palabras, un pastor o maestro que ejerce su ministerio sin el llamado, la
santificación y la capacitación del Espíritu Santo adecuados representa un
peligro mayor que un terapeuta sin la preparación adecuada. Si este último
comete un error, puede causar la muerte de un paciente y su familia buscará
justicia. Sin embargo, si un pastor o
maestro se desvía de la verdad, puede llevar a muchas personas a la condenación
eterna sin que nadie se percate del daño causado (1Ti 4:16).
1Ti
4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo
esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
En la
actualidad, son muchos los que se atribuyen el derecho de ministrar en uno de
los cinco ministerios. Sin embargo, es evidente que no todos poseen las
cualidades que deben distinguir a un verdadero ministro. Por eso era necesario
que el apóstol Pablo aclarara mediante una lista de requisitos, las cualidades
que deben poseer los siervos para ejercer legítimamente uno o varios de los
cinco ministerios. Entre estas se encuentran las siguientes:
·
Deben
ser siervos de Jesucristo, de tal manera que no deben actuar basándose en una
visión o doctrina en particular, sino apegados a la palabra de verdad (Rom 1:1).
·
El
ministerio no lo ejercen porque les ha sido otorgado por un hombre, sino porque
el Hijo de Dios lo ha revelado y confirmado de diversas maneras (1Ti 4:14, Hch
13:2-3).
·
Todo
lo que hace el ministro es para agradar al Padre y al Hijo. No para agradar a
quienes le designaron ni a los que asisten a su congregación (Gál 1:10).
·
Debe
consagrarse o santificarse, ya que el Hijo de Dios solo utiliza vasos limpios
para llevar a cabo su obra (2Ti 2:21-26).
·
Ser
capacitado previamente por el Espíritu Santo. Por mi experiencia personal, la
capacitación de un ministro de Dios debe ser tan completa y exigente como la de
una universidad de prestigio. Con esto no quiero decir que el ministro deba
formarse en un instituto bíblico, pues la enseñanza que se imparte en muchos de
esos lugares está inspirada en doctrinas con mandamientos de hombres e
interpretaciones privadas (2Pe 1:20-21).
·
Otros
requisitos que Pablo escribió en una de sus cartas a Timoteo son los
siguientes: ser irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente,
decoroso, hospedador, sabio o apto para enseñar; no dado al vino, no dado a los
pleitos, no codicioso de ganancias deshonestas, no avaro; debe gobernar bien su
casa, ser amable, pacífico, tener a sus hijos en sujeción, tener buen
testimonio de los de afuera, etc. (1Ti 3:2-7).
Una
señal contundente que evidencia que alguien ha sido llamado y capacitado para
ejercer un ministerio es la manifestación de los dones del Espíritu Santo
necesarios para ello. Por ejemplo, en el caso de un pastor o maestro, es
necesario que se manifiesten dones como el de palabra de sabiduría y los de
revelación, porque son fundamentales para enseñar y perfeccionar. En el caso de
un evangelista, son imprescindibles los dones de discernimiento de espíritus,
de ciencia y de sanidades, ya que son necesarios para que Dios obre una
liberación.
1Co
14:12 Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad
abundar en ellos para edificación de la iglesia.
Quien honra los cinco
ministerios honra al Hijo
Jesucristo constituyó los cinco ministerios para
que su obra continuara tal y como la inició desde su advenimiento: él fue
maestro y constituyó este ministerio para que todo aquel a quien llame y
capacite lo haga en su lugar. Él también fue pastor y aún lo sigue siendo de
aquellos rebaños que son pastoreados por siervos que él ha llamado, santificado
y capacitado para guiar a un pueblo conforme a la verdad. Si algún pastor o
maestro no enseña conforme a la verdad, no es un ministro legítimo, por lo que
el pueblo al que enseña puede correr el riesgo de perder su salvación (1 Ti
4:16), ya que la verdad, es decir, sus mandamientos, es lo que libera y
santifica al pueblo (Sal 119:86, Jua 8:32, Jua 17:17).
Jua 17:17 Santifícalos en tu
verdad; tu palabra es verdad.
Ahora bien, es conveniente que los
cinco ministerios sean debidamente honrados, para que se alcancen en el pueblo
los objetivos para los que el Hijo los constituyó (Efe 4:11-13). Recuerde que
la justicia y la honra son hermanas; por tanto, el que honra el ministerio del
maestro prestando atención a su enseñanza, honra al Hijo, y sus acciones le
serán contadas por justicia, es decir, será tenido por justo delante de Dios
(Jua 5:23). Del mismo modo, el que escucha el mensaje dado por un siervo y profeta,
no está honrando al siervo, sino al Hijo. Esto se debe a que el verdadero siervo
no habla con sus propias palabras, sino con las palabras que el Hijo le dio para
advertir, exhortar, corregir o enseñar acerca de alguna iniquidad que se debe
abandonar o una situación que es necesario remediar. Estos son meros ejemplos
de la necesidad de honrar los ministerios; ahora profundizaremos un poco más en
cada uno de ellos.
Jua 5:23 para que todos honren al
Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le
envió.
Cómo honrar el ministerio del
maestro
Teniendo en cuenta los argumentos
anteriormente mencionados, un verdadero maestro que ha sido llamado, consagrado
y capacitado para enseñar la verdad debe ser escuchado, porque las verdades que
el Espíritu Santo le ha enseñado y revelado en el secreto deben ser escuchadas
en público, para que se produzcan frutos de justicia y santidad en el pueblo
(Isa 55:10-11).
La
mejor manera de honrar el rol de maestro que Jesucristo ejerce a través de sus
siervos es convertirse en un excelente discípulo (Jua 15:8). El mejor discípulo
es el que mayor honra da al Hijo, y este se caracteriza por poseer virtudes
como amar la enseñanza de un buen maestro, tomar apuntes de la palabra dada y meditarla
para aclarar o ampliar más sobre el tema. Si recibe una verdad nueva para él,
no la menosprecia, sino que investiga sus fundamentos en la palabra (Prov
8:10-11).
Jua
15:8 En esto es honrado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis
discípulos.
Además,
el buen discípulo de Cristo sabe que la enseñanza no es mera teoría, sino una
palabra que se debe honrar y obedecer, es decir, poner en práctica, porque si
no, sería como un oidor olvidadizo que no agrada a Dios (Stg 1:25). Por eso, está
dispuesto a realizar todos los cambios que se requieren en su vida, aunque
algunos impliquen pagar un alto precio, como ser menospreciado por aquellos que
no comprenden aún la verdad revelada. Algunos de los cambios que deben hacer
los discípulos son: el estilo de vida, los hábitos, las costumbres, las conductas
aprendidas de su familia y entorno, y el desechar errores y argumentos erróneos,
entre otros. El discípulo entendido sabe que si no hay cambios tampoco habrá
paz, ni santidad, ni podrá honrar al Hijo, ni dar gloria al Padre (1Pe 1:14-16,
Heb 12:14).
1Pe
1:14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais
estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed
también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: sed
santos, porque yo soy santo.
En
resumen, quien honra la función del maestro asiste a todas las enseñanzas
pautadas, presta atención, toma nota, medita y trata de ponerla en práctica. En
consecuencia, se producirán cambios en sus hábitos, costumbres y conductas,
porque la finalidad de la enseñanza es ir matando poco a poco al viejo hombre e
ir dando vida a uno nuevo que se parece al Hijo de Dios (Efe 4:21-24). Cabe destacar
que un verdadero maestro de la palabra es el mejor discípulo de Cristo, ya que él
es el mejor ejemplo de alguien que posee todas las virtudes necesarias para
honrar su propio ministerio.
Efe
4:21-24 si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a
la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos
del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos
en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios
en la justicia y santidad de la verdad.
Cómo honrar el ministerio del
profeta
El profeta es uno de los
ministerios más menospreciados, y por tanto menos honrado. Jesucristo también
fue víctima de ese menosprecio, por eso dijo: «No hay profeta sin honra sino en
su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa» (Mar 6:4). Hay varias
razones por las que ocurre esto. En primer lugar, porque abundan los
charlatanes que dicen ser profetas y hablan de sus visiones y sueños, pero
están vacíos de la palabra de verdad (Jer 23:25-28). Estos profetas son como
serpientes que encantan a quienes escuchan sus palabras vanas. Hablan más por
cuenta propia que por revelación genuina, por lo que no forman parte de esos
mensajeros legítimos que Dios envía para restaurar y sanar a su pueblo con sus
verdades eternas. En segundo lugar, porque el ministerio profético, como los
demás, requiere una capacitación rigurosa. A menudo, los profetas novatos
confunden al pueblo porque interpretan sus visiones y sueños dando significados
erróneos que no contribuyen a la edificación. Estos necesitan ser vigilados y
orientados por siervos y profetas maduros y sabios.
En
tercer lugar, porque hay espíritus inmundos que cautivan a los profetas que no
se santifican, y los utilizan para difundir enseñanzas y doctrinas de confusión
que perjudican a sus seguidores y a menudo llevan al divorcio, a la contaminación
y a la división. Ejemplos de ello son los espíritus conocidos como Jezabel y
Balaam (Apo 2:14, 20). Del primero se enseña mucho pero hay poca revelación
sobre su operación. Para finalizar, ciertamente la mayoría de las palabras de
verdad que Dios envía a través de sus siervos y profetas son difíciles de
aceptar para el pueblo, porque son como fuego que quema, y como el martillo que
quebranta la piedra (Jer 23:29). La experiencia y la propia palabra nos enseñan
que el pueblo y el sacerdocio tienden a rechazar a estos siervos cuando les
muestran sus iniquidades y sacan a la luz pecados ocultos que no les conviene
que se sepan (Jer 1:17-19, Eze 2:4-5).
Jer
23:28-29 El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien
fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con
el trigo? dice Jehová. ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como
martillo que quebranta la piedra?
El
ministerio profético se constituyó desde el principio, porque Dios siempre
necesita mensajeros que den a conocer sus mandatos, mandamientos, advertencias,
enseñanzas, consejos y juicios a los hombres. Quien menosprecia las palabras
del profeta que Dios le envía (1Ts 5:20), sin darse cuenta, menosprecia al Dios
que le envió, y su rebelión no quedará impune (2Re 17:13-18, Jer 7:25-29). Dios
estableció mandamientos para que su palabra fuera honrada cada vez que enviara
a uno de sus mensajeros. Uno de estos mandamientos fue dado al pueblo a través
de Moisés, y dice así: «Profeta les levantaré de entre sus hermanos, como tú; y
pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. Pero
a cualquiera que no obedezca mis palabras, a quien él hable en mi nombre, yo le
pediré cuenta» (Deut 18:18-19).
1Ts
5:20 No menospreciéis las profecías.
Cómo honrar el ministerio del pastor
Jesucristo es el buen pastor de su
pueblo; sin embargo, después de resucitar, delegó esta función en el ministerio
que estableció para este propósito (Efe 4:11). Por eso, cuando Él escoge,
consagra y capacita a uno de sus siervos para que le sirva como pastor, no es
el hombre quien realmente pastorea, sino Jesucristo a través de él. El pastor
es también un maestro, pero además tiene la responsabilidad de guiar al pueblo,
tal como lo hace cualquier pastor con su rebaño, que necesita el mejor pasto
para estar robusto y sano, para luego ser presentado como una ofrenda acepta (Lev
3:7).
Heb
13:17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por
vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y
no quejándose, porque esto no os es provechoso.
Lamentablemente,
algunos pastores se han desviado del propósito original de su vocación. Han
convertido las congregaciones en clubes donde la gente se reúne para
complacerse mutuamente: el pastor complace al pueblo y este al pastor, y
también el pastor y el pueblo a los nuevos visitantes, pero nunca se ponen de
acuerdo para agradar a Dios conforme a su verdad. Por ejemplo, se preparan
cánticos para agradar a los jóvenes y a los invitados, pero no para agradar a
Dios; también se imparten enseñanzas motivacionales dirigidas al alma y no a la
restauración espiritual del pecador para que se convierta en una nueva
criatura. En definitiva, el Hijo de Dios no pastorea en esos lugares porque
allí no hay uno de sus pastores y, en consecuencia, la mayor parte del pueblo
que se reúne no forma parte de su rebaño, porque sus ovejas oyen su voz y lo
siguen (Jua 10:27).
Jua
10:27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.
Jesucristo
dejó una gran enseñanza a los pastores, pero no han entendido su verdadero
significado. Antes de nombrar a Pedro como el pastor de todos los judíos, le
hizo tres preguntas similares: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?»
(Jua 21:15-17). Pedro, quien había sido instruido por el Pastor de pastores,
sabía que en realidad le estaba preguntando si guardaba sus mandamientos con
más fidelidad que el resto de los discípulos (Jua 14:21). La enseñanza de esta
conversación, a menudo mal interpretada, es la siguiente: El Hijo de Dios solo
elige como pastores a quienes más aman y guardan sus mandamientos para que
enseñen y den ejemplo de justicia y santidad al rebaño.
Jua
14:21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el
que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.
Mi
consejo para usted pastor es que no prepare enseñanzas para agradar al rebaño,
sino para procurar que ese rebaño aprenda a agradar cada vez más a Dios y sea
perfeccionado. Por eso cada enseñanza debe centrarse en cómo eliminar el
pecado, la levadura que lo contamina (Gál 5:9) y esto solo se logra enseñando
los mandamientos, porque cada pecado que se comete es consecuencia de la
transgresión de un mandamiento distinto; de modo que si alguien peca en cien
iniquidades es porque ignora también esa cantidad de mandamientos (1Jn 3:4).
Recuerde que todos servimos a un Dios santo que espera santidad y perfección de
su pueblo (Mat 5:48, 1Pe 1:14-16, Heb 12:14).
1Jn
3:4 Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es
infracción de la ley.
Cuando
el pastor ejerce su ministerio conforme al diseño establecido por Dios, le da
al rebaño la oportunidad de honrar al Pastor de pastores, porque aquellos que
aún son como cabras entenderán, por medio de la enseñanza y de su ejemplo, cómo
llegar a ser buenas ovejas. Por otro lado, el rebaño que honre a su pastor, que
sirve a Jesucristo alimentándolo con el mejor pasto, también honrará al Hijo de
Dios y le dará razones para que le reconozca como uno de sus siervos y no lo
niegue cuando sea llamado a juicio (Mat 7:22-23, 25:32-33). Ahora bien, ¿qué
puede honrar más a ese pastor? Preste atención a sus enseñanzas, póngalas en
práctica y siga su ejemplo (Heb 13:7).
Heb
13:7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad
cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.
El ministro que no
honra al Hijo arriesga su salvación y la de muchos
El
pastor que no enseñe a sus cabras a ser preciosas ovejas recibirá el mismo
destino que ellas, porque es como un ciego que guía a otros ciegos y, por
tanto, todos caerán en el mismo hoyo (Mat 7:22-23).
Mat
7:22-23 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu
nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos
milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores
de maldad.
Por
misericordia de Dios, Jesucristo me entregó varios ministerios y, debido a mi
llamado, me ha enseñado mucho para evitar que me extravíe o caiga en la
confusión. Para lograr su propósito, me ha permitido ver lo que ocurre con
aquellos que han dejado de velar. Por ejemplo, Dios me ha usado de una manera
similar al profeta Samuel quien recibió la misión de exhortar al sacerdote Elí
por cometer el error de honrar más a los hombres que a Dios (1Sa 2:29-30,
3:11-18). Voy a contarles algunas revelaciones que Dios me dio, con la
esperanza de que les sirvan de edificación, así como me sirvieron a mí en el
pasado (1Co 14:3).
Ejemplos de cómo Dios revela la
condición espiritual de los ministros
La ceguera espiritual de un apóstol
Una
vez me reveló la condición espiritual de un apóstol de mi ciudad de la
siguiente manera: vi a un joven enfermo, desnutrido y desorientado, y pensé:
«El pobre necesita ayuda y orientación». Entonces, oí la voz de Dios en mi
interior que me dijo: «Ahí está su padre». Al instante, vi al apóstol. Pude ver
que llevaba puestos unos lentes, pero estaban exageradamente rayados. Le pedí
que me los prestara y, al ponérmelos, me di cuenta de que era muy difícil ver
con ellos. Entonces pensé: «Con razón su hijo está así, pues él no puede ver su
necesidad ni su condición». Así terminó la revelación. Comprendí que Dios me
estaba mostrando que ese pastor era como el sacerdote Elí, pues tenía una
visión física y espiritual pésima. Recuerden que Elí confundió a Ana con una
mujer ebria cuando ella oraba a Dios con amargura por ser estéril. Su falta de
discernimiento espiritual tuvo consecuencias negativas para sus hijos y para
todo el pueblo que dirigía (1Sa 1:12-15). En esta revelación, el joven
representaba a los hijos espirituales del pastor, que estaban en una condición
espiritual similar (desnutridos y desorientados) por la mala calidad de la
enseñanza que les estaba dando (1Ti 4:16).
1Ti
4:16 Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo
esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.
La impureza de los hijos espirituales
de un pastor
En
otra revelación, vi a una multitud caminando como en una peregrinación.
Mientras caminaba, me encontré con un anciano pastor conocido, que se quejaba y
decía: «Ufff, qué feo huele, alguien está hediondo». Al oír sus palabras, vi
que llevaba de la mano a un niño de unos dos años (que también caminaba), pero
estaba totalmente desnudo y también vi que había defecado y que estaba untado
de excrementos; el olor del que se quejaba provenía del niño. Seguí adelante
con la peregrinación, pero, transcurrido un tiempo, me volví a encontrar al pastor
y se repitió la misma escena: volvió a quejarse por el mal olor y volví a ver
al niño desnudo, sucio y lleno de excrementos. Después de meditarlo, comprendí
que ese niño no era su nieto, sino un símbolo de los niños espirituales a los
que el anciano pastor había guiado y enseñado en los últimos años (1Co 3:1-3).
A esos niños espirituales todavía les daba solo leche (rudimentos) y eran
inexpertos en la palabra de justicia (Heb 5:12-14). .Por lo tanto, seguían
contaminándose a sí mismos y aún no habían aprendido a lavar sus vestiduras
como el que ya ha madurado (Apo 7:14).
1Co
3:1-2 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino
como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque
aún no erais capaces, ni sois capaces todavía.
Para
que entiendan cómo esta revelación edifica, les pondré un ejemplo: toda madre
que tiene un niño menor de tres años, debe cuidar que no se ensucie ni coma
algo indebido. Además, debe bañarlo, cambiarlo y lavar su ropa, es decir, el
niño no puede purificarse solo, por lo que es responsabilidad de la madre. A
medida que el niño crece, será más inteligente y entendido, por eso su madre le
enseñará a mantenerse limpio, a lavarse las manos, a bañarse y a cambiarse
cuando sea necesario. Este proceso de bañarse, cambiarse e incluso lavar su
ropa está relacionado con la santificación, un mandamiento que Dios ordena a
todos sus hijos, porque quiere hijos santos (Apo 22:11, 1Pe 1:14-16).
Apo
22:11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo
todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese
todavía.
El
niño espiritual no sabe santificarse, por lo que delante de Dios, será como
aquel niño que guiaba el pastor y que hedía por su contaminación. En cambio, el
siervo que ha madurado sabe y debe santificarse a sí mismo, por lo que su olor
será agradable como una ofrenda perfumada (Ecl 10:1). Todo pastor es
responsable de enseñar a su rebaño a santificarse, pero la ignorancia les
impide hacerlo, porque lamentablemente, algunos son como los hijos de Elí, sacerdotes
que no conocían la verdad ni la santidad (1Sa 2:12).
1Sa
2:12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.
Un pastor al que Dios veía como un
perro y un borracho
Mientras
Dios me revelaba misterios relacionados con el ministerio del pastor, donde
usaba distintas especies de animales para desarrollar mi discernimiento
espiritual (estos misterios los publicaré en otro libro). En esa revelación,
Dios comparaba a los pastores que no
ministraban bajo la unción del Hijo con los perros. En esos días, Dios me
dio un sueño en el que vi a un hermano de otra congregación y doctrina. Este
estaba junto a su pastor, que estaba borracho y se comportaba como tal. Al
despertar, comencé a meditar sobre el significado del sueño y Dios me dio la
siguiente palabra para que comprendiera la revelación:
Isa
56:11-12 Y esos perros comilones son
insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus
propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Venid,
dicen, tomemos vino, embriaguémonos
de sidra; y será el día de mañana como este, o mucho más excelente.
Dios
dotó a ciertas razas de perros de las habilidades necesarias para ayudar a los
pastores de rebaños, de ahí que a esas razas se les llame «pastores», como
ocurre con el pastor alemán. Sin embargo, no debemos olvidar que Dios creó los
animales para edificar y enseñar a su pueblo santo (Job 12:7). Una de las
enseñanzas que Dios nos da a través de los pastores alemanes es que en su
pueblo hay pastores que no ministran bajo el gobierno de su Hijo y con la
pericia de un pastor y maestro santo (Sal 78:70-72), sino que son como perros
guiando a un rebaño, y en vez de enseñar lo que hacen es ladrar (Isa 56:11).
Sal
78:70-72 Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; de
tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su
heredad. Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó
con la pericia de sus manos.
Después
de comprender el significado del sueño, llamé al hermano con quien había soñado
para comentarle el sueño y la revelación, y así poder advertirle para que orara
por su pastor. Sin embargo, uso esta enseñanza cada vez que Dios me permite
ministrar a pastores, porque es para su edificación.
Un pastor quemando fuego extraño
En
otro sueño que tuve vi a un pastor que estaba ebrio y fumando un cigarrillo.
Por su forma de hablar me di cuenta que no estaba cuerdo pues la ebriedad lo
hacía hablar incoherencias. Para comprender su revelación, Dios me habló a
través de Levíticos capítulo 10.
Lev
10:1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron
en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová
fuego extraño, que él nunca les mandó.
Lev
10:8 -10 Y Jehová habló a Aarón, diciendo: tú, y tus hijos contigo, no beberéis
vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto
perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y
lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio.
Al
meditar en esta palabra, entendí que los dos hijos de Aarón que murieron por
quemar fuego extraño estaban ebrios (Lev 10:9). La falta de cordura y
discernimiento provocada por la ebriedad los había llevado a cometer errores al
ofrecer el incienso. Ahora bien, con esto no quiero decir que esta exhortación
se dirige a los pastores que se emborrachan y luego ministran al pueblo en ese
estado. Más bien, esta revelación de esta palabra enseña que la falta de
conocimiento y de entendimiento de la verdad lleva a los pastores a predicar
argumentos falsos e incoherencias sobre las verdades del reino de Dios. Aunque
el pueblo incauto y carnal acepte esas prédicas como sublimes, para Dios son
incoherencias que no edifican ni santifican y, por tanto, son como palabras
dichas por alguien que carece de discernimiento, es decir, un borracho. De ahí
la advertencia del apóstol Santiago cuando dijo que quien se hace maestro de la
palabra debe tener cuidado, porque corre el riesgo de recibir mayor condenación
(Stg 3:1).
Stg
3:1 Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que
recibiremos mayor condenación.
Una profetisa que operaba bajo el
espíritu de adivinación
Ahora
les contaré una experiencia que tuve con una hermana profetisa que visitó
nuestra congregación. Dios me dirigió la siguiente palabra para exhortarla.
Dice el Señor: «No te veo como una profetisa (Débora), sino como Balaam, el
hechicero, porque vives como una impía y practicas iniquidades que no practican
mis siervas santas. Por eso te exhorto para que te santifiques porque mis
profetas deben ser santos». Aunque esa hermana recibía revelación de Dios en
ocasiones, como le ocurrió a Balaam (Núm 23:5), en muchos casos actuaba bajo el
espíritu de adivinación (Eze 13:6-7), y con sus profecías incitaba a pecar a
quienes les escuchaban (Núm 31:16). Dios nos enseñó que una línea delgada
separa el don de profecía que da el Espíritu Santo del espíritu de adivinación
que opera con los hechiceros, y esa línea es la santidad y la obediencia a la
verdad. Un profeta que comete iniquidades abre puertas al espíritu de
adivinación y a otros como el de Balaam y de Jezabel (Apo 2:14, 20).
Apo
2:14 Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen
la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de
Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
Una profetisa que se desvió del camino
Hacia
el año 2005, una hermana profetisa visitó el templo donde yo me congregaba.
Dios la utilizó para enseñarme y darme una palabra que me conmovió y me motivó
a buscarle, lo que produjo una restauración en mi vida espiritual. Pasados más
de diez años, volví a recordar aquella profetisa y anhelé que volviera a
visitarnos. A raíz de esto, Dios me dio la siguiente palabra: «La profetisa que
conoció en el pasado ya no es la misma, porque se desvió de mi camino, por lo
tanto, no anheles su visita». Esta palabra me llevó a reflexionar y a reconocer
que yo también podía desviarme de su camino si no velaba por mantenerme en
obediencia a todo lo que me había enseñado (1Pe 5:8).
1Pe
5:8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león
rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
El mal ejemplo de una pastora
Para
finalizar, recuerdo que, cuando viajé a otra ciudad para visitar una
congregación, algo llamó mi atención nada más entrar al primer servicio: muchas
de las mujeres que se reunían allí llevaban el pelo corto, como un hombre. Por
si no lo sabía, la longitud del cabello está muy relacionada con la honra.
Recuerden que Pablo enseñó lo vergonzoso que es para un hombre dejarse crecer
el cabello, pero lo honroso que es para una mujer (1 Co 11:14-15). Por tanto,
un pueblo santo debería tener como parte de sus costumbres que los hombres se
corten el pelo y las mujeres lo lleven largo. Al ver aquella iniquidad, comencé
a pensar cuál sería la causa, y, para mi sorpresa, cuando pasó a predicar la
pastora, esta tenía el pelo corto. Lo que quiero resaltar con esta experiencia
es que los ministros deben dar ejemplo de cumplimiento de los mandamientos y
promover costumbres santas. Quien no hace esto deshonra al Hijo y al Padre,
pues comete la misma iniquidad que Jeroboam, quien pecó e incitó al pueblo a
hacer lo mismo (1Re 14:16, 1Re 15:34). Puede que esto le parezca irrelevante,
pero lo cierto es que algunos ministros están incitando al pueblo a practicar
abominaciones como el adulterio.
1Co
11:14-15 La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso
dejarse crecer el cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el
cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.
Estas
son solo algunas de las revelaciones y experiencias que Dios nos ha dado para
que velemos en todo tiempo y lugar, porque Satanás es muy astuto y está causando
mucho daño al pueblo al convertir a los ministros que no velan en sus siervos,
lo que pone en riesgo la salvación de muchos. En consecuencia, Dios se ve en la
necesidad de intervenir por medio de la enseñanza, la exhortación y la
disciplina para que vuelvan al buen camino. Pero ¡ay de los ministros y de sus
seguidores que no escuchan las advertencias y exhortaciones que Dios, en su
misericordia, les hace llegar para salvarles! (2Cr 36:14-16).
Testimonios del menosprecio en la asignación del ministerio
En nuestros días, Dios quitará el manto ministerial a
maestros, pastores y demás ministros que no quieran abandonar las iniquidades
del sacerdocio de Elí y de sus hijos (1Sa 2:28-32), y levantará un nuevo sacerdocio fiel y dispuesto (1Sa 2:35-36). Estos
no serán capacitados en los institutos bíblicos o según mandamientos de
hombres, sino que el mismo Dios, a través de los dones del Espíritu Santo y de
sus siervos más entendidos, los capacitará para que ministren en sus lugares
santos (1Jn 2:27-29). Por eso, no está bien que nos aferremos a los ministerios
con los que hemos servido a Dios durante muchos años. Conviene pedirle que nos revele
cuál será nuestra nueva asignación, conforme a su plan para estos tiempos
finales. Recordemos que algunos están sirviendo en ministerios que han sido
designados por el hombre y no por el mismo Dios (Hch 13:2, 1Ti 4:14, Col 4:17).
Col
4:17 Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor.
En mis
últimos años de ministerio, Dios me ha permitido conocer su voluntad en la
reasignación de los ministerios de varios siervos. Por ejemplo, algunos
pastores están llamados a ministrar como profetas y, por eso, deben orar para
pedir los dones que les caracterizan. Sin embargo, lastimosamente, algunos no
creen. Por eso, después de cierto tiempo, como le ocurrió a Saúl, Dios retira
su promesa o llamado y le da la oportunidad a otro que sí le cree, cumpliéndose
en ellos la enseñanza de la parábola de los talentos (Mat 25:24-29).
Mat
25:28-29 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque
al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene
le será quitado.
Virtudes requeridas
para honrar al Hijo
En el capítulo dos argumentamos que
es necesario poseer virtudes especiales para honrar cada uno de los roles de
Dios. Uno de los objetivos de las enseñanzas de los cinco ministerios es
desarrollar esas virtudes en el pueblo, para que cada uno aprenda a honrar al
Hijo de Dios conforme a la verdad. Algunas de estas virtudes son las
siguientes:
·
Sabiduría:
él es la fuente de sabiduría, pero es necesario amar la buena enseñanza, creer
en ella y ponerla en práctica cada día.
·
Disposición
para escuchar las enseñanzas de la verdad que Dios da a través de los cinco
ministerios (Jua 8:31-32, 14:6, 21). Entenderá que le están enseñando la verdad
porque su nivel de santidad aumentará (Jua 17:16-17).
·
Cumplir
los mandamientos que Dios le enseña a través de los cinco ministerios (Jua
14:21)
·
No
importa que su fe sea sin obras en el momento de la conversión, pero después de
comenzar a recibir enseñanzas, debe manifestarse en obras, porque estas son
para enseñarle cómo obrar (Stg 2:17-26).
·
Conocer
y practicar la justicia de Dios (Mat 6:33)
·
Buscar
la perfección como aquel que anhela alcanzarla (Mat 5:48)
·
Mansedumbre
(Mat 11:29) y humildad (Mat 11:29) para aceptar la corrección y las nuevas
enseñanzas.
·
Disposición
para escuchar consejos, corrección y exhortación conforme a la Escritura
·
Disposición
para la disciplina o sufrir las consecuencias de los errores
·
Disposición
para escuchar y obedecer mandatos dados por medio de los ministerios, o
directamente mediante sueños, o por revelación del Espíritu Santo.
·
Disposición
para cambiar hábitos y costumbres conforme a los mandatos y enseñanzas de los
ministerios.
·
Disposición
para someterse a cualquier autoridad, incluida la de quien ejerce algún
ministerio cuyo nivel de fe sea superior al suyo (Rom 12:3).
Consecuencias para
quien no honra al Hijo
Son muchas las consecuencias que
acarrea para un pueblo el menospreciar los cinco ministerios que el Hijo ejerce
a través de siervos santos y dispuestos a hacer su obra. Lamentablemente, hay
organizaciones de iglesias y congregaciones cuyas enseñanzas doctrinales no
aceptan los cinco ministerios, por lo que no permiten que el Hijo los gobierne
y enseñe de manera plena. La mayoría solo aceptan al maestro, pastor y
evangelista, pero no disciernen si estos tienen un llamamiento genuino. El ministerio
que más menosprecian es el del profeta, a pesar de que es uno de los que más
usa Dios para traer revelación sobre su voluntad y el plan para la salvación
del remanente (Eze 37:1-10). Por eso, las asambleas que no escuchen a los
profetas santos no participarán en la
restauración, ni se prepararán para resistir los días malos y difícilmente
formarán parte del remanente (Eze 37:4-10).
Eze
37:10 Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron,
y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.
Por
otro lado, los ministerios fueron constituidos por el Hijo para la continua
edificación y perfección del pueblo santo, por lo que aquellas asambleas que no
permiten su plena operación junto a los nueve dones espirituales, siempre serán
como niños débiles en la fe que no crecerán en el conocimiento y la sabiduría
que vienen de Dios y, por lo tanto, nunca alcanzarán niveles aceptables de
perfección (Efe 4:12-13). Finalmente, el Hijo nos honró primero al morir en la
cruz para perdonar nuestros pecados, darnos salvación y vida eterna. Por eso,
quien no lo honra como se merece sufrirá las consecuencias de su deshonra (Sal
2:12).
Oración para quien
desea honrar al Hijo de Dios
Bendito eres Dios y Padre celestial
y bendito tu Hijo, a quien enviaste para darnos salvación. Gracias por
enseñarme a honrar a tu Hijo, nuestro Señor, a través de los ministerios que
constituyó para nuestra edificación y perfección. Perdóname por menospreciarlos
tantas veces por no comprender esta verdad. Intercedo por los ministros que
usas actualmente para guiarme por el camino de la perfección. Exhórtalos y vela
por ellos para que los saques de confusión y no caigan en el error. Te ruego
que me enseñes a discernir entre tus ministros y los que no lo son para no confundirme.
Forja en mí todas las virtudes necesarias para poder honrar a tu Hijo, nuestro
Señor. Si te place, te ruego que me prepares para poder servirte en un
ministerio conforme a tu plan y tu voluntad para mi vida. Amén.

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